Los zombis, las estrellas del porno de monstruos

Vísceras, sangre y pus son las primeras palabras que asociamos con los zombis. Estos muertos vivientes son representados como seres que están sucios, producen asco y buscan sin cesar alimentarse de cerebros. Son criaturas deshumanizadas que vagan por las ciudades con un hambre insaciable que los lleva a devorar a aquellos humanos que aún poseen su alma. 

El cine, la televisión y los videojuegos han usado por años una versión específica de esta criatura sin discernimiento para expresar el miedo que siente la humanidad a la falta de autodeterminación, a vivir en modo automático sin entender el presente. Por eso, la palabra zombi ha dejado de ser un sustantivo para convertirse en un adjetivo que denota el hecho de estar muerto sin saberlo aún. Estas criaturas, poco a poco, se han transformado en un símbolo que fascina a nuestra sociedad y su uso se ha expandido a todo tipo de contenido, desde la literatura hasta el porno.

Un trío de chicas en el Zombie Pub Crawl 7 en 2010
Creative Commons/Marcus Metropolis

Al llegar octubre todas las cosas a nuestro alrededor cobran una cualidad tenebrosa, tanto así que incluso los tube sites de pornografía se unen a las festividades de Halloween durante este mes. Como consecuencia, el 31 de octubre, el tráfico de videos para adultos que involucran a los zombis suele aumentar más de un 200% en Pornhub, como sucedió en el año 2017 según las estadísticas publicadas por la página. 

Aunque el porno con disfraces comunes de la noche de brujas es el más buscado en esta época, los zombis son usados en esta industria de un modo distinto y simbólico que va más allá de una simple excusa para vender contenido relacionado con Halloween. “La combinación de estas criaturas con el sexo es provocativa. Produce múltiples preguntas sobre la naturaleza del deseo, la sexualidad y el funcionamiento de nuestro comportamiento sexual”, afirman Steve Jones y Shaka McGlotten en la introducción de Zombies and Sexuality Essays on Desire and the Living Dead. Los académicos exponen que esta fusión es fascinante para distintos campos de investigación puesto que los zombis, al buscar saciar su hambre de carne humana constantemente, se utilizan como un alegoría del deseo de los hombres por una acción específica: consumir.

Sin embargo, más allá de esta lectura, las características que asignamos a los zombis son relativamente nuevas. El origen cultural de los muertos vivientes se le atribuye a los sistemas de creencias afrocaribeñas del vudú. Según Philip Munz, Ioan Hudea, Joe Imad y Robert J. Smith en When Zombies Attack!: Mathematical Modelling Of An Outbreak Of Zombie Infection, los seguidores de este culto relataban mitos sobre hechiceros que revivían a personas que entonces quedaban bajo su control, puesto que ya no poseían voluntad propia. No obstante, los afrocaribeños no eran los únicos que poseían leyendas sobre este tipo de monstruos. 

En la edad media en Europa, se pensaba que las almas de los muertos podían regresar a la tierra para cazar a los vivos. Específicamente en Francia se creía que estos seres despertaban para vengar algún hecho que había ocurrido durante sus vidas y que el modo en que se manifestaban era por medio de cadáveres que merodeaban por los cementerios. 

Póster de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero
Walter Reade

La concepción de los zombis contemporáneos es muy diferente a la que poseían el vudú y el folklore criollo. Realmente, nuestra percepción está más conectada a la idea presentada en la película de 1968 del director George A. Romero, La noche de los muertos vivientes. En ella, estas criaturas cuentan con las características usuales que observamos en la actualidad: no tienen capacidad de pensar o sentir dolor, poseen un apetito insaciable por carne humana, un caminar de pasos cortos e irregulares, y signos de descomposición como heridas abiertas u ojos sin color. Adicionalmente, a partir del estreno de este filme fue también que los zombis se empezaron a asociar con el apocalipsis debido a que las criaturas fueron contextualizadas dentro de una plaga que ataca a la humanidad y es producto de una radiación de origen ambiguo.

Por esto, en nuestros tiempos concebimos a los zombis como seres de procedencia incierta que viven en el límite entre la vida y la muerte, como expone Roger Luckhurst en Zombies: A Cultural History. Este profesor de literatura de la Birkbeck College destaca que más allá de la cualidad transgresora de dichas criaturas, estas ayudan a mantener la separación cultural que existe entre la pureza y la contaminación, lo sagrado y lo profano, y lo vivo y lo muerto. Por eso, los académicos les han dado distintas interpretaciones a estos monstruos, las cuales van desde un reflejo de la pérdida de la humanidad en situaciones catastróficas hasta una representación de la sociedad de consumo y la masificación del capitalismo. 

Por otro lado, la presencia de los zombis como seres sexuales en el porno inició en los años ochenta, cuando distintas productoras empezaron a crear contenido que se centraba en la simbología de los muertos vivientes. A través de estas películas, cuyo género podía ir desde el hardcore hasta aquel hecho para la comunidad LGBTQ+, se presentaba un reflejo de las jerarquías del sexo, razón por la cual estos seres se muestran como subordinados o depredadores de otros en un esfuerzo por reforzar o criticar estas ideas sobre el funcionamiento del acto sexual en nuestra sociedad. 

I Porno Zombi
Póster de I Porno Zombi de Claude Pierson
La Microstampa

Los investigadores se han sentido atraídos hacia el estudio de la combinación entre sexo y zombis debido a que, como menciona Steve Jones en XXXombies: Economies of Desire and Disgust, esta unión refleja la conexión que existe entre el disgusto y el deseo. El autor destaca que aunque no haya una razón clara por la que nuestra sociedad siente repulsión por los cadáveres y su representación por medio de estos monstruos, varios académicos han argumentado que se debe a que dichas criaturas personifican la naturaleza inescapable de la muerte y la gente se siente aterrada por esa idea. 

Por otro lado, incluso cuando el porno no nos muestra esta faceta del acto, el sexo es una actividad que también puede producir disgusto debido a que incluye una serie de fluidos —semen, sangre, sudor, saliva— que resultan repugnantes y que podrían hacer que la práctica resulte desagradable. No obstante, los humanos logran obtener placer de las relaciones sexuales ya que psicológicamente son capaces de anular el disgusto gracias al deseo sexual. Esto se debe a que, de acuerdo a Jones, crear fantasías eróticas nos permite obviar todas las características desagradables que nuestros cuerpos pueden llegar a tener. El porno y los zombis son representaciones de esta dualidad, pues producen tanto disgusto como fascinación cultural en nuestra sociedad, por lo que la unión de este elemento sobrenatural y la industria de contenido para adultos ha provocado que muchos académicos se interesen en explorar este territorio.

Porn Star Zombies de Keith Emerson
Poster de Porn Star Zombies de Keith Emerson
R-Squared Films

Al ser un contenido que involucra criaturas que en el imaginario colectivo están fuertemente relacionadas con la muerte, el porno de zombis se asocia fácilmente con la necrofilia. En Porn of the Dead Necrophilia, Feminism, and Gendering the Undead, Steve Jones manifiesta que el uso de estos monstruos puede ser visto como un adorno, como un modo de llamar la atención de las personas y producir un shock que ayuda a mercadear el contenido. No obstante, conectar a los muertos vivientes con esta parafilia expone ideas sobre el vínculo que existe entre el consenso y la cosificación. Los zombis se encuentran dentro de la ambigüedad que hay entre lo que consideramos humano y lo que no lo es, por lo que al no tener voluntad para llegar a un consentimiento sexual, estas criaturas muestran la fetichización de la necrofilia, de disfrutar del poder total sobre un cuerpo que no tiene la habilidad de negarse o defenderse. 

El hecho es que cuando observamos más allá de esa conexión entre el porno de zombis y el deseo de las personas con necrofilia de convertir objetos en sujetos, podemos vincular esta representación con los discursos que buscan subordinar y deshumanizar a las mujeres. Bajo esta óptica, los muertos vivientes pueden representar la dualidad del género femenino tanto como seres asexuales como elementos a través los cuales se puede obtener placer sin consentimiento. De acuerdo con Jones, la sociedad ve a la mujer desde la dicotomía de la doncella y la prostituta —denominada por Sigmund Freud como el complejo de Madonna-Prostituta en 1912—, por lo que en momentos la considera un ser puro, virginal y libre de pecado, mientras que otras veces la clasifica también como un recurso del cual los hombres pueden obtener placer y satisfacerse sin que importen los deseos sexuales femeninos. 

Cuando el porno convierte a las mujeres en zombis, la necrofilia se vuelve una metáfora de la cosificación del género femenino. Esta percepción de las mujeres es común en la industria del entretenimiento para adultos y las transforma en “objetos seguros que no ofrecen ni oposición ni resistencia, por lo que desaparecen todos los riesgos de rechazo o retaliación”, de acuerdo a Jones. La pornografía, al usar este tipo de fantasias necrofílicas, refuerza la idea que tienen algunos hombres que niegan la existencia del placer o de la subjetividad femenina. 

 Zombie Strippers! de Jay Lee
Póster de Zombie Strippers! de Jay Lee
Sony Pictures Entertainment

Sin embargo, no todos los investigadores del porno de zombis concuerdan con esa visión. Laura Helen Marks, profesora de la Universidad Tulane, afirma en “I Eat Brains … or Dick” Sexual Subjectivity and the Hierarchy of the Undead in Hardcore Film que estas criaturas no encajan perfectamente con la pornografía ni la narrativa usual de las películas para adultos. “El deseo pornográfico gira alrededor de delicados y cuidadosos puntos que representan la contención y el quiebre, el dejar ir y el aferrarse con fuerza, la transgresión y el orden. Los zombis están rotos y no tienen voz, tampoco poseen la voluntad suficiente como para poder integrarse a la dinámica común de este tipo de contenidos”, expresa Marks.

Adicionalmente, la profesora admite que el porno de zombis no funciona simplemente como una crítica o un refuerzo de la misoginia y la cosificación, sino que crea una fantasía que depende de los diferentes roles sexuales comunes de cada género. Esto puede traducirse en una sensación de liberación para algunas mujeres, pues verse representadas por un monstruo les da la oportunidad de explorar aspectos de la agresión y la libertad erótica que poco suele vincularse con la feminidad. Visto así, la pornografía que involucra a estas criaturas toma un tinte distinto y permite entender que utilizar a los muertos vivientes como símbolo puede ser tan grotesco como liberador dependiendo de la visión del director.

Zombi de Bruce LaBruce
Póster de L.A. Zombie de Bruce LaBruce
Strand Releasing

Sin embargo, en el porno gay la simbología de los zombis toma una dimensión diferente, la cual, también, ha sido objeto de estudio para la mayoría de los investigadores que pretenden analizar el tema. La cultura LGBTQ+ —específicamente la homosexual— posee características específicas que hacen de estos monstruos una representación tanto de la dinámica sexual entre hombres como del miedo que existe en la comunidad por el VIH y el SIDA. 

Darren Elliott-Smith, en ‘Death Is The New Pornography!’ Gay Zombies, Homonormativity and Consuming Masculinity in Queer Horror, compara la representación de los vampiros y los zombis en el porno con el ser activo y el ser pasivo en las relaciones sexuales entre hombres. El autor explica que los primeros son un reflejo del rol penetrativo porque representan seres atractivos que seducen, muerden y atacan a sus víctimas para llevarlos a la sumisión, mientras que los segundos son los que personifican al penetrado dadas su naturaleza obsecuente y su falta de voluntad. La visión que se tiene acerca de lo que significa preferir un papel específico en el sexo gay demuestra cómo la comunidad queer aún posee ciertos prejuicios que se conectan a la heteronormatividad y pretenden mantener a los hombres dentro de un tipo de comportamiento específico para que se les pueda considerar seres dominantes o sumisos.

Los vampiros, como encarnación de los activos, muestran que la sociedad tiende a aceptar más a dichos individuos debido a que la mayoría de ellos suele seguir las normas sociales sobre la masculinidad, en parte gracias a que ejercen el rol penetrativo. Elliott-Smith afirma que los bebedores de sangre emulan en el porno a los homosexuales blancos con aspecto hipermasculino, quienes usualmente son catalogados como más guapos e invisibilizan a los integrantes de la comunidad LGBTQ+ que no entran dentro del molde heteronormativo. En cambio, los zombis, como reflejo de los pasivos —o de los transexuales, las personas queer y los bisexuales—, son vistos como figuras débiles y repugnantes que no encajan dentro de la sociedad como “machos”, por lo que son excluidos y vistos como seres que valen menos que el resto del colectivo LGBTQ+ que sí sigue las reglas sociales.

Up with Dead People de Bruce LaBruce
Póster de OTTO; or, Up with Dead People de Bruce LaBruce
Strand Releasing

Por otro lado, Elliott-Smith expone también que los zombis en el porno simbolizan el miedo de las personas al VIH y al SIDA, puesto que la zombificación es vista como una enfermedad, algo asqueroso que debemos evitar a toda costa. La mordida de estos monstruos significa muerte, demacración y decaimiento, entre otras cosas; lo que normalmente entienden por Virus de la Inmunodeficiencia Humana las personas que no poseen un gran conocimiento sobre él. Esta analogía evidencia cómo la sociedad trata a las personas con VIH, porque son vistas como individuos de los que hay que escapar y a quienes hay que evitar tocar ya que acarrean la destrucción.

No obstante, ninguna de las representaciones anteriores parece ser la más grotesca. La representación de los zombis en la pornografía que exalta todas las características que perturban sobre los muertos vivientes es la que deshumaniza totalmente a estas criaturas y las figura como muñecos. En filmes hardcore, los actores porno insertan sus penes por heridas que se pueden encontrar en partes alejadas de la vagina y del ano, e incluso llegan a arrancar extremidades para abrir nuevos orificios para obtener placer. Elliott-Smith argumenta que escenas como estas llevan la analogía a un nuevo nivel y crean una conexión entre el placer y el dolor que se vuelve perturbadora, pues muestra la cosificación total de estos seres sin voluntad propia.

Quizá la pornografía no vea en estos monstruos más que criaturas perfectas para aumentar sus ganancias durante Halloween y sean los académicos quienes les atribuyen tantos significados e interpretaciones. Sin embargo, más allá de su posible simbolismo, lo que podemos tener por seguro es que los zombis en el porno siguen siendo asquerosos y desagradables, y esto, al final, dice más de nosotros que de ellos o su función narrativa. Según Steve Jones, muchos estudiosos argumentan que a través del disgusto evidenciamos nuestra visión del mundo y nuestros miedos, razón por la cual es nuestro temor a estas criaturas lo que verdaderamente importa. Para nosotros, los muertos vivientes simbolizan aquello que se sale de lo convencional y del deber ser de la sociedad, lo cual nos repugna y fascina al mismo tiempo, porque nos enfrenta al hecho de que lo que realmente sale de las tumbas, por muy nauseabundo que sea, somos nosotros mismos.

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