El peligro de estigmatizar a las mujeres transgénero

El VIH y el peligro de estigmatizar a las mujeres transgénero

En el octavo capítulo de la miniserie de Netflix, Tales of the City, se muestra la situación de las mujeres transexuales en San Francisco en la década de los sesenta. En la primera mitad del episodio, Anna conoce a Ysela cuando esta la sigue hasta su trabajo y le pregunta cómo ha logrado pasar desapercibida por tanto tiempo. “Tengo 26 años, tú debes estar cerca de los cuarenta. Quienes son como nosotras no llegan a vivir tanto tiempo”, le dice Ysela a Anna, quien va descubriendo sobre maltratos y peligros de esta comunidad en esa época, una situación que no está muy alejada de nuestra realidad.

Tales of the City Trans
Jen Richards y Daniela Vega interpretando a Anna e Ysela en Tales of the City
Netflix

Ser transgénero en el 2019, aunque ha tenido sus mejoras con respecto a la mitad del siglo XX, no se ha vuelto más sencillo. Por ejemplo: este año, más de 15 mujeres transexuales negras han sido asesinadas de forma violenta en los Estados Unidos, según la Campaña de Derechos Humanos (HRC). Diferentes estudios sobre la salud de esta comunidad señalan que sus integrantes son las más propensas a ser contagiadas de VIH y un 19,1% de las mujeres trans en el mundo están viviendo con este virus. Esto se debe a una serie de discriminaciones sociales que las llevan a tener que recurrir al trabajo sexual como oficio para lograr un ingreso constante que les permita cubrir sus necesidades básicas, lo cual aumenta los riesgos de contraer una enfermedad de transmisión sexual.

En Social Support, Exposure to Violence and Transphobia, and Correlates of Depression Among Male-to-Female Transgender Women With a History of Sex Work, Tooru Nemoto, Birte Bödeker y Mariko Iwamoto expresan que más de dos tercios de las 573 mujeres transgénero que fueron entrevistadas en el oeste de los Estados Unidos reportaron haber sido excluidas o ridiculizadas por su familia, lo que lleva a muchas a abandonar su hogar para evitar la discriminación en su círculo social más cercano. Ines Arístegui y Mariana Vásquez recolectaron una serie de testimonios de transexuales para su investigación El impacto del estigma y la discriminación en la calidad de vida de las personas transgénero viviendo con VIH, uno de ellos dice: “Cuando  tenía 17  años le dije  a mi mamá ‘Mirá, me  pasa esto y esto con  mi vida’ […]. Lo único que hizo mi mamá fue pegarme un cachetazo y nada más, y de ahí nunca más se tocó el tema en mi casa […]. Me fui”.

Esta estigmatización hacia la comunidad trans ocurre tanto en el entorno familiar como en el académico y el laboral. En Human Rights, the Law, and HIV among Transgender People, Stefan Baral, Chris Beyrer y Tonia Poteat exponen que aquellos a los que se les ha negado un ascenso, han sido despedidos o han dejado de ser contratados representan un 47% de los transgéneros en Estados Unidos. A su vez, un 26% ha perdido su trabajo debido a su identidad o expresión de género, y un 15% vive bajo el estándar de pobreza federal en comparación con el 7% de la población general de Estados Unidos. Estos hechos llevan a que la transfobia en los ambientes profesionales tradicionales sea uno de los motivos más comunes por los que las mujeres transexuales escogen dedicarse al trabajo sexual sin importar que este las ponga en riesgo de contagiarse de VIH con mayor facilidad, según lo que explican Lydia A. Sausa, JoAnne Keatley y Don Operario en Perceived Risks and Benefits of Sex Work among Transgender Women of Color in San Francisco.

Protesta de mujeres transgénero en París
Protesta de mujeres trans en París por el incremento de ataques violentos contra trabajadores sexuales en el 2018
Edouard Richard

Por otro lado, en la mayoría de los países las transgénero no tienen la posibilidad de recibir una identificación con el género adecuado o para obtenerla deben realizarse obligatoriamente la cirugía de reasignación de sexo. Este obstáculo legal les impide a las mujeres transexuales que se dedican a la prostitución recibir los chequeos de salud necesarios para saber si tienen una ETS debido a que en muchas clínicas y hospitales los doctores y enfermeros se niegan a atender a estas mujeres puesto que el género de su documento de identidad no concuerda con su físico. Aunque existen estados con políticas públicas que buscan reducir el VIH en este grupo de la comunidad trans, estos programas del estado o de organizaciones sin fines de lucro se complican debido a la criminalización del trabajo sexual en distintas naciones, tal como mencionan Don Operario, Toho Soma y Kristen Underhill en Sex Work and HIV Status Among Transgender Women Systematic Review and Meta-Analysis. El decomiso de condones como evidencia de que una persona se dedica a la prostitución y la detención de estas mujeres en cárceles de hombres, donde son 13 veces más propensas a ser violadas que otros individuos cisgénero, son algunas de las medidas por parte de la policía que perjudican la salud de las transgénero que se dedican al trabajo sexual.

Tal como aseguran Arístegui y Vásquez, para poder lograr que esta comunidad pueda mejorar su calidad de vida es necesario que la estigmatización por parte de los estados y la población en general disminuya, porque es el único modo de garantizar que los transgénero conozcan su estatus de VIH y puedan recibir los tratamientos necesarios para protegerse. Por ejemplo, a un 19% de las personas trans les han negado atención médica debido a su identidad de género y 28% de ellas han sido acosadas en un consultorio médico, tal como menciona HRC. Esto afecta la oportunidad que tienen estos individuos para poder obtener tratamientos antirretrovirales —medicamentos diseñados para interrumpir la replicación del VIH en el organismo— o de profilaxis preexposición (PrEP), administración de medicamentos a las personas seronegativas con alto riesgo de ser contagiadas. 

Adicionalmente, la estigmatización y la discriminación ha llevado a muchas mujeres trans a consumir drogas para lidiar con la depresión, el estrés y/o las demandas físicas y emocionales del trabajo sexual, según Cathy J. Reback y Jesse B. Fletcher en HIV Prevalence, Substance Use, and Sexual Risk Behaviors among Transgender Women Recruited Through Outreach. Los investigadores afirman que muchas transgénero manifiestan que el uso de sustancias se ha vuelto esencial para realizar actos sexuales de alto riesgo en su oficio y para sobrepasar el trauma que estos pueden ocasionar. Igualmente, destacan que existe una correlación entre el consumo de drogas por vía intravenosa y los altos niveles de VIH en la comunidad trans que practica la prostitución, pues como estas personas normalmente se encuentran en situación de calle, las jeringas que usan no están aseadas y el uso de alcohol u otros desinfectantes es prácticamente inexistente.

Por otra parte, según Baral, Beyrer y Poteat, la mayor parte de los estudios enfocados en la prevalencia del VIH en las mujeres trans las clasifican como subpoblación de los hombres que tienen sexo con otros hombres, por lo que el enfoque de estas investigaciones es el sexo anal, lo que invisibiliza a las transgénero que han pasado por cirugías de reconstrucción genital o las que no tienen relaciones sexuales con hombres. Este es un hecho que dificulta que se conozca con exactitud, la situación de las mujeres trans que no entran dentro del espectro que los investigadores normalmente estudian.

Sin embargo, a pesar de los peligros del trabajo sexual y el alto riesgo de ser contagiadas de VIH u otras enfermedades de transmisión sexual, muchas mujeres se dedican a la prostitución porque en ella encuentran una comunidad que las acepta, tal como se expone en HIV risk and preventive interventions in transgender women sex workers. El sentido de sororidad que encuentran en otras transgénero las ayuda a sentirse más a gusto con su feminidad y a convivir con un grupo de personas que no cuestiona su identidad de género, por lo que prefieren continuar en este oficio para escapar de la discriminación que experimentan en otros ámbitos. 

Más allá de los cambios que pueden realizar las naciones para mejorar la vida de las mujeres trans que se dedican al trabajo sexual como asegurarse de que reciban la atención médica necesaria para reducir los altos niveles de VIH, discutir en los congresos sobre los pros y contras de descriminalizar el trabajo sexual o garantizar que sean legalmente reconocidas por su género; la estigmatización solo se eliminará si la sociedad trabaja en conjunto para eliminar los prejuicios que existen sobre la comunidad trans. Trabajando en conjunto es posible lograr hacer conscientes a otros sobre este tópico para, de algún modo, lograr que la discriminación a las transgénero disminuya y quizás así, estas mujeres puedan vivir alejadas de los peligros de la marginación.

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