El sexo no es sinónimo de penetración

“¿El sexo debe tener penetración?” era la pregunta que no dejaba de hacerme al principio de mi vida sexual. Desde que tengo uso de razón, la sociedad me ha enseñado que el coito es el núcleo de la actividad sexual, noción que se hizo más evidente cuando llegué a la  adolescencia. En esa época todo el mundo estaba hablando de sus experiencias sexuales o su virginidad y cuando alguien contaba alguna anécdota de esta índole, no podía faltar quien preguntara: “Pero, ¿cogiste?”. Entonces, a esto muchos respondían: “No vale, solo nos metimos mano”.

Cuando finalmente tuve mi primera experiencia sexual, no hubo penetración, por lo que la vi como un acto poco significativo y creí fielmente que la pérdida de mi virginidad no ocurriría hasta que tuviera coito. Sin embargo, cuando ocurrió, me di cuenta de que no era algo de otro mundo y comencé a dudar sobre mis creencias acerca de las relaciones sexuales y la penetración como parte intrínseca del sexo. 

Sexo Andy Warhol
Portada de The Velvet Underground & Nico
Andy Warhol

En Defining (Hetero)Sex: How Imperative Is The “Coital Imperative”?, Kathryn McPhillips, Virginia Braun y Nicola Gavey entrevistaron a 15 hombres y 15 mujeres heterosexuales para descubrir qué tan imperativo es el coito en las relaciones sexuales. Los participantes de este estudio, efectivamente, veían la penetración como un elemento esencial del acto, puesto que algunos hablaban del coito para referirse al sexo y aquellos individuos que inicialmente definieron el acto sexual de un modo más amplio luego usaron los términos penetración y sexo como sinónimos. 

Cuando fue entrevistada por The Guardian, la académica y activista Lynne Segal aseveró que el lenguaje sexual es falocentrista y busca exaltar la experiencia masculina mientras niega y juzga el placer femenino. El falocentrismo es la ideología que plantea que el falo es el elemento central de la organización de nuestra sociedad debido a que se convierte en el modo en que el hombre conecta con su identidad y por lo tanto, se transforma en un símbolo que representa el núcleo de la construcción del significado para la humanidad, según el filósofo Jacques Derrida. Esto quiere decir que los conceptos que usamos en nuestro día a día están conectados usualmente a la visión, la vivencia y la prerrogativa de los hombres, por lo que la penetración, al representar el núcleo de la satisfacción masculina, se convierte en un sinónimo de sexo.

Jacques Derrida penetración
Jacques Derrida
Leemage

Con el paso del tiempo y al experimentar tanto el coito como otros tipos de encuentros sexuales, fui entendiendo que tener un pene no significa que mi placer esté conectado exclusivamente a la penetración. Poco a poco, mientras experimentaba tanto el rol activo como el pasivo del sexo homosexual, aprendía a disfrutar ambos roles mientras conocía mejor mi cuerpo y encontraba cuál de las dos me gustaba más. Al mismo tiempo, descubría mi gusto por las prácticas que normalmente llamamos preliminares en el sexo, las cuales en diversas situaciones me llevaban a sentir una satisfacción similar o mayor que el coito, por lo que fui asumiendo que lo que entendía por acto sexual y virginidad en el pasado eran concepciones erradas.

Planned Parenthood sostiene que definir la virginidad es complicado debido a que cada individuo puede tener distintas interpretaciones sobre cómo se deja de ser virgen. Principalmente esta palabra se refiere al hecho de no haber tenido sexo jamás. No obstante, esta organización afirma que existen nociones erradas sobre el tópico, puesto que hay personas que piensan que la penetración pene y vagina es el único modo legítimo de perder la virginidad, lo cual invisibiliza la experiencia de miembros de la comunidad LGBTQ+, la de hombres con disfunción eréctil o la de mujeres con vulvodinia. Por otro lado, hay gente que piensa que tener un himen —un tejido fino y carnoso ubicado en la entrada de la vagina—  y ser virgen son lo mismo. Sin embargo, Planned Parenthood expone que este tejido se puede estirar y abrir con otras actividades, por no mencionar que algunas mujeres nacen con el himen naturalmente abierto.

Esto no impide que, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en más de veinte países se realicen “exámenes de virginidad” —inspecciones ginecológicas para conocer el estado del himen— para determinar si la paciente ha tenido sexo o no. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, la Organización Mundial de la Salud y ONU Mujeres condenan el uso de esta práctica, puesto que es médicamente innecesaria debido a que realmente no demuestra si una mujer ha recibido o no penetración vaginal.

Por otro lado, el coito es percibido como el hecho más íntimo y placentero de las relaciones sexuales, pero según Elisabeth Lloyd en su libro The Case of the Female Orgasm, solo un 25% de las mujeres tienen orgamos por encuentros penetrativos constantes. Adicionalmente, un porcentaje del otro 75% sufre de vulvodinia —una molestia o un dolor crónico en la zona que rodea la abertura de la vagina (vulva) que no tiene una causa identificable y que dura tres meses como mínimo— y por ende, es impensable para este grupo recibir penetración durante el sexo. En ‘If Sex Hurts, Am I Still a Woman?’’ The Subjective Experience of Vulvodynia in Hetero-Sexual Women, Kathryn Ayling y Jane M. Ussher exponen que muchas de las heterosexuales que sufren de esta condición se perciben a sí mismas como mujeres incompletas o como parejas sexuales deficientes, lo cual nace de nuestra creencia de que el sexo es exitoso cuando el coito nos da placer. Algunas mujeres indicaron que preferían prestarle atención al deseo de su novio o esposo por penetrarlas antes de buscar un modo de tener sexo sin dolor.

Portada de The Case of The Female Orgasm de Elisabeth A. Lloyd
Harvard University Press

Es imposible juzgar a estas mujeres que ponen el placer masculino por encima de su bienestar porque al fin y al cabo, la noción de que el coito y el sexo son la mismo es algo intrínseco de nuestra sociedad. Un mensaje que ha sido transmitido tanto por las personas que nos rodean como  por los medios, por algo la penetración con frecuencia simboliza el acto más íntimo y romántico entre los protagonistas de una telenovela o es a lo que se refiere tu abuela cuando habla de hacer el amor. 

Sin embargo, como expone Nicola Gavey en Viagra and the coital imperative, el imperativo coital no ha sido constante en nuestra historia. Esta profesora de la Universidad de Auckland menciona que antes del siglo XVIII era común que el sexo se enfocara en distintas prácticas como el toqueteo, la masturbación mutua y los actos orales, pero a mediados de esa era el rol reproductivo del sexo empezó a tomar fuerza y la penetración se transformó en la actividad sexual predilecta. Esta es una idea que se ha mantenido hasta nuestro siglo, incluso cuando la función seminal del sexo ha perdido su importancia con el paso del tiempo. 

Ahora que tengo más experiencia que cuando era un adolescente que creía que el coito era el núcleo de la actividad sexual, también he dejado atrás la percepción de que la penetración es el único medio para lograr la intimidad máxima con otro individuo. No es el acto de insertar el pene lo que te hace sentir más cercano a otro ser humano. La química, el conocimiento pleno del otro y/o la exploración de lo que le genera placer son realmente lo que nos ayuda a conectar completamente con nuestra pareja o aventura de una noche durante el sexo. Por esto, en determinadas ocasiones, he sentido mayor intimidad con quienes no tuve coito que con personas con las que sí lo tuve, porque existía algo más allá, un vínculo que no necesitaba de la penetración para fortalecerse.

Por esto, la autora Joan Price cita en su página web un correo que recibió de un lector que había aprendido a apreciar el acto sexual sin penetración a los 73 años. Este hombre había empezado a salir con una mujer que en ese tiempo le enseñó que el núcleo de las relaciones sexuales no debía ser el coito, sino la comunicación. Conversar sobre lo que le daba placer a su pareja y sobre lo que lo satisfacía a él fue lo que lo hizo alejarse de la ansiedad que le generaba no ser capaz de mantener una erección. Escuchar este tipo de testimonios es importante para entender cómo puede ser nuestra vida sexual en un futuro puesto que todos nosotros algún día llegaremos a ese momento en que, en el caso de las mujeres, la vagina no producirá naturalmente suficiente lubricante para disfrutar la penetración y, en el de los hombres, el pene no se va a mantener erecto por el tiempo suficiente para poder llevar el coito a cabo.

Es esencial que reformulemos nuestra concepción sobre lo que es sexo y lo que no lo es porque ese es el único modo de que no invisibilicemos las experiencias de una gran parte de la población. Además, esto también tenemos que hacerlo por el futuro de nuestra vida sexual, pues nuestro placer no se termina cuando somos incapaces de tener coito y eso es algo que debemos comprender. Aunque todos nos quieran decir lo contrario, nosotros podemos defender la convicción de que ni la intimidad ni el sexo son sinónimos de la penetración.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

TheA logo
Más artículos
Sifrizuela: un meme nostálgico de Venezuela