Acepta tus fantasías sexuales, tu cuerpo te lo agradecerá

Todos tenemos una fantasía sexual. No importa si se trata de tener sexo en público o probar el sadomasoquismo, el hecho es que todos hemos dejado viajar nuestra imaginación para pensar en esas situaciones eróticas que nos harían llegar a un éxtasis de otro mundo.

Aunque es usual que tengamos este tipo de ilusiones, no todos llegamos a volverlas una realidad. Muchos tenemos miedo de intentarlo porque nuestra imaginación puede llevarnos a soñar con situaciones tan extrañas que la idea de convertirlas en un hecho nos asusta. Sin embargo, las dudas solamente estancan nuestra muy necesaria exploración.

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El sueño de la esposa del pescador (1814)
Katsushika Hokusai

Cuando hablamos de una fantasía sexual, nos referimos a cualquier imagen mental que produce una reacción de excitación en la persona. Como actos de imaginación, son creaciones individuales que no están necesariamente conectadas a estímulos exteriores o a acciones que realizamos, sino que más bien representan un reflejo de nuestro mundo interno, de nuestros deseos y nuestros miedos. En The Secrets of Sexual Fantasy, el psicólogo Glenn Daniel Wilson destaca que una fantasía sexual puede aparecer de diversas maneras para cada individuo: puede ser una historia elaborada o un pensamiento fugaz de connotación erótica; una representación realista o una imagen extraña; una memoria o un sueño alejado de la experiencia. 

La frecuencia con la que cada quien tiene una fantasía sexual es variable. Sin embargo, los hombres suelen ser los que las imaginan más veces al día, con un promedio de siete veces diarias, mientras que las mujeres lo hacen unas cinco veces, según una investigación hecha por Harold Leitenberg y Kris Henning. Por otro lado, cuando nos referimos al hecho de tener estas fantasías durante las relaciones sexuales, normalmente ambos sexos lo hacen con la misma frecuencia. Por ejemplo, un 5.4% de los hombres y un 6% de las mujeres admiten que lo hacen casi siempre; en cambio, un 53.2% y un 55.4%, respectivamente, lo hacen algunas veces.

En su libro S.O.S Sexo. Cómo activar las hormonas que sanan y rejuvenecen más allá de tu género y edad, el doctor Rubén Mühlberger destaca que las ilusiones eróticas más comunes para ambos sexos son variadas y pueden ir desde acciones sencillas de realizar como observar a la pareja masturbarse o hacer un role play, hasta actividades que representan un tabú, como el voyeurismo, las orgías, los trios o el sexo en un lugar público. Lo importante es no negar lo que nuestra imaginación crea, aunque a veces se trate de situaciones muy alocadas, pues esto implicaría reprimir nuestros deseos sexuales más íntimos.

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Before the Deluge (1615)
Cornelis van Haarlem

Además, la aceptación de los pensamientos y estímulos eróticos tiene una gran conexión con la erotofilia —una actitud positiva hacia la sexualidad—, según un estudio de la Universidad de Granada. En él, se evidencia que existe una proporcionalidad entre el número de fantasías sexuales que tiene una persona y la cantidad de deseo sexual que experimenta la misma, puesto que de las 608 personas entrevistadas —quienes tenían de 13 y a 43 años—, un 32% de los hombres y un 18% de las mujeres mostraban tanto inhibición del deseo sexual como un bajo nivel de erotofilia y un número disminuido de fantasías sexuales. Estas cifras se pueden interpretar como una prueba de que, al reprimir nuestras ilusiones eróticas, no llegamos a comprender a plenitud cuáles son las situaciones que nos excitan porque ocultamos una parte esencial de nuestra sexualidad que funciona como una herramienta de autoconocimiento que ayuda a maximizar el placer.

Aunque las fantasías sexuales existen en nuestro mundo interior, no están aisladas en su propia burbuja, ya que son un elemento integral en la dinámica de una relación amorosa o sexual. Tener ilusiones eróticas con la pareja funciona como un mecanismo para mejorar la calidad de la excitación de un matrimonio o un noviazgo, puesto que ayuda a estimular la imaginación y asegurar la satisfacción. Las parejas que exploran sus fantasías usualmente tienen una buena comunicación sexual debido a que el ensayo y error que implica llevar estos sueños a la práctica incita a dialogar sobre el placer y la satisfacción. Adicionalmente, la materialización de las ilusiones eróticas ayuda, más que todo, a las relaciones que se encuentran en una etapa de poca espontaneidad, ya que puede incrementar el apetito erótico y activar la pasión, generando una mayor conexión entre las partes de una unión sentimental.

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Secretary (2002) de Steven Shainberg
Lions Gate Entertainment

Por otro lado, Charlotte Mia Rose y Chris Maxwell Rose, en su podcast Speaking of Sex, afirman que las fantasías sexuales son la fuerza ingeniosa de nuestra vida sexual puesto que nos incentivan a ir más allá de lo predecible y orquestar momentos carnales, lo cual se puede percibir como un taller de exploración. Los seres humanos somos criaturas creativas y el modo en que tenemos sexo lo refleja porque no nos acostamos con otros solamente para procrear u obtener placer, sino que expresamos emociones o cementamos relaciones a través de esta acción. Por eso, las fantasías sexuales son una herramienta que permite diseñar una vida erótica que refleje nuestra originalidad al mismo tiempo que satisfacemos nuestros deseos sexuales.

Para lograr explorar este aspecto de nuestra vida, debemos conversar al respecto con el individuo con quien deseemos experimentar, para conocer hasta qué punto estas fantasías se pueden hacer realidad y hasta dónde está dicha persona dispuesta a llegar. No podemos aferrarnos a la idea de crear una copia fidedigna de lo que está en nuestras cabezas porque las fantasías sexuales son un objeto de nuestra imaginación y pueden no traducirse bien a la realidad. Por esta razón, debemos estar abiertos a realizar versiones más pragmáticas de nuestros sueños. Por ejemplo, si quieres que alguien te vea coger y tu pareja no se siente cómoda con esta situación, pueden grabarse mientras lo hacen para crear la ilusión de que un sujeto se encuentra observándolos en la habitación. 

Las fantasías sexuales son algo muy individual que nos permite conocer nuestros deseos desde una nueva perspectiva. Por eso aceptar que las tenemos, conversar acerca de ellas e intentar usar el acto sexual como un laboratorio para averiguar cómo funciona nuestra excitación es indispensable no solo para obtener satisfacción, sino para conocer mejor ese aspecto de nuestras vidas. Así que si ya tienes una fantasía en mente, es hora de ponerte kinky

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