Spoiler: cualquiera

Desde hace un tiempo, una amiga de confianza me ha hablado de lo feliz que está con su terapeuta, pues se siente más tranquila y motivada. Y se le nota. Sin embargo por la costumbre de “esas cosas no se dicen” que nos implantaron nuestro papás en el cerebro, solemos juzgar las razones que llevan a cualquiera de nuestros conocidos a visitar “el loquero”.

Claro que mi amiga no me contaba detalles de lo que discutía con su terapeuta, pero aún así me preguntaba, ¿qué la llevó a ir en busca de la ayuda de un experto?, ¿acaso se necesita de una razón específica? La respuesta es evidentemente, no.

Hay muchos estigmas alrededor de visitar a un profesional de la salud mental. Algunos piensan que no es para nada necesario, “yo estoy bien, bro, ya se me pasará”, y preferimos desahogarnos con nuestros amigos, nuestra pareja o en los peores casos, no desahogarnos para nada. Nos gusta creer que pasamos por etapas y que si nos sentimos mal, dentro de poco se nos quitará. Pero, ¿qué pasa si no?

Podemos ser el humano más sano y casi con súper poderes, pero si algún cable nos falla en la cabeza, entonces toda esa fuerza y salud física se nos va por la ventana. Cualquier evento puede ser un detonante para acumular ansiedad, depresión o hasta tendencias suicidas. Y mientras atajes esos provocadores, menos pesadillas le causas a los que te quieren.

No existen malas excusas para visitar a un terapeuta, psicólogo o psiquiatra. Ninguna puede subestimarse porque se trata de ti y si te afecta es completamente válida. Desde un rompimiento, un mal trabajo, no estar estudiando lo que te gusta, problemas domésticos, hasta falta de sueño o de apetito. Literal cualquier razón es una buena razón para revisarte ese coco.

Llegué a esa conclusión cuando decidí ir yo misma.

La semana pasada fui a mi primera consulta psicológica en la vida. Pensé que sería como las películas en la que parloteo todo lo que tengo en la cabeza y la persona frente a mí solo me dice “¿y cómo te sientes al respecto?”. Pero no fue así. Encontrar a un doctor receptivo, interesado y que no parezca un muñeco mudo, es más que suficiente para sentirte inspirado a revisar lo que sea que pase en tu mente. Porque además de necesario, es inmensamente interesante conocerte a ese nivel.

Por otro lado, me di cuenta que aunque no necesites razones particulares para ver a un psicoterapeuta, sí tienes que saber identificar qué puede ser una buena motivación:

  • Para ver otra perspectiva: nuestros amigos y conocidos no son siempre los mejores oyentes. Muchas veces nos darán una solución genérica u opiniones que no nos ayudan. Pero escuchar el punto de vista objetivo de una persona ajena a nuestras vidas, y además experto, puede abrirnos los ojos a muchas posibilidades.
  • Cuando sentimos que nuestros sentimientos son demasiado para nosotros mismos. O eso me pasó a mí. Es poseer la sensación de que tienes demasiadas cosas en la cabeza y al nivel de que afecta tu trabajo, tus responsabilidades y tus demás relaciones es algo que necesitas pensar con dos cabezas frías. Cosa que logras una vez que te entregas por completo a la efectividad del diván.

Ir a un experto en la salud mental es como ir a un curso de inglés o de cocina. Es algo que haces por ti, porque te hace sentir bien y te abre nuevos horizontes, pero es un compromiso que nadie más puede hacer avanzar por ti. Así que quitémonos esa creencia de que “esas cosas no se dicen”, porque al decirlas, tienes la posibilidad de ayudar a alguien más.

Conclusión: si te afecta, es suficiente razón y motivo.

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