Sofía Ímber, la intransigente e inolvidable

Sofía Ímber, la intransigente e inolvidable

En una historia nacional que está colmada de dirigentes militares y hombres que se tildan a sí mismos de revolucionarios, existen pocas mujeres que logran salir de la sombra para ser reconocidas por su trabajo y sabiduría. Muchas veces, estas mujeres son criticadas y desprestigiadas por razones absurdas o netamente inciertas; la mayoría de las veces estas mujeres son una de las mejores cosas que le puede haber sucedido a un país.

Sofía Ímber fue, sin duda alguna, una de las mujeres que resaltó por este comportamiento vanguardista para la sociedad conservadora de la época.

La madrugada del 20 de febrero del 2017 le tocó a Venezuela y al mundo despedirse de una persona tan brillante y única como ella. Con o sin leer la excelente y precisa biografía de la Señora Ímber escrita por Diego Arroyo Gil, se puede saber que ella fue uno de los íconos culturales de Venezuela, que contribuyó inmensamente a su desarrollo intelectual.

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Resumir lo que Sofía Ímber significó para Venezuela es una tarea difícil, pero eso se esperaría de resumir tantos años de trabajo y esfuerzo dedicados a una nación que gracias a un presidente ingrato la sacó sin explicar por qué.

Puesto que este trabajo se torna más cuesta arriba al no haber vivido muchos de los años dorados de cultura venezolana, me voy a tomar la libertad de explicar lo que Sofía Ímber significó para mí y por qué le agradezco de parte de mi país, ya que estoy segura que quizás una gran parte de esta audiencia no tuvo la oportunidad de estar presente cuando Sofía Ímber despertaba a la nación con su programa Buenos Días e inauguraba exposiciones de arte en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber.

Para ponerlo en pocas palabras, Sofía Ímber fue lo que hoy en día se le conocería como una mujer emprendedora, trabajadora, “echada pa’ lante” -como diríamos en Venezuela-. Ella es el tipo de mujer por la que creo en la igualdad de género y trabajo para una revista digital que lleva el nombre de uno de los personajes literarios más extraordinarios e independientes, Amaranta Buendía, que cree en el potencial y la voz femenina en Latinoamérica.

Sin embargo, para su época, Sofía era una rebelde, una mujer fuera de casa. Aunque hoy solo recordamos sus logros, en aquel tiempo se habló de su divorcio, sus supuestos amoríos múltiples y el suicidio de Carlos, el cual -por cierto-, no impidió que animara el programa al día siguiente con el temple firme que la caracteriza.

Nunca he vivido algo así. No sé qué se dice tras mis espaldas, pero estoy segura que no logra asemejarse a los rumores que le retumbaban las orejas a Sofía, y aún así siguió creyendo en un país, que aunque no era su país de nacimiento, llevaba su gentilicio en espíritu.

Desde hace muchos años, la población venezolana vive diciendo que el país ha tocado fondo, llenándose la boca de quejas y anotaciones sin mover un dedo al respecto. Fue Sofía, la extranjera intransigente que le dedicó a este país caribeño el trabajo que merece su potencial. Aunque no estuve ahí para verlo, se lo agradezco infinitamente.

Para los que no estén al tanto, pienso que viene al tema resaltar los logros de Sofía Ímber, dentro de los que se encuentran el Museo de Arte Contemporáneo, la colección de arte de la Universidad Central de Venezuela, creó el programa Buenos Días con su esposo Carlos Rangel, recibió la Medalla Picasso de la Unesco en 1967, la Orden del Libertador, la Legión de Honor del gobierno de Francia, el Águila Azteca de México, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica del Gobierno español, y me abruma la cantidad de premios, proyectos y reconocimientos que estoy dejando por fuera.

Me entristece que, como dijo Diego Arroyo Gil, Sofía Ímber nació en una dictadura y murió durante otra, pero sé que a diferencia de muchas personas, ella vivió esos años trabajando y dando a este país todo cuanto podía. “Yo no tengo sueños, yo hago cosas”, es una de sus frases más célebres. Estoy segura de que si todos tuviésemos una actitud parecida, Venezuela sería otra.

Sin más que agregar, me despido de parte de The Amaranta y Venezuela de la mujer de alma indomable y ganas abrumantes de vivir. Eres el ejemplo de la mujer honesta, brillante y trabajadora que algún día quiero llegar a ser. 

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