Lo que quisiera haber escuchado de mis amigas antes de hacer un trío

Recuerdo que en innumerables conversaciones con mis amigas se tocó el tema de hacer un trío y cómo nos sentiríamos al respecto. Todas llegamos a la conclusión de que no soportaríamos ver a nuestros respectivos novios teniendo sexo con otra persona mientras nos quedábamos apartadas mirando. Ahora que lo pienso, nunca tuve una charla honesta con ninguna de ellas sobre lo que en realidad pensábamos, el juicio siempre estaba ligeramente presente: si digo que me gustaría hacerlo, ¿me van a ver como una puta? 

Como mujer, muchas veces me he sentido cortada sobre el deseo de explorar mi sexualidad, principalmente por miedo a ser señalada de una u otra forma porque, básicamente, así funciona la sociedad en la que nos desarrollamos. Cualquier ideal fuera de la monogamia es inadecuado para nosotras. Pero, al contrario, los hombres siempre hablan con ligereza de lo increíble que sería estar con dos mujeres a la vez, todo lo que harían y cómo se pondrían. O, acaso, ¿no han tenido un novio o pareja que les haya insinuado/pedido/rogado hacerlo con alguien más?

Estamos rodeados de sexo. A pesar de que está confirmado que nuestra generación es la que tiene menos relaciones sexuales, según un estudio coordinado por la Universidad de San Diego y publicado en la revista científica Archives of Sexual Behavior, estamos en contacto con este contenido todo el día y tenemos mucho más acceso a él que generaciones pasadas. Creo que esto es un determinante para entender que hay más opciones que las que se te están presentando en tu vida sexual y depende de ti adentrarte en ello, o no.

Entonces, llegó el día en el que me di cuenta de que disfrutaba mucho excitar a mi novio hablándole de otras mujeres más que, simplemente, sextear entre ambos. Así entendimos que teníamos la posibilidad de incluir a alguien más en nuestra dinámica sexual.

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No quería tener un trío porque alguien me lo hubiese pedido. No quería sentirme como si estuviese haciéndole un favor a mi novio, consintiendo de alguna manera sus deseos sexuales. Quería hacerlo juntos y participar en el proceso. 

No logro recordar cómo llegamos al punto donde hablar sobre un trío se había convertido en una conversación cómoda en su totalidad y lo comentábamos cada vez que podíamos. Aún así, internamente, todavía no estaba completamente segura de hacerlo. Mi principal miedo era que no quería sobresexualizarme, mi plan no era ser una referente de actriz porno por haberlo hecho. O, por el contrario, no quería ser Erika Schwarzgruber y ser eternamente considerada una víctima de una mala decisión que marcó mi vida.

Además, ¿qué pasaba si terminaba esa relación? ¿Tendría que enfrentarme a decirle a otra persona que ya había hecho un trío? No necesariamente porque lo hubiese hecho esa vez estaría convencida de repetirlo en cualquier otra relación que llegase a tener en el futuro. 

Al final entendí que la manera en la que quiero ser vista depende de mí. No quiero que, por ser mujer, otros determinen cómo debo comportarme sexualmente o qué decisiones debo tomar al respecto. De hecho, debo admitir que, si hay una experiencia que me ha hecho sentir empoderada y me ha llevado a celebrar mi femineidad, es haber tenido relaciones con dos personas. 

Ahora bien, nunca había estado con otra mujer, lo cual también representaba un reto para mí porque significaba explorar muchas aristas a la vez. Siempre supe que las personas de mi mismo sexo me generaban cierto interés, por eso quería hacerlo con una niña y no otro niño. 

Repentinamente, mi novio y yo nos sumergimos en una pequeña aventura que pasaría a ser una gran parte de nuestra relación. Empezamos a visitar Tinder, con frecuencia y con extrema curiosidad, para saber si podíamos encontrar a una chica que estuviese dispuesta a tener un trío con nosotros, alguien con quien, además, hiciéramos alguna especie de clic. 

Pero recordemos por un momento lo complicado que es “hacer clic”. Aquellas cosas incómodas y desesperantes que implica hablar con alguien por primera vez, entre esas planear la cita ideal e intentar textear con naturalidad, son conocidas por todos. Ahora, imaginen todo eso en un panorama donde le tienes que decir a una persona en las primeras líneas que tu interés es tener un trío. Desastroso. Pero, plot twist, debo admitir que no nos costó demasiado. Hay más gente curiosa allá afuera de la que se imaginan. 

Todas las dudas y miedos que tengas al respecto también los tuve, pero creo que lo más importante radica en los celos. Y no hablo de celos banales que te hacen preguntarte si tu novio está hablando con alguien más o por qué siempre está en línea en WhatsApp. Me refiero a una realidad donde lo vas a ver tocando y seduciendo a otra persona. 

Debo confesar que aquí se encuentra el aspecto más tricky de todo el asunto: ¿qué pasa cuando entiendes que no es tu novio teniendo sexo con alguien más mientras tú observas, sino que logras ver que son una pareja conquistando a alguien más? No llegué a comprender esto hasta que tuve mi primera experiencia, cuando me di cuenta de lo empoderados que nos hizo sentir como novios hacer algo tan divertido y excitante sin perdernos en el intento. Y este es el punto importante: no hubiese conseguido una opinión así de nadie cercano, no solo porque no lo habían hecho aún, sino porque la convención social suele ser satanizar cualquier experiencia sexual que incluya a más de dos personas.

La clave de todo: la confianza. Creo que nada de esto tiene sentido sin un nivel de confianza extremo. Conmigo misma. Con mi pareja. Se trata de establecer límites y conocerse mutuamente. Es un proceso de redescubrimiento donde pueden afirmar que realmente saben lo que le gusta al otro y a ustedes mismas, y pueden complacerse con base en eso. Incluso te ayuda a entender otros aspectos de ti durante el sexo que, tal vez, no habías visto antes.

No quiero decir con todo lo anterior que los celos no existen ni estarán presentes en ningún momento. Existen, los vas a sentir, es inevitable. El punto está en entender que estás realizando un trabajo en equipo, es un esfuerzo de ambos el lograr que todas las personas involucradas sean complacidas durante el acto. Es decir, nadie debe quedarse por fuera, todos participan en todo momento. La llave es la coordinación y se obtiene con la práctica. 

Ahora bien, me gusta la idea de convertirme en un referente amigable para este tema porque, como ya mencioné, me hubiese gustado tenerlo en el momento que decidí que quería tener sexo con más de una persona. Y, aún más, me agrada ser un ejemplo real y relacionable, y no uno salido de Pornhub. Porque, dato importante, es totalmente errada la creencia de que los tríos son organizados y limpios; en realidad es un acto increíblemente torpe, incómodo, acuoso y más gracioso de lo que creerían.

Quiero que, como mujeres, logremos vencer las barreras sociales que se nos imponen en cuanto a lo que deberíamos o no hacer con nuestro cuerpo porque, como dijo el chef Anthony Bourdain —que seguramente nunca pensó que su frase terminaría en un artículo sobre este tema—: “Tu cuerpo no es un templo, sino un parque de diversiones. Disfruta el viaje”. Yo tomo mis decisiones con respecto a él, incluyendo explorar mi sexualidad de la manera en la que me parezca conveniente. 

Con esto, finalmente, me refiero a que dejemos de pensar que estamos condicionadas a vernos o ser de una manera específica. Tenemos el poder de elegir las cosas que más nos satisfagan y nos hagan felices. Eso sí, recuerden que la seguridad es muy importante en el parque de diversiones y depende de cada quien. Aquí nadie está interesado en montarse en la montaña rusa del VPH.

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