El agua de baño de Belle Delphine y el negocio del fetichismo del ‘cosplay’

El agua de baño de Belle Delphine y el negocio del fetichismo del ‘cosplay’

El 2 de julio del 2019, Belle Delphine anunció en Instagram un nuevo producto de su recién lanzada tienda virtual: Gamergirl Bath Water, un recipiente lleno del agua con la que se baña. Esta información la publicó junto a un par de videos en los que está jugando dentro de una bañera mientras llena varios envases de agua, lo que generó un revuelo entre sus 4.1 millones de seguidores, quienes no perdieron la oportunidad de obtener esta particular mercancía por $30 el tarro, logrando que se agotaran las 500 unidades disponibles en su primer día a la venta.

Belle Delphine sosteniendo Gamergirl Bath Water
Belle Delphine

Este hecho se hizo viral ocasionando reacciones de todo tipo en el internet. Primero, una cuenta de Twitter que se hizo pasar por el Daily Mail y alegó que cincuenta personas se habían contagiado de herpes por consumir esta agua de baño. Luego, salió una serie de videos falsos en los que personas la beben, la colocan en vapers para fumarla o la usan para cocinar. Sin embargo, la reacción más popular fue la de reportar la cuenta de Instagram de Delphine, por lo que esta fue eventualmente suspendida. Lo cierto es que, aunque todo este asunto parezca muy extraño y a algunos les disguste lo suficiente para denunciar a esta figura en redes sociales, hay una razón por la que existe un target capaz de comprar Gamergirl Bath Water.

Esta influencer inició su vida en el mundo virtual a los 14 años, cuando empezó a subir fotos a Facebook haciendo cosplay, una actividad que incluye asistir a convenciones o realizar sesiones de fotos usando disfraces y utilería inspirados en personajes ficticios. Sin embargo, este no se convirtió en su trabajo hasta que a los 18 años abrió su cuenta de Instagram. En ella, Delphine se enfocó en subir contenido hipersexualizado en el que usaba elementos del mundo geek que fácilmente llamaban la atención de un grupo específico de personas.

Rolling Stone asegura que su estética de colores pasteles, pelucas y largas pestañas postizas —característica de las cosplayers japonesas—, la práctica de los gestos de ahegao, —un término japonés que se refiere a las expresiones de los personajes femeninos de pornografía animada, también conocida como hentai y la explotación del estereotipo de que las mujeres gamers buscan ser sensuales para llamar la atención fueron los componentes claves que le permitieron a Belle Delphine ganar más de un millón de seguidores y crear su propio negocio. Su éxito es evidente en su página de Patreon, la cual tiene más de 4.000 usuarios que pagan entre $1 y $2.500 para observar material detrás de cámara de sus sesiones de fotos o tener acceso al Snapchat privado de la influencer de 19 años. Esta popularidad se debe a que el cosplay, poco a poco, ha pasado de ser una simple afición a una industria.

Frasco de Gamergirl Bath Water.
Belle Delphine

En  “Cosplay”: Imaginative Self and Performing Identity, Osmud Rahman, Liu Wing-sun y Brittany Hei-man Cheung señalan que el origen del término cosplay se le acredita a Nobuyuki Takahashi, quien en 1983 habló de kosupurecosplay en japonés— en un número de My Anime.

No se tiene muy claro exactamente dónde y cuándo comenzó esta práctica en el occidente puesto que la información que existe sobre el tópico ha sido recolectada principalmente por fanáticos y aficionados, como expresa Theresa Winge en Costuming the Imagination: Origins of Anime and Manga Cosplay. Winge expone que algunos afirman que empezó en la década de los sesenta en Estados Unidos, donde individuos se vestían y actuaban como sus personajes favoritos de Star Trek y Batman. Otros dicen que se adoptó de Japón cuando se crearon clubes de fans de anime y manga. 

Desde ese momento hasta la actualidad el crecimiento de esta afición ha sido inmenso y ha permitido que surjan distintos negocios encargados de ayudar a crear la magia detrás de los trajes. En Cosplay in The USA, Shelby Flatt menciona que “en los últimos años han surgido desde compañías que producen colas de sirenas por encargo hasta fotógrafos que se enfocan exclusivamente en retratar cosplayers”. La autora explica que aunque sigue siendo un nicho muy pequeño, empresas enfocadas en esta práctica hacen una gran cantidad de dinero. Por ejemplo, una réplica de un arma puede costar hasta $100.000, incluso cuando está hecha de madera.

Belle Delphine como Link de La Leyenda de Zelda.
Belle Delphine

La razón de este desarrollo se debe a que la subcultura crea un sentido de colectividad tanto en las convenciones como en la comunidades que se forman en el internet, según Flatt. “Muchos comparten fotografías y tutoriales en sitios web para ayudar a difundir la palabra de esta subcultura, reduciendo la dificultad de esta práctica para los nuevos integrantes de este mundo”. Gracias a esto, Belle Delphine ha podido encontrar un grupo de individuos que se interesan en un contenido que se aprovecha de la visión común de las mujeres en el mundo geek y la usa a su favor.

Aunque los personajes femeninos de cómics y mangas son lo que hacen que las mujeres conecten con el material, estos siguen estándares de belleza poco realistas y/o son representados de un modo hipersexualizado, lo cual genera una polémica sobre su cosificación en las historias. No obstante, en The Sexy Pikachu Effect: Empowerment and Objectification in Women Who Cosplay, Sophia Lamp explica que ellas “se identifican con estas representaciones más allá de sus diseños sexualizados —con La Mujer Maravilla de DC Cómics por su fuerza y coraje o con Lara Croft de la serie de videojuegos Tomb Raider por su inteligencia y audacia— y escogen hacer cosplay de ellas para mostrar su amor [por los personajes]”. De todos modos, Lamp también manifiesta que existe otro grupo de integrantes de esta subcultura que rediseñan figuras no sexualizadas para que adquieran un aspecto erótico.

Esto genera un debate entre los que creen que estas prácticas benefician el empoderamiento del género femenino y los que piensan que incrementa su cosificación. El primer grupo afirma que quienes usan este tipo de trajes y muestran su cuerpo sin remordimiento sienten confianza en sí mismos, y que juzgar a las mujeres por cómo hacen cosplay es un intento de minimizar la presencia de ellas en esta subcultura y perpetuar el estereotipo de la falsa geek girl que únicamente busca atención. El segundo grupo menciona que el uso de vestimenta sexy eclipsa el aspecto creativo de esta actividad y alimenta la expectativa de que las cosplayers deben ser sensuales o adaptarse a los estándares de belleza para sentirse seguras de sí mismas. 

En Cosplay in the perspective of rape culture. Context, origins and conditions, Daria Wrona menciona que actualmente el cuerpo representa tanto una propiedad como una “moneda” para nuestra sociedad. Según ella, gracias a la revolución sexual que ocurrió a mediados del siglo XX, nuestra figuras no solo son medios para expresar nuestra identidad sino que también funcionan como recursos a través de los cuales podemos conseguir algún beneficio. Esta dualidad ha permitido tanto que la gente sienta mayor seguridad en su propia piel como que se tergiversen esas ideas y nuestra forma sea vista como un simple objeto del cual pueden hacer uso. Que el cosplay sea un negocio que utiliza el cuerpo como el núcleo de su mensaje hace que sea más sencillo que la autocosificación esté presente en las representaciones creadas.

Belle Delphine como Cindy Aurum de Final Fantasy
Belle Delphine

Por esto es que cosplayers como Belle Delphine se autosexualizan para alimentar los deseos eróticos de su audiencia y así obtener dinero de esta actividad, puesto que, como dice Kane Anderson en Becoming Batman: Cosplay, Performance, and Ludic Transformation at Comic-Con, el cosplay hace de lo imposible un fetiche, pues alimenta la idea de que los individuos pueden tener contacto sexual con personalidades ficticias. De hecho, Delphine tiene seguidores que buscan su contenido para fantasear con Harley Quinn o D.Va de Overwatch, sin embargo, se ha convertido en una figura con nombre propio cuyos fanáticos anhelan.

Lauren Orsini, periodista especialista en fandoms y cultura japonesa, le explicó a Rolling Stone que Belle Delphine bordea la línea entre lo inocente y lo sexy, lo que le facilita usar su sex appeal agresivamente jovial para aparentar que es casta y sexualmente inaccesible. Sin embargo, acciones como la venta del agua con la se baña permiten que sus seguidores sientan que se vuelve alcanzable de algún modo. 

Este tipo de estrategias no son raras en esta subcultura. Princess Berlp, una cosplayer y actriz porno, le expresó a la misma revista que aunque para el resto de la población estas prácticas son extrañas, son algo común dentro de la industria del entretenimiento para adultos. “La gente compra mi orina y mis flujos vaginales, entre otras cosas. Lo veo como una acción normal, incluso una vez vendí mi basura”, mencionó Berlp.

Como podemos ver, existe un público interesado en mercancías muy raras y si estás dispuesta a convertirte en una ficción inaccesible de ti misma en el internet, puedes poner este negocio entre tus opciones laborales. Por otro lado, actualmente no sabemos qué le depara el futuro a Belle Delphine sin su Instagram y con una cuenta de Twitter con muy poca actividad, pero les puedo asegurar que orquestó uno de los hechos virales más insólitos de este año y eso no se lo va a quitar nadie.

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