Vamos a comer c*lo

Nicki Minaj lo menciona en Anaconda, Marnie lo disfrutó en la cuarta temporada de Girls y el internet está minado de memes sobre este acto sexual. No importa cómo te guste llamarlo: rimming, “comer torta”, anilingus o beso negro; a las personas les gusta mamar c*lo y no paran de hablar al respecto en redes sociales.

Sin embargo, esto no es novedad. Mucho antes de que Charlotte York les confesará haberlo hecho a Miranda, Carrie y Samantha en Sex and the City, Wolfgang Mozart escribió la canción Leck mich im ArschLámeme el c*lo en alemán—, la cual consiste principalmente en la repetición de esta petición durante la mayor parte del tiempo de duración de la composición. Antes de él, las culturas precolombinas ya habían representado esta práctica en el arte, tal como expresa Hugo Sotomayor en Representaciones eróticas en el arte de Colombia prehispánica. No obstante y a pesar de las diversas referencias que se hacen a comer c*lo en la cultura popular, aún muchas personas dudan sobre la seguridad de este procedimiento o el placer que produce.

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Durante muchos años, los estudios sobre el anilingus se han enfocado en los testimonios de personas LGBTQ+, según lo que comenta el Dr. Justin Lehmiller en su blog. “Es difícil encontrar datos sobre heterosexuales a los que les guste realizar este acto. Sin embargo, sospecho que no es porque se opongan a él, sino porque a los investigadores con frecuencia no les importa preguntarles”.  Y esto parece ser cierto, pues Charlotte Mia Rose y Chris Maxwell Rose mencionan en el podcast Speaking of Sex que reciben preguntas al respecto provenientes de toda su audiencia sin importar su orientación sexual.

De hecho, en las últimas dos décadas ha cambiado tanto la cantidad de personas heterosexuales que realizan prácticas sexuales que involucran el ano como la actitud que tienen hacia ellas. En 1992, un estudio realizado por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades a individuos de entre 18 y 59 años demostró que un 20% de las mujeres y un 26% de los hombres habían probado el sexo anal. Por otro lado, uno realizado entre 2006 y 2008 expuso que un 39% de las mujeres y un 44% de los hombres lo habían hecho en el último año. Poco a poco, los investigadores se han interesado en explorar el hábito del beso negro en la población heterosexual; por ejemplo, en el artículo Heterosexual Anal Play: Increasingly Popular, Michael Castleman menciona una investigación del 2008 que expone que un 15% de los hombres admitía haber recibido un anilingus y un 24% haberlo realizado.

Igualmente, existe un tabú en nuestra sociedad sobre cualquier actividad sexual que involucre el c*lo porque debido a que es el lugar por donde excretamos, muchos pueden considerarlo una zona sucia, maloliente y hasta pecaminosa. Algunos piensan que “comerle la torta a alguien” puede perjudicar su salud, creencia que principalmente se debe a que, como menciona Lehmiller, el contacto anal-oral se asocia a algunas enfermedades de transmisión sexual como el herpes, el virus de papiloma humano (VPH) y la clamidia, así como puede transmitir alguna infección intestinal. Sin embargo, no es algo que no se pueda evitar con una buena higiene. Rose recomienda principalmente que se limpie el área anal con agua y jabón, si hay planes de hacer rimming interno se debe usar una bulbo de enema con agua tibia —nunca con otra sustancia porque causan daños en esta zona— para limpiar las paredes del recto hasta que el líquido salga limpio y en caso de desear mayor protección se puede usar una separación entre la boca y el ano como una barrera bucal o un condón cortado por un lado y la punta para hacer una superficie plana. 

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Cuando se conocen cómo combatir los riesgos del beso negro, uno se puede enfocar en la parte divertida y placentera de esta práctica porque, como menciona el libro The Orgasm Answer Guide, el área anal posee una densa concentración de nervios que se comunican con el sistema sexual a través del ano, el recto, o, en el caso de los hombres, la glándula prostática. En esta zona se encuentran los nervios pudendos y pélvicos, los cuales transmiten señales sensoriales que pueden producir un orgasmo a través de la estimulación anal o rectal en ambos sexos. Además, el anilingus es una práctica muy adaptable que es posible realizar mientras masturbas a tu pareja —o aventura de una noche— y de este modo aumentar el placer.

El éxito del beso negro recae en el hecho de que todos podemos disfrutar de él. Como dice Lady Gaga en Born This Way, “no importa si eres gay, hetero, bi, lesbiana o transexual”, todos tenemos c*lo y somos capaces de disfrutarlo como nos plazca. Por eso es que tanto Chris Brown como Drake y los protagonistas de Queer as Folk gozan cuando lamen o les lamen “la torta”. 

Sin embargo, si aún no has entrado en la “ola del rimming”, como Esquire bautizó este boom hace unos años, es esencial que conozcas algunas cosas antes de lanzarte a comer un c*lo o a que te lo coman para que se genere la mayor cantidad de satisfacción posible. Alexander Cheves en The Advocate menciona que primero no se debe realizar un beso negro justo después de que el receptor acaba de limpiar su recto, aún puede haber agua atrapada en él y nadie desea recibir una sorpresa líquida en medio del acto. 

Hay que divertirse realizando el anilingus porque, como en cualquier forma de sexo oral, simplemente ejecutar la misma acción, a un ritmo monótono y sin ninguna variante es aburrido y después de un tiempo deja de ser placentero. Cheves recomienda hacer distintos movimientos —zigzag, círculos, cuadrados, triángulos y hasta intentar dibujar las letras del abecedario— con la lengua tanto en el ano como en la zona hipersensible que lo rodea, incluyendo las nalgas y el perineo.

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La respiración es igual de importante puesto que da una sensación placentera que hace contraste con la humedad y además ayuda al ritmo cuando pausas las lamidas para crear expectativa en el receptor. Esta actividad puede incluir el multitasking, entonces puedes tocar los genitales de tu pareja para estimular esta área junto al ano, incluso, si deseas intentar con tu pareja, integra algún juguete sexual para ser más kinky. Incluso si tienes pensado usar tus dientes, trata de que sea con toques suaves y delicados, y está permitido dar mordiscos en las nalgas, pero evita rotundamente hacerlo en el ano. No va a ser agradable, te lo prometo.

Además, también se debe pensar en el tiempo que se va a ejecutar el beso negro porque la saliva se gasta y deja de ser placentero. Por eso, es sumamente necesario que el receptor también tenga un plan activo en el asunto. Aunque claramente su trabajo principal es relajarse y disfrutar de que le mamen el c*lo, también debe mostrar su placer. El rimming como cualquier acto sexual es un trabajo en equipo y si ambas partes colaboran, todo es más satisfactorio.

No obstante, algo que todos los que comen c*lo deben tomar en cuenta es que es necesario amar esta actividad. Si cuando la realizas no sientes una inmensa pasión, tal vez te toque esperar un poco para aprender a apreciar el beso negro, puesto que esa es la única manera de que todas las partes disfruten. Claro, si después de probar el rimming ves que definitivamente no es lo tuyo, existen muchas otras actividades que pueden complacerte e integrarse a tu vida sexual.

Ya sea que desees ser como Drake, a quien le encanta que le coman el c*lo, o como Chris Brown, quien disfruta comerlo, espero que esta guía te sirva para montarte en la ola de rimming y entender las odas al anilingus de Mozart y Nicki Minaj.

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