Solo he tenido sexo casual pero no estoy mal de la cabeza por eso

Nunca he tenido sexo con amor

Y no estoy mal de la cabeza por eso

Nunca he tenido sexo con alguien a quien ame. Es decir, he tenido encuentros de índole sexual con algún enamorado, pero jamás con penetración. Ahora no me da miedo admitirlo, pero durante mucho tiempo me sentí mal porque mis experiencias sentimentales no iban de la mano con las carnales y creía que las personas a mi alrededor entendían las conexiones de un modo más genuino y significativo que yo.

Pensaba que mis amigos me iban a juzgar por experimentar con el sexo casual si conversaba libremente sobre el tema, pero cuando decidí hablarlo, me di cuenta de que ellos también tenían sus aventuras de una noche. Con estas pláticas descubrí sus razones para tener encuentros casuales y cómo se sentían antes, durante y después de ellos. Aunque me desahogué al respecto, no dejaba de sentir vergüenza y constantemente me preguntaba: ¿hay algo mal en mí? ¿Será que no sé cómo tener una relación estable? Realmente, ¿el sexo casual es malo?

“Los jóvenes de hoy en día no aguantan nada, no saben lo que es el amor, no tienen principios”, es la primera afirmación de Chipi Lozano en su TED Talk ¿Un café? Relax no quiero nada serio. En esta charla, Lozano habla sobre cómo nuestra generación se enfoca más en las relaciones fugaces que en las conexiones emocionales duraderas y menciona que actualmente es más sencillo acostarse con alguien que tomar un café para conversar sobre la vida. En parte, tiene razón. Una investigación mencionada por la Gaceta de la Universidad Autónoma de México (UNAM) expone que en Estados Unidos, en los años ochenta, el 35% de la generación X admitía haber tenido un encuentro casual, mientras que en el 2010 un 45% de los millennials decían lo mismo. 

Dada mi experiencia, difiero de Lozano. Para mí, tener sexo casual no se vincula con mi capacidad para crear lazos sentimentales, románticos y duraderos con otro, y eso no fue algo que entendí en un día. Por un tiempo creí, al igual que ella, que mis aventuras de una noche estaban impidiéndome encontrar una relación estable y emocional, lo que me llevó a vivir una serie de encuentros en los que no me sentía totalmente cómodo.

Existe uno que recuerdo vivamente porque, debido a él, tomé una gran decisión. Era un viernes por la tarde, mi clase de ese día había terminado temprano y no quería volver a mi casa tan rápido. Aunque tenía la opción de sentarme a conversar con algunos compañeros, preferí escribirle a un chico con el que había salido una vez. Le pregunté qué estaba haciendo, a lo que respondió inmediatamente: “Estoy solo en mi casa. ¿Me quieres acompañar?”.

Pocos minutos después me encontraba fuera de su casa y ocurrió lo usual. Me abrió la puerta, nos saludamos con un apretón de manos un poco extraño y me invitó a pasar. Adentro, me ofreció un vaso de agua, conversamos superficialmente sobre nuestro día hasta que llegamos a su cuarto y nos sentamos en la cama. Ahí, ambos nos quedamos en silencio y simplemente nos vimos directamente a los ojos. La tensión se podía cortar con un hilo hasta que finalmente se acercó a besarme. Comenzamos a tocarnos poco a poco y con cada roce de nuestros labios la lujuria aumentaba. 

Rápidamente los dos estábamos acostados sin ropa, la pasión era palpable en el ambiente,  disfrutábamos el momento sin pensar en nada más hasta que sonó un celular y ambos nos detuvimos. Él se paró para buscarlo, lo tomó y me dijo que iba a contestar mientras salía de la habitación. Yo me quedé sentado en el colchón sin saber qué hacer y traté de obviar las preguntas que surgían en mi cabeza: ¿qué hago ahí? ¿Siento algo más que atracción sexual por el dueño de este cuarto? ¿Esto es lo que deseo en mi vida? Un torbellino de ideas se formó en mi mente y no lo pude detener. En medio de todo esto el chico volvió a entrar, me preguntó si todo estaba bien, simplemente le sonreí y volvimos a la acción; sin embargo, mi cuerpo y mi mente ya no estaban en el mismo lugar. 

Cuando terminamos, se ofreció a llevarme a mi casa en su carro, acepté y al llegar nos despedimos con otro apretón de manos más incómodo que el anterior. Cuando entré a mi habitación la ráfaga de pensamientos volvió. Me sentí arrepentido por lo que había hecho y determiné que no iba a tener más encuentros sexuales hasta encontrar el amor. Cuando estuviera en un noviazgo podría disfrutar de la intimidad nuevamente.

“El sexo se asume como un hecho indisoluble de toda unión emocional”, afirma Ignacio Megías Quirós sobre la visión de los millennials en Jóvenes ante el sexo: valores y expectativas asociadas. Según el, esta generación interpreta el coito como natural y humano, indispensable en toda conexión: “La ausencia del acto sexual en una pareja, o bien responde a posicionamientos ideológicos que se asumen como desfasados o poco adecuados a los tiempos que corren […], o bien se interpreta como un problema que es necesario afrontar y solucionar para que la relación mantenga su intensidad afectiva”. No obstante, no ocurre al revés. El sexo no requiere un nexo sentimental, lo cual ocasiona que los jóvenes no vean esta conexión como algo importante al momento de ligar porque el impulso y la satisfacción inmediata de los deseos prevalecen sobre los lazos emocionales, como menciona el autor.

En teoría, y sé que suena raro, somos la generación más fiel porque en realidad cuando algo no nos gusta, no reparamos en tirarlo. Ya sea una camiseta, unos vaqueros o el chico con el que llevas tantos meses, simplemente se acabó la llama.

Chipi Lozano

Lozano menciona que nuestra generación teme admitir que tiene alguna unión romántica con otro individuo y que prefiere esos momentos de pasión sin ataduras con otro, sin embargo, esto choca con la acepción que le dan al enamoramiento. En Millennials’ perceptions of how their capacity for romantic love developed and manifests, Kate McGuire sostiene que la mayor parte de los jóvenes definen el amor como una conexión energética, un vínculo —sentimental y físico— que es el epítome de la felicidad, un estado de pasión pleno e íntegro que te hace sentir lleno, empoderado y seguro. Esto es algo que muchos millennials, incluyéndome, anhelamos y perseguimos.

Durante un año estuve enfocado en conocer a alguien especial que cambiara mi mundo y me ayudara a percibirlo con nuevos ojos. Busqué conocer gente, pero no logré un cambio extraordinario deteniendo mi exploración carnal, lo cual no me hizo sentir mejor ni tampoco me llevó a ver el romance como algo más cercano. Por otro lado, la vergüenza aún era parte de mí y no entendía por qué. Intenté recordar cuándo empecé a sentir remordimiento por tener sexo casual e indagando en mi interior, me di cuenta de que nunca me sentí bien una vez acabados esos encuentros.

Recuerdo la primera vez que tuve sexo de este tipo. Había decidido pasar el rato en una app de citas y en mi primer día allí inicié una conversación con un chico que me parecía lindo. La plática fluía sin problema y continuamos hablando por varios días en plan de amigos. Durante ese tiempo indagué lo suficiente en sus redes sociales para corroborar que todo estuviera en orden y que no fuese un catfish. Una mañana cuadramos para tomar un café cerca de su casa y luego me invitó a su apartamento. Estuvimos un rato charlando en la sala hasta que una cosa llevó a la otra y terminamos besándonos en su cuarto. Mis recuerdos de esa situación no son muy claros, solo sé que tuvimos sexo y que cuando terminó me sentía sucio y vacío. Camino a casa no paré de juzgarme, me vi como un promiscuo del montón y eso me hizo sentir fatal. Esa fue mi primera experiencia, no solo con las aventuras de un día, sino también con el arrepentimiento sexual.

En Sexual Regret: Evidence for Evolved Sex Differences, el departamento de psicología de la Universidad de California explica que parte de las decisiones más importantes de las vidas de los seres humanos involucra escoger con quién, cómo, cuándo y dónde tener coito, y esto puede causar experiencias de lamento comunes y dolorosas. Aunque el estudio menciona que usualmente las mujeres lo experimentan luego de tener sexo casual mientras que a los hombres les ocurre cuando no logran concretar un encuentro sexual, la investigación no expone una explicación profunda sobre las razones de esta diferencia entre los géneros.

Durante mi periodo célibe la vida me llevó a lo inevitable: enfocarme en mis propias inquietudes e inseguridades. Esto comenzó cuando me enamoré perdidamente de alguien. Conocí a la primera persona que me movió el piso y me hizo sentir emociones que nunca había experimentado. Para mí, esta relación fue como ir a cien kilómetros por hora en un carro, circulando por un nuevo camino que nunca había explorado, sin embargo, mi compañero de viaje eventualmente detuvo el auto para pedirme que me bajara, lo hice y me quedé parado en la carretera, solo y flechado por él, cuando ni siquiera lo había besado.

Durante mi despecho por esa situación muchas cosas pasaron: el semestre de la universidad terminó, empecé a vivir solo y básicamente no tenía ninguna distracción, por lo que me cuestioné por qué había terminado sin amor y sin sexo. Me estaba echando la culpa de todo y creía que haberme enfocado únicamente en el placer era la razón de mi desgracia, lo que me llevó a preguntarme si el sexo casual me había lastimado psicológicamente y estas eran las consecuencias.

Sin embargo, las investigaciones en los últimos años no han encontrado una correlación clara entre las enfermedades mentales y el sexo casual. Por ejemplo, en el estudio Casual Sex and Psychological Health Among Young Adults: Is Having “Friends with Benefits” Emotionally Damaging? no se encontró que los jóvenes que lo practiquen sean más propensos a algún daño psicológico que los que tienen una pareja estable. También, en What Are the Psychological Effects of Casual Sex?, el doctor Robert Weiss menciona un estudio de Zhana Vrangalova en el que para determinar los efectos psicológicos de este tipo de coito, usaron la variable de las motivaciones autónomas o no autónomas. Las primeras reflejan nuestros valores y las segundas, un deseo por obtener una recompensa y evitar un castigo. El resultado mostró que quienes experimentaban un impacto negativo en su bienestar psicológico eran los que tenían relaciones por razones no autónomas.

De acuerdo con Weiss, normalmente quienes ya tienen problemas de autoestima y depresión preexistentes son más proclives a tener encuentros casuales para llenar vacíos y sentirse deseados o queridos, así sea por un momento. Además, sostiene que las investigaciones sobre el tema aún se quedan en la superficie y falta mucho por descubrir puesto que es un tópico individual y cada quien tiene una historia de vida y un maquillaje emocional único que hacen que reaccione diferente al coito.

Si el sexo casual no transgrede tu código moral, sentido de integridad o los compromisos que posees contigo mismo y/o con otros, entonces probablemente no será un problema para tu bienestar psicológico.

Robert Weiss

Con el tiempo y gracias a la introspección, pude conocerme mejor y asimilar que mi incomodidad nacía de mi baja autoestima, del descontento que sentía por mi cuerpo y de todos los prejuicios que tenía sobre los encuentros casuales. Cuando capté todo esto, me sentí más libre porque era algo que podía trabajar por mi cuenta sin afectar mi percepción del deseo o del romance, ni perjudicar a otros. Simplemente tenía que comprender que no había hecho ningún mal y que siempre había cuidado mi integridad y salud.

Cuando acepté que el sexo casual no era el culpable de mi mala suerte en el romance, me relajé y noté las cosas que sin él no habría aprendido de mí mismo: no sabría cuáles son mis matapasiones, las posiciones que prefiero, cuánto me tengo que preparar antes de un coito, qué me da placer y qué me incomoda. Después de un tiempo decidí volver a tener un encuentro carnal sin remordimiento y cuando ocurrió, el sabor que me dejó fue totalmente diferente. No me sentí mal ni tuve ningún juicio negativo sobre la situación. Desde ese momento supe que podía seguir en un constante ensayo y error hasta encontrar “esa conexión entre almas que responde a la belleza esencial del interior de cada una de las partes”, como menciona un joven entrevistado por McGuire, sin dejar de lado mi exploración sexual y aceptando que el arrepentimiento ya no debía ser mi fiel acompañante.

Los encuentros casuales no son malos. Existirán ocasiones en las que nos provocará tener algo sin ataduras con un individuo, otras en las que una simple conversación nos llevará a experimentar una conexión sentimental que creíamos imposible y también están las que nos hacen querer disfrutar al máximo de la soltería sin necesidad de amar ni coger con nadie, porque tanto las aventuras de una noche como las relaciones sentimentales atesoran experiencias que nos ayudan a entendernos y vivir mejor gracias a la huella y los aprendizajes que dejan en nosotros.

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