¿Cómo ser un buen aliado de la comunidad LBGTQ+?

La forma en la que mis amigos heterosexuales me ayudan a batallar contra la homofobia

Los heterosexuales ayudan a crear espacios seguros

Esto no es un secreto: “Todos mis amigos son m*ricos, pero yo soy el único homosexual” es la frase que uso con mayor frecuencia para describir la relación que tengo con algunos hombres heterosexuales. Con ella no quiero expresar que soy un “tipo serio”, ni que la masculinidad tóxica me atrapó y creo fielmente que debo cumplir con cómo debe ser un hombre. Sencillamente me apropio de las palabras despectivas que se le puede atribuir a mi orientación sexual, para demostrar cómo todos somos un poco “gay”.

Mi deseo de ponerle una lupa al empleo burdo de estas palabras nace del hecho de que hacerlo me ha ayudado a resaltar las heridas que esto deja en nuestras vidas: alimenta prejuicios que aumentan las inseguridades, la baja autoestima y la hostilidad de una parte de la población. Hablando sobre cómo la homofobia me afecta y sobre las cosas que conozco de la transfobia, entre otros temas, puedo generar dudas y de algún modo lograr que mis seres queridos se pregunten cómo me pueden ayudar, o mejor: ¿cómo ser un buen aliado de la comunidad LGBTQ+?.

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Un heteroaliado o aliado se puede definir como una persona que —a pesar de no formar parte de la comunidad LGBTQ+— apoya los derechos civiles del movimiento. La Universidad de Illinois Springfield lo explica como un individuo heterosexual que confronta el heterosexismo, posee una preocupación por el bienestar de los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales, y cree que el odio hacia la comunidad es un problema de justicia social. Es esencial conocer qué significa este término para poder entender el modo en que ellos pueden acompañar a este colectivo en sus batallas.

Aunque es una manera importante de catalogar a las personas que luchan contra la violencia hacia los homosexuales que se toman las manos en las calles, contra el mal uso de pronombres escogidos por transgéneros, contra la mención de la bisexualidad como una “fase”;  también es esencial entender que ser un heteroaliado se basa más en las acciones y no en el uso de la palabra para identificarse. Si alguien llegara a mí y se presentara usando ese adjetivo, me sonaría un poco fuera de lugar, puesto que no se trata de una simple calificación, sino más bien es una suma de cosas la que te lleva a convertirte en uno. Hay que entender que se puede ser un buen aliado de la comunidad, pero también se puede ser uno malo  —que no es lo mismo que ser homofóbico— y terminar haciendo más daño del que se cree.

Desde mi experiencia, es imposible decir que todas las personas que son cercanas a mí pueden identificarse de este modo, pero sé que de vez en cuando ellas realizan acciones que me ayudan a estar más seguro sobre mi sexualidad y no me juzgan. Cumplen con algunas de las características de un buen aliado de la comunidad LGBTQ+, incluso cuando no están conscientes de ello y su meta es simplemente cooperar con un amigo y no con una minoría.

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La Dra. Jennifer O’Brien expone en Psychology Today una serie de herramientas para poder ser un buen heteroaliado. Ella expresa que lo esencial es establecer un sentido de confianza y seguridad para crear un ambiente en el que un miembro de la comunidad LGBTQ+ se pueda sentir acompañado y querido. Cuando te preguntas cómo ser un buen soporte para otro que está viviendo un proceso que es ajeno al tuyo, eso ya es una paso importante. Es el detonante de un procedimiento de comprensión que es fundamental para ayudar a una comunidad. Si después de eso deseas ser uno, ya parte del viaje está hecho.

O’Brien empieza sus consejos resaltando la importancia de escuchar con mente abierta. Un espacio seguro inicia con atender los problemas de la persona cercana a ti para lograr desarrollar tu propio entendimiento de su situación sin juzgar y sin intentar cambiar su perspectiva. Esto no solo incluye oír de manera cuidadosa, sino preguntar cualquier duda sin asumir nada. Es mejor ser curioso que dar tu visión por sentada.

Todo esto se conecta con la segunda sugerencia. El mundo está lleno de estereotipos errados sobre los individuos LGBTQ+. Si deseas colaborar con alguien es primordial que creas en su narrativa. Cada experiencia es distinta, no es tu trabajo intentar encajar su historia dentro de moldes preconcebidos que la sociedad te impone. Conociendo su camino, podrás comprender cómo fue su recorrido para hacer las paces con su identidad. Esto es tan importante como aceptar y usar los pronombres y términos de modo apropiado. Si una persona transexual te pide que te refieras a ella o él de un modo específico, acéptalo y haz tu mejor esfuerzo, incluso si al principio te cuesta un poco. Lo significativo es que se note que los intentas.

Ser un defensor y conectar con otros recursos son otras recomendaciones de O’Brien. Estas pueden enlazarse más con la idea del activismo, pero son en realidad pequeñas acciones que no tienen que ver simplemente con proteger a un colectivo, sino con usar los conocimientos que absorbes para hacer el bien ante las personas LGBTQ+. Claro, también son importantes las grandes demostraciones de apoyo, pero seguramente para los individuos que te importa proteger son más notables las acciones pequeñas y cercanas.

Hace poco entendí la importancia de toda esta situación cuando uno de mis amigos más cercanos me confesó que él era, según sus palabras, algo homofóbico antes de conocerme. Gracias a ese pequeño comentario fue que comprendí cómo ambos habíamos cambiado la vida del otro, cómo el cariño y la fraternidad pueden traspasar creencias y prejuicios. Él me escuchó en muchos momentos y no juzgó mi travesía. Tomó la decisión de acompañarme y aunque esto no lo convierta en el mayor defensor de los derechos LGBTQ+ y él ni siquiera esté consciente de ello, se convirtió en un pequeño aliado de la comunidad.

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El interés por ayudar no siempre se traduce en buenas acciones. Cuando el apoyo a una minoría se basa en el propio beneficio de una persona sin comprender los verdaderos problemas del colectivo, en ese momento es cuando se tergiversa la idea. Un ejemplo de esto es cuando las mujeres escogen un espacio LGBTQ+ para realizar una despedida de solteras porque encuentran seguridad en estos sitios, pero al mismo tiempo irrespetan el lugar y a las personas que ahí conviven sin estar conscientes de su privilegio. ¿Suena como algo justo?

Hay muchos otros ejemplos que pueden explicar este asunto y los aliados tienen que entender que existe una delgada línea que separa las acciones que suman de las que restan. Por eso es importante preguntar, y crear debates y conversaciones junto a tus amigos LGBT+ para comprender dónde empiezan y terminan esos límites. Yo he logrado entender que las discusiones con mis amigos sobre machismo, masculinidad tóxica y, específicamente, LGBTfobia me ayudan observar esos indicios de discriminación en mi propio ser.

La aversión hacia las lesbianas y gays crea en jóvenes que se identifican de este modo, grandes niveles de estrés y consecuencias negativas en su salud mental. Esto lo menciona O’Brien en otro artículo, donde también expone que la discriminación hacia estas personas lleva a que ocurra un mayor nivel de abusos de sustancias, así como existen las posibilidades de que los afectados tengan sentimientos de tensión, ansiedad y depresión. La intolerancia hacia su identidad lleva a un círculo vicioso en el que ellos mismos discriminan a sus pares y no se permiten realizar ciertas acciones. Se vuelven víctimas de la homofobia internalizada.

Cuando este grupo incorpora los estereotipos, los significados negativos y los prejuicios de la sociedad a su autoconcepto de homosexualidad, ese es el momento en el que inicia un problema de aceptación que afecta la salud mental de estos individuos. Esto es lo que explica Luis Ortiz-Hernández en la Influencia de la opresión internalizada sobre la salud mental de bisexuales, lesbianas y homosexuales de la Ciudad de México; él expresa que “la percepción del estigma por homosexualidad se refiere a las expectativas que tienen los bisexuales, las lesbianas y los homosexuales sobre las posibles actitudes y reacciones que pueden tener otras personas debido a su orientación sexual”.

En mi adolescencia, reprimí muchas cosas para poder sentir que estaba a gusto con mi entorno, incluso cuando veía que quienes me rodeaban no tenían ningún problema con otras personas homosexuales que convivían conmigo en lugares como el bachillerato. Yo mismo deseaba alejarme o no ser asociado con ellos. Me ocultaba y no solo tenía una idea negativa de los demás, sino también de mí mismo. Fue con el tiempo, con la pérdida del miedo a no encajar y con el amor de las personas que me rodeaban que logré eliminar esas ideas negativas de mi sistema.

Ortiz-Hernández expone que desde su niñez, los individuos aprenden los significados negativos del colectivo LGBT+ para luego aplicarlos en ellos mismos. Los niños que a la larga se identifican como homosexuales “desarrollan frecuentemente una conciencia de ser diferentes en un momento temprano de sus vidas. Aunque no puedan entender el significado preciso de su diferencia, rápidamente aprenden que se evalúa de forma negativa”. Al madurar, lo integran a su ser y empiezan a juzgarse no solo a ellos, sino a otros por estas ideas erradas que los minimizan. Esto lleva a un proceso de ocultamiento en el que intentan invisibilizar las expresiones conectadas a esta minoría, ya sea porque consideran denigrantes estos rasgos, o para evitar que otros los valoren negativamente o los agredan.

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Por esto es importante que si deseas ser un aliado, entiendas lo esencial que es eliminar estos pensamientos nocivos y no incentivarlos para que de este modo tus amigos que se identifiquen como parte de la comunidad LGBT+ puedan sentirse más cómodos en un ambiente en el que predomina la heterosexualidad. Hace algunos días, estaba junto a mis amistades viendo la final de la Champions League; cuando el juego se puso muy malo, lo único que me permitió concentrarme fue prestarle atención a la belleza de los jugadores y sin ninguna pena, empecé a comentarlo en voz alta con una amiga. El resto de los hombres en la sala no se sintieron incómodos con lo que decía, incluso uno de ellos me mostró a Alisson Becker en FIFA 2019 para ver si me parecía igual de atractivo en su versión animada. Efectivamente lo era.

Con esto quiero demostrar que los heteroaliados pueden hacer cosas de lo más simples para crear espacios seguros. Establecer ambientes de apoyo para los homosexuales, bisexuales y transexuales es necesario para que logren expresarse libremente. La Dra. Michele Ybarra en The Power of Supportive Environments for LGBT+ Youth para Psychology Today expone algunas investigaciones que muestran que, por ejemplo, en las escuelas que poseen grupos de Alianza Gay-Hetero, los índices de bullying hacia los jóvenes del colectivo LGBT+ disminuyen y hay un mayor aprendizaje que permite que los adolescentes que están en el proceso de autodescubrimiento puedan salir del clóset con mayor facilidad.

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Todas las razones y los consejos que les doy pueden parecer muy sencillos, pero internalizarlos toma tiempo y trabajo. Sé, por ejemplo, que existen personas que rechazan la figura del heteroaliado, pero desde mi propia experiencia les puedo asegurar que mis amigos heterosexuales han sido una pieza importante en mi aceptación como homosexual. Ellos exaltan en muchos momentos mis rasgos histriónicos, me escuchan para entender mi historia y mi punto de vista, y cada vez que digo “Todos mis amigos son gays, pero yo soy el único homosexual”, están claros de que esa es una de las maneras en las que lucho contra la masculinidad tóxica y la homofobìa internalizada.

Así que ya sabes, si deseas ser un aliado de la comunidad LGBTQ+, aprovecha cualquier pequeño momento para escuchar, entender y no juzgar las travesías de tus seres queridos cercanos que se identifiquen como lesbianas, gays, bisexuales, queer o transexuales. Del mismo modo en que en Queer Eye los fabulosos cinco logran llenar de alegría la vida de muchos heterosexuales, tú también puedes ayudar a alguien a sentirse apoyado y querido.

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