Presentando a Amaranta Buendía

Para varios autores, hay personajes que destacan y se roban el show de los demás. Para Mario Vargas Llosa, fue el Coronel Aureliano Buendía quien dominó el libro; para Julio Cortázar fue José Arcadio, el primero de la estirpe que pierde la razón. Para nosotras, este personaje fue la única hija, Amaranta, producto del matrimonio de Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía, la que acapara la atención en Cien Años de Soledad por Gabriel García Márquez.

Amaranta destaca por muchísimas razones. De alguna manera, es el reflejo de todos los personajes femeninos en el libro. Es cariñosa, es prepotente, es responsable, y también mal intencionada. Amaranta combina a Úrsula en el momento de cuidar a sus sobrinos como si fueran suyos, a Pilar Ternera cuando les ofrece caricias, y a Rebecca cuando se enamora locamente de Pietro Crespi.

Amaranta es mercurial, indecisa pero a la misma vez terca una vez que sus intenciones se fijan en alguna meta.

En el libro podemos ver a Amaranta como madre, al cuidar de sus nietos, y como mujer, al tomar su adolescencia como licencia para ofrecer caricias en la noche. Los niños describen las oleadas de placer al sentir la mano de su tía recorrer su cuerpo bajo las sábanas.

Como muchas mujeres, ella es uno de los personajes más complejos que hay en la obra. Su primer amor fue compartido con su hermana Rebeca, el de Pietro Crespi, y no le fue correspondido. Una vez que se fijó la fecha del matrimonio, hizo todo para prevenirlo desde dañar el vestido de novia hasta fingir una carta en apuros por parte de la madre de Pietro. Se casarían, pero bajo su cadáver, pensó.

Al final no se casaron, sino que una vez que volvió José Arcadio a Macondo, Rebeca huyó con él. Esta fue la movida perfecta para que Pietro se enamorara de Amaranta, y la cumplió, pero en el momento que Pietro le propuso matrimonio, ella lo rechazó, provocando el suicidio de su pretendiente.

Después de eso, Amaranta cargó el luto consigo después de quemarse la mano y cubrir la herida por el resto de su vida con un trapo negro.

El último amor de Amaranta fue el Coronel Gerineldo Márquez, a quien rechazó una propuesta de matrimonio también.

Amaranta es independiente y fuerte; cualquier hombre para ella es una compañía de la que puede prescindir. Es difícil decir si esto es producto de miedo o indiferencia, pero de alguna manera la realidad es así. Sin embargo, queda claro que ella nunca deja de ser sensible y enamoradiza.

Después de sus amores y desamores, Amaranta decidió tejer la mortaja que ha de cubrir el cuerpo de Rebeca cuando muriera. Luego de un tiempo, se dio cuenta que tejía su propia mortaja. Al darle un ultimátum a su muerte, se dedicó a recopilar cartas que llevaría en la muerte a los difuntos de parte de los vivos de Macondo. Durante su funeral se confirmó que había muerto virgen.

Durante su vida, Amaranta fue un outsider, un renegado. Cuando alguien la quiso, los rechazó. Para ella el amor casi consistía en el que ella ofreciera. Fue cruel y egoísta, también comprensiva y caritativa. No hay una manera de describir a Amaranta Buendía, puesto que tomar un pedazo de su historia no describe el espectro completo. Ella no es el tipo de superheroína que idolatras por la manera inmaculada en la que se comporta, o su actitud correspondiente a cada situación.

Amaranta es imperfecta, fuerte, una pieza que si derrumbas no crea un efecto dominó, puesto que se para sola, y no tiene problema con hacerlo. 

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