Negocio perverso en la Libertador

Por Andrés Gerlotti.

La avenida Libertador siempre ha sido conocida por desplegar, cuando cae la noche, el mayor catálogo de prostitutas transexuales de Caracas. Cualquiera que la haya transitado ha visto aquella variedad de personajes que se exhiben en altos tacones y mueven sus cabelleras de un lado a otro con la intención de llamar la atención del próximo cliente. Pero no cualquier trans puede venderse con libertad en esas aceras. Las trabajadoras sexuales de la Libertador son extorsionadas para poder obtener el derecho de ofrecer sus servicios.

“La Modelo”, una de las que vendía su cuerpo en la avenida, fue quien instauró la organización criminal conocida como la mafia de “Las Madres”. Ella reclutaba a las chicas, a quienes llamaba hijas, y estas, a su vez, la consideraban su madre adoptiva —por eso el nombre de la asociación—. Eventualmente, el poder fue asumido por “La Prince” y “La Barbie”, quienes a punta de coñazos y puñaladas continuaron el negocio.

Para poder mercadearse en la Libertador, las prostitutas debían contar con la aprobación de las “madres”. Después tenían que pagarles una especie de inscripción de aproximadamente $20 y abonarles semanalmente una cuota de $5. Además, eran extorsionadas para ofrecer “regalos”, nombre que les dieron a las grandes cantidades de dinero que pedían las “madres” sin previo aviso.

Dentro del negocio, cualquier pretexto funcionaba para sacarles plata a las trabajadoras; las que tuviesen las tetas hechas debían pagar un poco más porque tenían más facilidad de hacer plata. Por eso cuando se enteraban de que una se había operado, las “madres” inmediatamente le exigían un “regalo”.

Todas sabían qué ocurriría si se llegaban a atrasar con los pagos: serían acribilladas. Así lo vivió Luis Alberto Aguilar, una chama transexual de 17 años. Luisa, como se hacía llamar, ya había recibido amenazas por una deuda que aún no había saldado e incluso había sido apuñalada siete veces como advertencia. Sin embargo, y a pesar de las intimidaciones, salió a la calle, sin saber que sería la última vez, porque estaba deseosa de reunir el dinero que utilizaría para implantarse unos senos.

Según la reconstrucción del crimen que realizó el CICPC, Luisa estaba parada frente al Caracas Dallas, evitando la Libertador para no pagar las vacunas, cuando el novio de “La Prince”, quien hacía el trabajo sucio, se bajó de un taxi para cobrar la deuda, lo persiguió hasta la recepción del hotel y puñalada tras puñalada le quitó la vida.

No había sido la primera víctima fatal de las “madres”, pero sí la que permitió que las autoridades actuaran, pues las cámaras del Dallas habían registrado el crimen. A raíz de eso, “La Prince” cayó presa en una cárcel de hombres y fue acusada del homicidio de tres trans. Sin embargo, “La Barbie” logró escapar de Venezuela y, además de seguir ejerciendo el trabajo sexual, sigue reclutando prostitutas venezolanas para sacarlas del país a cambio de grandes sumas de dinero, según reseñó Runrunes en una investigación.

Aunque se corten algunas cabezas de la estructura criminal, otras no tardan en crecer; después del gobierno de “La Prince” y “La Barbie”, distintas “madres” se han encargado de regir el negocio.

Para ellas es muy fácil conseguir trabajadoras que explotar. Según la ONG Unión Afirmativa, las circunstancias sociales que viven las mujeres trans las hacen vulnerables a la trata de blancas porque usualmente son rechazadas por sus familias, por las escuelas y universidades, y tampoco tienen la posibilidad de tener un empleo formal cuando quieren entrar al mercado laboral. Al final, se ven empujadas a la prostitución y la mayoría de ellas se inician en ese mundo cuando aún son menores de edad.

Además del riesgo de la violencia y la explotación, está el de la salud. Las personas trans que siguen un proceso de transición deben consumir hormonas, pero como en este país no hay ni aspirinas, algunas se ven obligadas a detener su tratamiento, pues traer los insumos desde afuera es costoso y complicado, y otras optan por ingerir hormonas animales o inyectarse biopolímeros y aceites para feminizar sus cuerpos, sin entender que eso también podría causarles la muerte.

Mientras tanto, en este país transfóbico, los transrans siguen siendo discriminados y sus derechos vulnerados cuando les niegan el acceso a alimentos, medicinas, salud, educación y trabajo porque tienen una cédula de identidad que no los representa; en Venezuela no existe ninguna ley que proteja a nadie en contra de la discriminación por razón de su orientación o identidad sexual.

Tamara Adrián, la primera diputada transexual de Venezuela y Latinoamérica, había prometido leyes a favor de la comunidad LGBT cuando fue electa en 2015, pero asegura que es imposible ejercer acciones legislativas porque en la Asamblea Nacional existe un bloqueo total.

A pesar de que los países de la región han dado grandes pasos con respecto a los derechos LGBT, en Venezuela no ha habido ni un pequeño avance, pero si a los trans no les permiten ni cambiarse el nombre legalmente, imagínense lo lejos que estamos de lograr el matrimonio igualitario, y lo utópico que resulta pensar que el Estado se digne a hacer algo por las niñas y adolescentes transexuales que son explotadas sexualmente en las calles todas las noches.

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