El mundo tampoco sería un mejor lugar si los roles de género estuvieran invertidos

Probablemente alguna vez te has preguntado: ¿qué pasaría si las mujeres lideraran el mundo? Si fuésemos las que levantamos la mano en reuniones de junta directiva para callar a algún hombre que se atreve a intervenir, si la regla general fuese tener a mujeres como presidentas, si el sexismo se dirigiese a los hombres, si existieran palabras como “pussy” o “cuaima” para describir cualidades negativas masculinas o si los hombres tuvieran un “tiempo del mes” que todos a su alrededor resalten cuando demuestran descontento.

Hagamos el ejercicio: ¿cómo sería el mundo si los roles de género se invirtieran?

Cannes presentó el póster de la película Cuando las mujeres gobiernen el mundo, en el cual se muestra  la cabeza de Donald Trump reposando en el brazo de la protagonista. Dejando a un lado el escándalo internacional que ocasionó la publicación de este afiche, el tráiler nos presenta una alternativa del mundo radicalmente distinta, en la que las mujeres viven en una comunidad matriarcal y culpan a los hombres de la destrucción del mundo.

A raíz de esto, nos queremos hacer varias preguntas y ponernos a pensar qué pasaría si volteamos el status quo de los sexos.

El sexo

Hay quienes alegan que el sexo y las relaciones de poder están intrínsecamente relacionadas por diversas razones. Por ejemplo, para Freud el hecho de que el órgano sexual femenino no esté a la vista, como lo está el masculino, lleva a que se conciba erróneamente su rol como pasivo, permitiendo al hombre llevar el ritmo y fuerza. Al cambiar esto, la concepción del acto sexual como lo conocemos sufriría una metamorfosis importante. Existirían posiciones sexuales como “la misionera” y “el vaquero”, en las que la mujer llevaría la batuta y dirigiría lo que sucede durante el acto. Sería quien realizaría el cortejo para llevar al hombre a su cama o, en el caso millennial, quien mandaría el mensaje a las 3 de la mañana.

Existirían las “fuck girls”, mujeres que deleitan con su humor, hoyuelos y aroma a sexo, pero en lo que te empiezas a ilusionar… poof.

Imaginen comentarios en las fotos de usuarios masculinos en Instagram con textos como “El paquete se te ve divino” o “Qué rico está eso”.

El porno, con categorías como “DILF”, “pene grande”, “abdominales”, “culo grande” y demás, todas dirigidas hacia la sexualización del cuerpo masculino. Se hablaría libremente de la masturbación femenina, mientras que los hombres al ser confrontados con la idea de que ellos también lo hacen responderían cosas como “no me llama la atención” o “nunca lo he necesitado”. Se dibujarían vaginas en todos los baños públicos y se le “pintaría la vagina” a otro como insulto.

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‘Grab him by the dick

Escándalos internacionales en los que mujeres de la escena política internacional sexualizan y cosifican el cuerpo masculino. Titulares como Los 23 hombres que acusan a Ángela Merkel de acoso sexual durante su campaña política; Hillary Clinton dice que ‘grab him by the dick’ es típica discusión entre mujeres; #MeToo, el movimiento que motivó a muchos hombres a denunciar su acoso sexual; Donald Trump, el Primer Caballero, hace rueda de prensa para responder a las denuncias de acoso sexual en contra de su esposa.

El romance

Chico conoce a chica se convierte en chica conoce a chico. Se espera que la mujer pida la mano en matrimonio, compre un anillo para su pareja, traiga flores el día del aniversario y, en general, tome los primeros pasos de la relación.

Los hombres, reunidos en un domingo de brunch, discuten durante un juego de canastón sobre si alguien vio el anillo de Juanito, si se fijaron en las bermudas que cargaba Carlitos o el mal gusto que tuvo Fabiana al pedirle la mano a Manuel en Disney.

Los libros más famosos de romance, tanto de épocas lejanas como contemporáneos: Crepúsculo ―con una vampira seductora y un pobre mortal enamorado― y La letra escarlata ―que marca a los hombres que son muy abiertos con su sexualidad―.

Modelaje

La industria del modelaje estaría llena de hombres que desfilan en las pasarelas ganando muchísimo mejor que las mujeres, puesto que la moda ―en la que cada semana se asoma una nueva tendencia: rayas, puntos, estampados― está dedicada al género masculino. Las tiendas tienen tres pisos de ropa de hombres, mientras las mujeres tienen apenas un clóset del que escoger qué ponerse.

Los masculinazis

Los hombres, desesperados por tener la misma representación en el mundo, hacen un movimiento llamado el “masculinismo”, que cree en la igualdad de género. Mientras algunos son fieles al significado original, se crean otras vertientes del movimiento, grupos que se tiñen los vellos corporales de colores, salen sin ropa interior a la calle y promueven ir #RuedaLibre.

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Los ejemplos de arriba son definitivamente superficiales comparados con lo que en realidad implicaría que las mujeres gobiernen el mundo. Más allá de poner nuestra mente a volar con lo bueno, lo malo y lo feo, es necesario analizar si realmente la inversión de los roles de género sería mejor para el mundo. Mientras que definitivamente habrían ciertos aspectos positivos, la cantidad de aspectos negativos seguramente sería similar a la que existe bajo el patriarcado, aunque probablemente irían por una línea distinta. Si viviéramos en un mundo donde el matriarcado es la regla, habrían otros códigos sociales alrededor de la menstruación, la lactancia materna y los roles de madres y padres, entre otros. Sin embargo, esto no conllevaría una mejora significativa en la calidad de vida y acceso a oportunidades para ambos sexos a nivel mundial, sino que simplemente invertiría el sexo oprimido en distintas áreas.

Entonces, ¿dónde está el punto perfecto entre matriarcado y patriarcado?

Sabemos que se llama igualdad de género, pero, ¿cómo se come eso? Jay Newton-Small, una corresponsal de TIME y autora del libro Broad Influence —que trata sobre mujeres en política— propone que hay un punto de inflexión en el que los beneficios que traería la inclusión de mujeres en cualquier área son innegables y que poco a poco el incremento de la participación femenina se hace inevitable. Newton-Small hace hincapié en que a partir de la incorporación de un 30% de mujeres en cualquier aspecto se empezarían a ver consecuencias positivas como una mejor salud organizacional, políticas públicas más efectivas y múltiples oportunidades para otras mujeres, entre otras cosas.

Entonces, mientras que quizás es pertinente soñar con un mundo 50-50, primero debemos ponernos a trabajar por asegurar ese primer 30%. De ahí en adelante, el destino tomará su curso.

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