No digas que la pedofilia es una orientación sexual - The Amaranta

No digas que la pedofilia es una orientación sexual

El 10 de agosto del 2019, Jeffrey Epstein —el financiero acusado de tráfico sexual de menores— fue encontrado muerto en su celda en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York. Epstein fue arrestado en julio del mismo año en Nueva Jersey por reclutar a adolescentes para abusar de ellas en sus propiedades en Palm Beach y Nueva York. El empresario declaró que todos los encuentros que había tenido con las acusadoras habían sido consensuados y que no sabía que ellas tenían menos de 18 años. Sin embargo, poco a poco empezaron a salir a la luz pública investigaciones policiales y testimonios que corroboran los actos ilícitos de Epstein, y artículos sobre los actos pedófilos de este financiero invadieron los portales de noticia.

Por años, adolescentes eran invitadas a las casas de Epstein, donde él les pagaba para que le dieran un masaje y luego abusaba sexualmente de ellas, según los reportes de la policía citados por Julie K. Brown en el Miami Herald. Adicionalmente, este financiero no ocultaba su atracción hacia las jóvenes de menos de 15 años, pues hasta le comentó al periodista James B. Stewart —quien lo entrevistó para el New York Times— que criminalizar la pedofilia era una aberración cultural puesto que antiguamente era perfectamente aceptable y comparó el trastorno con la homosexualidad, ya que esta era considerada un crimen anteriormente y sigue siendo ilegal en muchos países del mundo. Este tipo de afirmaciones que contemplan los actos sexuales que involucran a menores como una orientación sexual se han vuelto comunes en los últimos años.

 Jeffrey Epstein
Jeffrey Epstein junto a su amiga Ghislaine Maxwell en el 2005
Getty Images

En el 2018, en un TED Talk en la Universidad de Wuzburgo, Mirjam Heine afirmó que la pedofilia era una sexualidad, puesto que ningún ser humano escogía padecer este trastorno y nadie podía deliberadamente dejar de sufrirlo. Sin embargo, aclaró que “el abuso sexual es totalmente incorrecto, pero los pedófilos que no siguen sus deseos no han hecho nada malo”. Inmediatamente después de que la charla se subiera a YouTube, el internet reaccionó negativamente ante la idea de que la pedofilia se pudiera clasificar como una orientación sexual e incluso la organización TED tuvo que retirar el video debido al rechazo que generó. 

Sin embargo, Heine no es la primera en hacer este tipo de declaraciones. Por ejemplo, en febrero del 2011, Vernon Quinsey, profesor emérito de Psicología de la Universidad de Queen, y Hubert Van Gijseghem, psicólogo y profesor retirado de la Universidad de Montreal, expresaron ante la Cámara de los Comunes del Parlamento de Canadá que debido a sus investigaciones y a los casos que han tratado tanto de víctimas de abuso infantil como de agresores sexuales, ellos veían la pedofilia como una orientación sexual. Ambos argumentaron que solo el 20% de los asaltantes son pedófilos y no es posible que puedan dejar de serlo si van a terapia, pero sí es posible controlarla a través de ella, por eso estos individuos deben ir al psicólogo.

Adicionalmente, en el 2010, la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard publicó Pessimism about pedophilia, artículo en el que se expone que la mayor parte de los estudios sobre la pedofilia involucran a hombres que han cometido crímenes contra menores, pero solo uno de veinte casos de abuso sexual a niños son denunciados, por lo que es difícil determinar si todos los agresores sufren de este trastorno. No obstante, en el texto se afirma que, aunque estas tendencias no puedan cambiarse con terapia debido a que es, según el artículo, una orientación sexual, el tratamiento logra ser efectivo cuando los pacientes con tendencias pedófilas están motivados y dispuestos a controlar su comportamiento.

Por otro lado, grupos de conservadores han usado estos argumentos para conectar la pedofilia con las personas queer. La organización sin fines de lucro Media Matters for America aseguró en un artículo que en los últimos años este vínculo se ha promovido a través de campañas de desinformación que se gestan en 4chan, un foro en línea usado en su mayoría por usuarios a favor de la derecha alternativa. Media Matters mencionó que la integración de la “P” —por “pedosexuales”— a las siglas de la comunidad LGBTQ+ y la creación de una bandera del orgullo MAP —personas atraídas hacia menores por sus siglas en inglés— han sido algunas de las farsas fabricadas por este grupo para hacer ver la pedofilia como una orientación sexual que busca ser normalizada por los individuos queer. Este vínculo entre los homosexuales y los pedófilos es totalmente falso y funciona como una estrategia de estos grupos políticos para mantener a los individuos queers como de un mundo de la perversión que los conectaba en el pasado.

En Historia de la Sexualidad I. La voluntad de saber, Michel Foucault explica que hasta finales del siglo XVII, los discursos sobre la sexualidad se enfocaban en el rol reproductivo de los matrimonios. Por esto, los códigos que regulaban estas prácticas condenaban tanto las infidelidades como la sodomía. Sin embargo, durante el siglo XVIII y el XIX las relaciones matrimoniales dejaron de ser el núcleo de las discusiones sobre sexo y “el mundo de la perversión” tomó protagonismo. La monogamia heterosexual continuaba siendo la regla interna del campo de las prácticas y de los placeres, pero no se hablaba de ella con tanta frecuencia. En cambio, se dibujaba una percepción de lo contra natura, en la que entraban tanto la pedofilia como la homosexualidad y todos los que formaban parte de la definición de lo perverso corrían en “los intersticios de la sociedad, perseguidos pero no siempre por las leyes, encerrados pero no siempre en las prisiones, enfermos quizá, pero escandalosas, peligrosas víctimas presas de un mal extraño que también lleva el nombre de vicio y a veces el de delito”, según Foucault.

Mihály Zichy pedofilia
Mihály Zichy

No obstante, esta conexión entre la homosexualidad y la pedofilia no significa que podamos llamar a esta última una orientación sexual. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría la define como un trastorno mental caracterizado por la atracción sexual a niños pre-pubertos. Adicionalmente, la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales la clasifica como una parafilia, un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante del placer se encuentra en objetos, actividades o individuos atípicos, y describe tres rasgos para diagnosticar alguien como un pedófilo: la persona ha experimentado, por más de seis meses, fantasías sexuales intensas o recurrentes por niños prepubescentes; segundo, ha sentido ansiedad producto de este impulso y, por último, el individuo debe tener 17 años o más y es, por lo menos, seis años mayor que el niño por el que muestra atracción.

Actualmente, la evidencia sobre la pedofilia conecta este impulso sexual con un cableado atípico en el cerebro, según lo que el doctor James Cantor expuso en una entrevista con The Atlantic. “Este campo de investigación es aún muy nuevo. Sin embargo, aparentemente, existe un ‘cableado cruzado’ en la anatomía cerebral que es responsable de controlar los comportamientos”, afirmó Cantor. “Al parecer, por lo que han concluido estos estudios hasta ahora, los estímulos que usualmente provocan respuestas de protección y crianza en la mayoría de la población, en los pedófilos producen deseo sexual”. También el doctor Daniel Amen, especialista en trastornos cerebrales, le explicó a CBN News que los escaneos cerebrales de estos individuos muestran un parecido a los de las personas con trastorno obsesivo compulsivo y una baja corteza prefrontal.

“Estudios demuestran que los intereses sexuales de los pedófilos están vinculados con su estructura cerebral y que, al menos, algunas diferencias existen en el cerebro antes de nacer. Por ejemplo, las personas con pedofilia tienden a ser zurdas o a tener pequeñas anomalías físicas”, asegura Cantor. Expone que aunque los pedófilos pueden nacer con este impulso sexual, las leyes y la población han adoptado el término orientación sexual como un eufemismo para la homosexualidad; por ende, llamar la pedofilia de ese modo puede hacer que las leyes creadas para detener la discriminación basada en una sexualidad se tergiversen.

Martin Van Maele
Dibujo de la colección La Grande Danse macabre des vifs
Martin Van Maele

No obstante, Candor, Amen y otros expertos aseveran que ver a los pedófilos como personas que nacen con esta condición y que necesitan tratamiento puede aumentar el número de individuos que buscan terapia para controlar su pedofilia. “Es importante proveer tratamiento que permita una discusión abierta y honesta sobre la naturaleza del interés sexual pedófilo”, afirma un grupo de investigadores de la Universidad de Nottingham Trent en “It’s Not Something I Chose You Know”: Making Sense of Pedophiles’ Sexual Interest in Children and the Impact on Their Psychosexual Identity. Comentan, al igual que Candor y Amen, que los pedófilos que no han cometido abuso sexual deben ser tratados como pacientes y no como criminales. De este modo se puede lograr que estas personas estén dispuestas a recibir terapia para que trabajen en su autorregulación sexual y manejar su comportamiento para evitar que atenten contra algún prepuberto. “Lo que ocurre es que cuando alguien que piensa que tiene pensamientos pedófilos busca terapia, los psicólogos están obligados a reportarlos a las autoridades”, explica Candor. Esta situación puede hacer que sea más difícil que busquen ayuda psicológica por miedo a ser arrestados, por lo que tenemos gente con pedofilia circulando por las calles sin tratamiento.

Por otro lado, para poder mejorar tanto los estudios que giran en torno a la pedofilia como aquellos que tratan los abusos sexuales a menores, el número de reportes sobre estos crímenes debe aumentar, según Ryuhei Kawamoto en The Challenge of Studying Pedophilia. Principalmente porque, por ejemplo, las investigaciones sobre este trastorno usualmente se enfocan en los hombres e ignoran la posibilidad de que algunas mujeres puedan padecerlo debido a que, como mencionan algunos estudios, los casos que las involucran normalmente no son denunciados porque ocurren durante actividades de cuidado diario que normalmente son delegadas al género femenino sin problema, como bañar o vestir a los niños.

pedofilia obra
Dibujo de la colección La Grande Danse macabre des vifs
Martin Van Maele

Más allá de la dificultad que implica definir o investigar a profundidad este trastorno, la pedofilia es una realidad que no podemos negar ni ocultar. Desde pequeños hemos escuchado sobre la figura de este ser contra natura que se encuentra en los parques, en los colegios y quizá hasta en nuestra urbanización. Ese temor a toparnos con uno de estos individuos no dejará de existir de un día a otro, pero si realmente queremos evitar daños mayores, tenemos que verlos como personas que necesitan ir a terapia.

Sabemos que se trata de un tema que no podemos tomarnos a la ligera puesto que son niños los que sufren las consecuencias, pero debemos entender, como sociedad, que existe la posibilidad de que la pedofilia sea un trastorno de origen nato en la estructura cerebral, por lo que hay que permitir que estos individuos reciban tratamiento antes de simplemente acusarlos de ser criminales si no han cometido algún abuso. Principalmente, porque este cambio de visión podría hacer que los investigadores conozcan qué convierte a los pedófilos en agresores. 

No se trata de dejar de condenar las agresiones a menores. Al contrario, debemos reportarlas siempre que tengamos conocimiento de alguna, pues esto ayudaría a que se obtengan resultados más precisos en las investigaciones sobre el tema. Debemos ver la pedofilia desde una perspectiva médica, aunque esto nos lleve a observar esta parafilia desde un nuevo punto de vista. 

No obstante, dentro de esta nueva óptica no cabe la posibilidad de que la comunidad LGBTQ+ esté conectada con este trastorno. Esa visión errada que plantea que las personas queer buscan normalizar la pedofilia solamente sirve para reafirmar las falacias de aquellos grupos conservadores que desean que los integrantes de la comunidad sean vistos como habitantes de un mundo de perversión, personas que deben ocultarse y que nunca serán libres. Estos individuos no son monstruos que van a corromper o abusar de los niños por el simple hecho de ser estigmatizados como depravados que destruyen a la humanidad. Por otro lado, si bien los pedófilos tampoco deberían ser considerados fenómenos, ellos, a diferencia de las personas que pertenecen a la comunidad LGBTQ+, sí sufren de un trastorno que requiere de terapia y que, de no ser tratado, podría ser problemático en el futuro de nuestra sociedad. Así que no, la bandera MAP no va a pasar ni tampoco se le agregará una P a las siglas de la comunidad. Pase lo que pase, la pedofilia no es una orientación sexual. 

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