Los hombres necesitan dejar de temerle a su punto G

Los hombres necesitan dejar de temerle a su punto G

No tiene relación con tu orientación sexual

No es mentira cuando digo que los hombres heterosexuales —algunos gays y bisexuales también— tienen miedo a explorar más allá de lo básico en el sexo. Por esto, si les propusieran experimentar con su punto G, sabemos que más de uno se preguntaría: ¿son gays los hombres a los que les meten dedo?

He hablado con mis amigos y amigas sobre sexo en muchas oportunidades. El tema de la estimulación anal de los hombres siempre sale a relucir. Muchas opiniones he escuchado sobre el tema y siempre menciono que en algún momento todos deberían probarlo. Una tarde, sentado con un grupo de conocidos, un amigo confesó que él había dejado que su novia le metiera dedo y lo había disfrutado. Algunas personas se sorprendieron con la afirmación y otras —como yo— tuvieron mucha curiosidad por conocer su experiencia, principalmente porque no es normal que un hombre heterosexual hable con soltura del tema. 

El punto G masculino, también llamado punto H o P, es la glándula prostática responsable de producir la mayoría del semen. Está ubicada justo debajo de la vejiga y rodea la parte superior del conducto que drena orina de ella. En lenguaje mundano, se encuentra en el interior del recto, a unos cinco centímetros del ano. Se puede acceder a él introduciendo un dedo y buscando, en la pared anterior, un abultamiento como de un centímetro de espesor que, con su pequeña forma de nuez, puede transportar a los hombres más allá de nuestra galaxia.


Glándula prostática
Mayo Foundation For Medical Education and Research

Conociendo mi propia experiencia, quería saber cómo otros hombres habían vivido esta exploración. Claramente, por mi orientación homosexual, para mí es común esta sensación; pero conocer las diferencias que un heterosexual había encontrado entre estos orgasmos me generaba muchísima intriga. Quizá simplemente podría decir que fue mi obsesión de buscarle las cinco patas al gato la que me incentivó a seguir indagando sobre este tema. Sin rodeos ni pena, mi amigo siguió hablando al respecto y cuando le pregunté si creía que esto afectaba de algún modo su masculinidad, “¿Por qué lo haría?” fue su respuesta.

De esto nace el pavor de muchos a intentar cosas en el sexo, de una pérdida de la ilusión de poder que le entrega la sociedad a los hombres. Por lo menos, Martha Villaseñor-Farías y Jorge D. Castañeda-Torres, en Masculinidad, sexualidad, poder y violencia: análisis de significados en adolescentes, explican que el poder está ligado a la hegemonía dominante de la masculinidad debido a los ideales y estereotipos de géneros que se le otorgan para la creación de un imaginario colectivo. Este imaginario colectivo hace que los hombres consideren que ciertas acciones los minimizan, provocando la pérdida de esa supuesta autoridad.

Pero hay que tener claro, señores y señoras, que si un hombre no posee el control en el sexo o explora el punto G masculino, esto no lo convierte en homosexual de ninguna forma. Que la sociedad asuma que ciertas prácticas están obligatoriamente asociadas a un tipo de orientación sexual hace que el resto de la población se bloquee de experimentar el potencial de su cuerpo a plenitud. No hay que explicarlo con mucho rodeos: “machos”, si a ustedes les gustan las mujeres y una de ellas es quien los ayuda a explorar la estimulación anal, eso es heterosexual. Que simplemente te inserten un dedo en el ano no te vuelve mágicamente gay. Si tienes un interés por el tema, esto no cambia tu orientación sexual.

La misma autoridad que los hombres desean mostrar en distintos ámbitos de su vida hace que su experiencia en la cama sea minimizada, puesto que el deseo de supremacía impide que puedan realizar una acción básica para una mejor vida sexual: comunicarse. “Ella fue quien lo propuso”, fue lo que me dijo mi amigo cuando le pregunté sobre el asunto. “Hubo una conversación previa al respecto y así fue que llegamos a un consenso para intentarlo, porque no puedes decir que no te gusta si no lo has probado”, agregó. El doctor Charlie Glickman, autor de The Ultimate Guide to Prostate Pleasure: Erotic Exploration for Men and Their Partners, explica en una entrevista en el podcast Sex with Emily que la comunicación es clave para cualquier encuentro sexual. Expresa que es mucho mejor preguntar que asumir qué es lo que le gusta más a tu pareja debido a que esto optimiza el aprendizaje y el placer.


Ubicación de la próstata

Glickman explica que la estimulación anal es algo que se debe probar puesto que se siente increíble. Pero nada de esto ocurre de un día a otro, él menciona que toma tiempo aprender a hacerlo y eso es algo que yo mismo sé. La primera vez que experimenté con esta sensación no pude concluir si me gustaba o no, si era algo placentero. Mi amigo también me explicaba que su primera vez explorando fue rara, que se sentía gracioso, divertido y que tampoco sabía si era bueno o malo. “Fue mucho trabajo hablar durante el proceso con mi novia”, me comentó.

Para la exploración del punto G masculino, Glickman presenta tres ingredientes claves: relajación, lubricación y comunicación. Es indispensable que el hombre esté tranquilo, principalmente porque el cuerpo humano tiene una respuesta fisiológica básica cuando estamos asustados o nerviosos que puede dificultar la cuestión: apretar el ano. El consejo de Glickman es que primero se consiga excitar a la persona con algo que ya sea de su agrado para que esté lo más calmada posible antes de iniciar la estimulación.
Tener lubricante es clave puesto que el ano no es una zona que lo produzca de forma natural, así que es indispensable tenerlo a la mano. Para iniciar es mejor probar primero masajeando el perineo —la parte del cuerpo que da lugar al suelo pélvico y donde se encuentran ubicados el ano y los órganos genitales externos— y los bordes del ano para aumentar la relajación. Iniciar lento y permitir que la persona inhale y exhale son acciones que facilitarán el proceso.

Perineo masculino

Pero Glickman resalta que cualquier técnica bien aprendida no sería nada sin entusiasmo. Si en el sexo no existe un interés por generar y recibir placer, entonces no servirá de nada. Si al estar en medio del acto sexual no existe una comunicación cuyo objetivo sea crear excitación, puede volverse muy complicado que la persona quiera seguir explorando su glándula prostática, por lo que puede terminar no sacándole su máximo provecho.

“Uno de los mejores orgasmos que he tenido fue cuando me estaban estimulando el ano”, fueron las palabras de mi amigo al explicarme cómo acabó mientras recibía un masaje de próstata. “Podría decir que está en mi top diez. Es que cuando estás acostumbrado a una cosa y llegas a un nuevo nivel de placer, es otro mundo. Lo sentí en todo el cuerpo. Ese día me quedé temblando, ¿sabes?” Y sí, lo sé, yo mismo he experimentado esa sensación en la que mi cuerpo parece separarse de mi alma a través de un terremoto personal que puede hacerme viajar más allá de este planeta.

He escuchado a mucha gente explicar este sentimiento. Otro amigo que se identifica como bisexual me expresó que antes de tener relaciones con otro hombre por primera vez, él sentía que no había algo extremadamente emocionante en esto y las primeras veces que exploró el sexo anal no entendía la sensación. Sin embargo, cuando tuvo un orgasmo de este modo lo describió como algo “apoteósico, sin sentido”, algo que se escapaba de sus manos. 

El doctor Roy Levin, en Prostate‐Induced Orgasms: A Concise Review Illustrated with a Highly Relevant Case Study, explica que la información sobre el orgasmo que se obtiene a través de la estimulación del punto G masculino es escasa, pues la mayoría de los estudios se enfocan en ver la importancia de la próstata para la reproducción. Levin propone algunas razones que explican por qué este tipo de masajes genera una mayor excitación. Expone que se produce una conciencia elevada del cuerpo y puede aumentar la conciencia genital, esto hace que ocurra un recableado mental que abre nuevas rutas de placer inexplorado.

Estimulación anal

Es entendible que incluso leyendo todo esto pueda existir miedo aún, muchas personas puede que tengan miedo a sentir dolor, pero Glickman dice que el masaje de la próstata no se diferencia de otras prácticas sexuales. Cualquier experiencia sexual puede generar dolor o ser dañina, si se hace del modo y al ritmo incorrecto. Y no, no se siente como un examen de próstata, pues los médicos están entrenados para hacerlo sin generar placer; su trabajo es explorar la zona, no crear excitación. 

Pero incluso más allá de un nuevo mundo de placer explorado a través del punto G masculino, también existen otros beneficios. Por ejemplo: el doctor Glickman explica en una entrada de su blog que el masaje en la glándula prostática aumenta el flujo de sangre en la zona, generando mayor oxígeno, el cual hace que desaparezcan los residuos de dióxido de carbono y otras sustancias que se retienen en las células. La liberación de fluidos atrapados en esta región puede mejorar la salud de la próstata.

Más allá de hacer una invitación a intentar algo nuevo, es una incitación a eliminar los prejuicios que llevan a que no exploremos nuestros cuerpos de forma sana con el fin de obtener un mayor placer. Nadie está diciendo que todas las parejas heterosexuales deben tener un strap on guardado en su habitación, sino que es importante que no se cierren por completo cuando su pareja —esposo/a, novio/a o amigo/a con derecho— les proponga explorar esta posibilidad. 

Al fin y al cabo, lo que aprendí de conversar con mi amigo sobre su experiencia con la esmilulación del punto G masculino no tiene nada que ver con cómo fue su orgasmo ni con cómo se siente un dedo dentro del ano. Lo que comprendí fue que la comunicación en una relación de pareja es clave, especialmente en el área sexual. Porque cuando seguimos instrucciones, dejamos el control y buscamos que nuestro placer esté conectado con el de la otra persona, podemos iniciar una travesía en la que nos transportamos fuera de nuestra galaxia de placer mundano.

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