La violencia de género crece en Venezuela, pero pocos lo notan

Por Ariana González

Según ONU Mujeres, las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial.  Es curioso que con esta cifra en mano nos asumamos como minoría y aún debamos dar la lucha por el respeto a nuestros derechos, lucha en la cual se ha logrado mucho a lo largo del tiempo y cientos de miles de mujeres alrededor del mundo continúan el camino que alguna vez comenzaron a abrir otras. 

Puede que el hecho de que la globalización esté en pleno apogeo y cada vez sean más las voces que se alzan en pro de la reivindicación del género femenino, nos haga pensar que el maltrato a la mujer quedó atrás. Sin embargo, la realidad es que en nuestro país aumenta silenciosamente. 

Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), en lo que va de año treinta menores de edad quedaron huérfanos de madre a causa de hechos de violencia en el Área Metropolitana de Caracas, Cifra que se acerca a la total del año 2018, que registró 45 casos. 

Estas cifras hablan de feminicidios —término que empezó a usarse en la década de los setenta para referirse al “asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”, según lo define la Real Academia Española, la cual no admitió esta palabra sino hasta el 2018— de madres. Sin embargo, estas no son las únicas víctimas. Lamentablemente, en Venezuela ha incrementado la violencia de género en todas sus formas. Desde la violencia psicológica y verbal hasta la consumación de feminicidios. Durante el año 2018 se registraron 448 asesinatos a mujeres. 

En Venezuela está vigente la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual contiene 126 artículos y contempla 21 formas de violencia. Es una ley robusta que trata de contemplar todos los aspectos para proteger a la mujer. Sin embargo, el problema de fondo no es la existencia de la ley, sino su cumplimiento. 

En Venezuela está mal visto socialmente que una mujer sea víctima de violencia, pero no solo por el hecho de que el hombre abuse de ella, sino porque “ella se deja”. 

Hace poco tiempo, supe de un caso que me marcó de por vida. Ella, una mujer treintañera con estudios universitarios, bella, trabajadora y brillante. Él, un hombre en sus treinta, inteligente, destacado en su oficio. Ambos trabajadores de clase media alta y de familias de buenas costumbres. A los dos los conozco. 

Una vez hablé con ella y comenzó a contarme el horror que significó estar con él. Vivió episodios donde no podía salir de su casa para que ni su familia ni amigos vieran los moretones que le causaban las golpizas que él le propinaba. Pedir ayuda en cualquier lugar para escapar de él se volvió algo normal. 

Una de las últimas golpizas la mandó al médico. Llegó a la clínica inventando cualquier excusa para explicar sus golpes. Le ordenaron usar collarín y ella les dijo que había tenido un accidente a quienes la llegaron a ver así. 

Todo esto me sorprendió y me dio miedo. Es un hombre aparentemente ejemplar, jamás lo he escuchado levantar la voz y es muy educado al dirigirse a cualquier persona. Es un caballero de esos que les dan paso a las mujeres o les abren la puerta del auto para que se suban. Cuando conoces a un hombre así y te cuentan esto, primero dudas. No obstante, luego recordé que ella no es la primera mujer que lo exponía por las mismas razones.  

Mi pregunta obvia fue: “¿Por qué no lo denunciaste?”, a lo que ella respondió: “Sentía vergüenza”. 

La vergüenza social, el miedo y la falta de confianza en las instituciones son algunos elementos que permiten que reine el silencio respecto a la violencia de género.

Durante el año 2015, el Instituto de Defensa de la Mujer del Área Metropolitana de Caracas declaró que 452 mujeres admitieron no haber denunciado su caso por miedo. Algunas son amenazadas por sus parejas y otras temen quedarse sin sustento económico. La mayoría, sin embargo, formula la denuncia luego de conocer el contenido de la ley. 

Venezuela está pasando por un momento duro en todos los sentidos. Es el país más violento de América Latina con una tasa de 81,4 muertes violentas por cada 100.000 habitantes y tuvo un total de 23.047 fallecidos durante el 2018. Por supuesto, la violencia de género no escapa de ello. 

Una gran diferencia entre un homicidio o feminicidio y una agresión verbal, psicológica o física es que un asesinato no se puede ocultar. La violencia de género, a veces, se presenta en formas que pueden pasar desapercibidas. 

¿Qué necesitamos?

Educarnos y educar sobre la violencia de género y sus consecuencias. Necesitamos dejar de ser tolerantes con los gritos, los empujones, los insultos o los comentarios denigrantes. Incluso debemos dejar de tolerar comentarios lascivos cuando transitamos la calle. Las mujeres no somos minoría y no debemos permitir que lo que hasta ahora ha sido “normal” siga siéndolo. 

Visibilizar los casos de violencia de género es un importante paso para ir sacando de las sombras esta forma de deshumanizar a la mujer. Lo peor que nos puede pasar es creer que el abuso a mujeres ya no sucede o es menos frecuente que antes y la peor mentira que podemos creernos es que esto solo le pasa a un sector. 

La sociedad tiene un rol importante en la guerra contra la violencia de género. Si todos nos sumamos a denunciar y condenar estos hechos, cada vez serán menos los casos. Cada uno de nosotros debe ser vigilante de lo que sucede a su alrededor y velar por el empoderamiento de todas las mujeres. Estemos siempre atentos a nuestro entorno. Una mujer que se aleja de sus amigos y familiares es presa fácil de un misógino. Que no veas el problema no quiere decir que este no existe. 

La periodista Gabriela Buada Blondell dice una gran verdad en su artículo Ellas importan: violencia contra la mujer se incrementa y continúa silenciada: “Es hora de que se muestre la violencia contra la mujer como un delito cuyos responsables deben ser llevados ante la justicia, sin que se culpabilice a la víctima ni a sus familiares”.

El rol del Estado es fundamental en todo esto. Debe atacar y romper el espiral de violencia generalizada diseñando y ejecutando políticas públicas eficientes en materia de seguridad ciudadana para así disminuir los índices de violencia y desdibujar la de género. Un hogar violento formará un hombre violento, lo que hará una sociedad violenta.  Pero el Estado también tiene la responsabilidad de prevenir la violencia. Con acciones preventivas se puede evitar que cualquier mujer esté incluida en una lamentable cifra de víctimas de la violencia de género. 

Recuperar la confianza en las Instituciones del Estado sería un gran paso para combatir la violencia de género. Sin embargo, esto solo será posible si se toma en serio el respeto a los derechos fundamentales.

  1. Hay algo más la música trap y reguetón son canciones antivalores que son permitidas por la redes sociales como YouTube sin ninguna restricción sexual violencia de todo tipo incluyendo la de género ellos difunden ese tipo de música porque deja ganancias sin importar que se destruye la mente de nuestros niños y adolescentes

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