La cojonera no es una excusa para tener sexo - The Amaranta

La cojonera no es una excusa para tener sexo

Las bolas azules no son el fin del mundo

¿Recuerdan esa escena de El lobo de Wall Street en la que Naomi Lapaglia (Margot Robbie) le niega el sexo a su esposo, Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio)? Este cae al suelo, tocándose los testículos debido a que no puede soportar el dolor. La escena de la película de Martin Scorsese es, quizá, la representación más exagerada y gráfica que tenemos de la cojonera en la cultura pop y ejemplifica perfectamente los mitos que la sociedad tiene sobre este malestar.

Margot Robbie como Naomi Lapaglia y Leonardo DiCaprio como Jordan Belfort en El lobo de Wall Street
Paramount Pictures

Algunos hombres tienden a hablar de las bolas azules como si fuese el dolor más grande del mundo, incluso los he escuchado conversar sobre esta incomodidad como si tratara de un hecho serio y peligroso. Por esta razón, no es poco usual que muchos de ellos utilicen la cojonera como una excusa para tener sexo y evitar una incomodidad supuestamente grave. Sin embargo, la falta de información sobre la hipertensión del epidídimo —como algunos científicos llaman a esta molestia en los testículos— ha hecho que se tengan muchas creencias al respecto, no todas basadas en los hechos.

Básicamente, la cojonera se trata de una congestión en la próstata que ocurre debido a la retención de líquido —específicamente de sangre y linfa— en los testículos, la cual produce dolor y es causada por una excitación sexual prolongada e inconclusa. Esta condición, según el blog de la marca de afeitadoras Manscaped, no ha sido estudiada a profundidad, por lo que no existe mucha documentación sobre ella. A pesar de esto, sí existe un consenso entre médicos y sexólogos sobre las razones por las que puede ocurrir.

Los especialistas en salud afirman que la cojonera es producto de la tensión que se acumula en los testículos cuando un hombre se excita. Cuando esto pasa, las venas en el pene se contraen, lo que da paso a la erección. Por otro lado, en el epidídimo —órgano donde se almacenan los espermatozoides— se crea una presión de fluidos, la cual da origen a la fuerza que se necesita para eyacular. Por eso, cuando los hombres acaban luego de un momento de estimulación sexual, se liberan estas dos fuentes de presión. No obstante, cuando esto no ocurre, aparece la incomodidad que denominamos bolas azules.

Cojonera
Órganos que componen el aparato reproductor masculino
Reproducción Asistida ORG

Aunque muchas personas aún creen que la cojonera es peligrosa o que la eyaculación es la única solución para aliviar este dolor, algunos sexólogos y médicos desmienten este mito y buscan informar sobre lo que ocurre realmente cuando se congestiona la próstata. Por ejemplo, en una entrevista con la revista Cosmopolitan, el doctor Paul Turek, urólogo especialista en salud sexual masculina, comparó las bolas azules con un estornudo inconcluso, puesto que ambas situaciones dejan un leve malestar pasajero. “Es temporal y ciertamente no involucra ningún peligro”, expresó Turek, “cuando el hombre se relaja, el dolor desaparece”, agregó.

Si bien es la solución más rápida para aliviar la cojonera —como asevera un estudio de la Academia Americana de Pediatría (AAP)—, la eyaculación no debe ser vista como la única manera de solventar este problema, pues eso solo nos llevaría a aceptar que los hombres pueden utilizar su incomodidad como excusa para tener sexo con su pareja, aun cuando esta se siente indispuesta. Fácilmente, cualquiera podría deshacerse del malestar tomando una ducha fría, colocando una compresa térmica en los testículos, pensando en algo no erótico o realizando una actividad que lo mantenga ocupado. 

Por otro lado, las bolas azules son comunes solamente en la adolescencia, puesto que con el tiempo y la estabilización de las hormonas, los hombres aprenden a tener un mayor control de sus erecciones y solamente, en casos muy específicos, llegan a experimentar la cojonera con regularidad. El problema es que los hombres no han querido desmitificar esta leyenda urbana, pues la usan para su beneficio aunque seguramente la mayoría no ha tenido una hipertensión del epidídimo desde los 17 años.

Ahora, con toda esta información, podemos llegar a la conclusión de que la actitud de Jordan Belfort en El lobo de Wall Street es realmente exagerada. Las bolas azules no son el fin del mundo. Si de casualidad llegas a encontrarte con una persona que use esta incomodidad como una táctica barata para llegar al orgasmo, ya sabes que le puedes sugerir que se ponga una compresa fría en los testículos para que el dolor se vaya. Recuerda: en primer lugar, la cojonera no es realmente perjudicial; y en segunda instancia, nadie debe, nunca, manipularte ni obligarte a tener sexo.

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