¿Qué rol tiene la religión en el camino de la democracia?

¿Qué rol tiene la religión en el camino de la democracia?

“El camino de la democracia es el camino de la fe”, le dijo una de las monjas de mi colegio a una amiga. Tuve que resistir el reflejo de voltear los ojos cuando me lo contó. ¿Cómo la democracia está en manos de la fe? Pero asentí y le pedí que me siguiera contando de su encuentro con la religiosa. Me contó que la monja había vivido la cruel dictadura en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, donde los refugios a los que huían de la represión eran las iglesias, el único lugar donde no podían ser agredidos. En estos templos religiosos convertidos en centros de protección, las masas polacas se reunían para planear y rezar juntos, uniéndose como población y protestantes… o eso contó la religiosa.

Yo fui criada en una familia católica, estudié en un colegio católico, y debo admitir que no he sido la mejor practicante -en parte por las dudas que tengo acerca de esta religión-. Sin embargo, a raíz de esta situación de protesta, he sentido la necesidad de acudir a misa cada domingo. Honestamente, no sé si es en búsqueda de consuelo, pero me siento aliviada y en paz cada vez que salgo del templo.

Sabemos que la población venezolana es mayoritariamente católica, sin embargo, la única historia venezolana que he escuchado de un religioso teniendo una trascendencia real en política es cuando el clérigo José Cortés Madariaga le hizo señales al pueblo para exigir la renuncia de Vicente Emparan.

Con este dilema en mente, y a raíz de la coyuntura social que vivo todos los días en la calle, quise dedicar una investigación a la relación entre la fe y las protestas.

Comencé por un egresado en Filosofía, y mi profesor de Psicología del colegio.

Rafael Marante, Egresado de Filosofía.

¿Cómo entra la religión en la relación de una población como esta, durante una situación de angustia e incertidumbre, cómo es la manifestación?

La asistencia a la iglesia como tal es una práctica que se hace desde que se fundó la Iglesia y es para depositar angustias, porque lo que se está buscando es una paz interior, así como eliminar el remordimiento que puedas tener por algo; hay muchas razones pero entre todas coinciden en esa búsqueda de paz. Es terapéutico, es catártico. Se tiene que tomar en cuenta que la religiosidad como tal es amplia y no se concentra únicamente en la Iglesia Católica, hay distintas prácticas religiosas en las que la gente logra establecer una relación alma-mente-cuerpo. Son prácticas milenarias que tienen frutos. Yo creo en los rituales cuando son auténticos, cuando la gente realmente busca esa serenidad, haciendo cierto tipo de sacrificios, trabajando sobre sí mismo para lograr un acercamiento auténtico.

No se puede pretender ir a la iglesia para encontrar todas las respuestas porque siempre se va a tener más preguntas que respuestas, pero de alguna manera se obtiene una visión que te orienta y que no te hace sentir solo. Estás iluminado, guiado. Yo mismo he hecho mis prácticas religiosas, por más que se alejen de lo ortodoxo.

Nietzsche trata a Dios como un consuelo metafísico. Es la forma más dura de percibirlo pero es la más realista al mismo tiempo, independientemente de su existencia o inexistencia. Es decir, vas, depositas tus angustias y tienes un concilio momentáneo, pero no es real, es metafísico. Como te lo diría un psicólogo ateo: es encontrar un estado en el que la psique reposa para continuar. Es un diálogo contigo lo que estás logrando, en el que logras ver un horizonte, una posibilidad, pero hasta ahí. Las personas obtienen la calma para poder tener perseverancia, eso es gracias a que en estado de serenidad pueden visualizar un norte con mayor claridad.

José Ignacio Arcaya, Vicepresidente del Centro de Estudiantes de la Universidad Monteávila

¿Cómo se manifiesta la relación entre la religión católica y las protestas?

La manifestación y la religión católica van muy de la mano. Desde un punto de vista más práctico, lo vemos en las imágenes durante las manifestaciones, porque se reza, porque la oposición llama a eventos religiosos como parte de la protesta. También la cantidad de muertes que han ocurrido han hecho que la gente mire más profundo, que vean el aspecto trascendental de esto. Por eso han habido tantas misas y vigilias. También recordando que la religión católica especialmente desde que San Juan Pablo II fue Papa se ha impulsado mucho el tema de la libertad, de la democracia, del respeto a los Derechos Humanos; es algo en que la Iglesia ha sido muy enfática. Repito, la Conferencia Episcopal ha hecho mucho énfasis en eso, en las misas de los domingos se leen cartas en las cuales piden libertad, democracia y el fortalecimiento de las instituciones democráticas en el país. Todo esto tiene una relación bien interesante.

2. Tomando en cuenta que las nuevas generaciones no suelen ser tan practicantes, ¿cómo ves que se manifiesta esto en el Movimiento Estudiantil?

Es verdad que en los estudiantes ha habido una disminución en la cantidad de gente practicante de la religión católica. Obviamente eso llega hacia muchos de los dirigentes, pero si es verdad que no ha habido una pérdida de la fe, eso es algo importante que hay que decir. El Movimiento Estudiantil y muchos de los estudiantes siguen teniendo la misma fe, o incluso más fuerte. Es verdad que muchas veces esa fe no se representa en que se hayan vuelto más practicantes, pero ha habido un incremento de la fe y eso pasa también por los asesinatos a muchos de los estudiantes. Han entendido que muchas veces no basta con solamente con protestar sino que también tienen que acompañarlo con la oración. Ahora bien, ¿cómo se hace? Uno trata de recordar que la Iglesia tiene su lugar y que la protesta tiene su lugar, pero tienen su relación. El Movimiento Estudiantil entiende muy bien eso, por eso muchas veces hemos llamado a misas y vigilias. Hemos tratado de combinarlos; como dije antes, a veces se reza y a veces se protesta, pero cuando están juntas se puede ser muy efectivo.

3. ¿Piensas que esta fe que incrementa es genuina, o una aferración para tener un lugar donde depositar ciertas angustias?

Yo personalmente creo que es un poco de ambas. Cuando te asesinan a una persona cercana o ves que perfectamente pudiste haber sido tú, eso te pega. De ahí se incrementa genuinamente la fe. Ahora bien, hay muchas personas que tienen mucha desesperanza y esa desesperanza tratan de combatirla a través de la fe, cosa que es completamente válida. También en parte la fe está diseñada para ser algo a lo que aferrarse. Después vienen las doctrinas y los dogmas. Son dos cosas que se complementan.

Ana Mercedes Pena, Profesora de Historia de Venezuela

1. ¿Cuál ha sido la trayectoria de la relación de la religión católica y las protestas en Venezuela?

Hay ejemplos del «compromiso» de la Iglesia o algunos sacerdotes con la protesta. Es icónica la participación de Rafael Arias Blanco con su Carta Pastoral donde denuncia la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Esta se leyó en todas las Iglesias. Sin embargo, ese es un caso excepcional pues después de ello la participación de la Iglesia no ha sido directa; también hay que establecer que la lucha de los Jesuitas, por ejemplo, ha sido con el pueblo más desfavorecido. No es casualidad que en los acontecimientos de 1989 el Caracazo algunos padres fueron invitados a la comandancia. Doy fe del padre Hermann González, Arturo Sosa y Luis Ugalde.

2. ¿Ha decaído o crecido la incidencia de la fe?

Yo creo que la fe solo ha sosegado, o amainado el sentimiento. El rezar, las vigilias, son formas de protesta. Imagina por ejemplo que un domingo en todas las iglesias de Venezuela se leyera una carta Pastoral, como la de Monseñor Arias blanco.

Alexander Hernández, Sacerdote

1. ¿Cuál es la incidencia de la fe en las manifestaciones?

Parto de un principio antropológico: todo ser humano tiene fe. Llámase fe en Dios, en la trascendencia, en la fuerza superior. Todos los seres humanos tenemos fe. Esa convicción, esa creencia en un ser mayor de alguna manera de seguridad, fortaleza y fuerza. Te mantiene en paz. La fe es la que nos mueve. En estos días se han visto en manifestaciones en Caracas símbolos de una fe que -en su gran mayoría-, son rosarios, franelas con la Virgen, ahora escudos con Vírgenes, el Nazareno, y una cantidad de símbolos que son propios de la Iglesia. Ahora, ¿cómo estos inciden? Ahí se juega a la par el miedo y la fuerza. Ponernos un rosario o una imagen es símbolo de protección. Sin embargo, para mí es más que protegerse, es la convicción de la fuerza de lo que creo: que Dios está por arriba de cualquier adverso malo y hostil que hace daño. Entonces, incide muchísimo, porque es su gran mayoría porque muchos vamos a las marchas con estos símbolos de protección, más que todo son símbolos de fuerza y de esperanza.

2. ¿Piensa que las personas que buscan fortaleza en la Iglesia en estos momentos manifiestan una fe genuina, o es más una afianza por necesidad?

Las dos valen y las dos premisas de la pregunta tiene muchos sentido. A los seres humanos nos gusta ser independientes y tener control y dominio de todo. ¿Qué pasa cuando ya no puedo tener el control y el dominio de todo? Pues es necesario buscar ayuda y fortaleza. Sí es una fe genuina, que quizás estaba tapada con tantas cosas y ocupaciones, pero que en este momento la necesitamos, entonces la ponemos como un valor principal en nuestras vidas. Es una fe genuina que está en el ser humano, porque las personas que no creen, no creen y ya, y en medio de las manifestaciones quizás no se encomiendan a nadie. Pero los que creemos y sabemos que Dios está por encima de todas las cosas, a pesar de que la fe estuviese tapada con tantas cosas, esta situación de país nos ha hecho quitarle lo que tenía encima y volver a la casa de Dios y aferrarnos a Él como nuestra seguridad, fuerza, escudo y confianza, porque Dios precisamente en este momento nos está cargando en sus brazos para que podamos salir de esta situación que vivimos.

Yo diría que la respuesta la pregunta viene de las dos (premisas), es una fe genuina pero al fin es una fe que nos ayuda más a aferrarnos a nuestras necesidades para pedirle fuerza e inteligencia al Señor para poder salir de los conflictos donde hoy estamos.

La cotidianidad a la que hemos migrado ahora en este momento los venezolanos es una tumultuosa, dolorosa, exasperante y llena de incertidumbre. Cada paso, cada protesta, escriben una letra en los libros de historia de la estirpe de esta generación, y de la que venga después.

Hasta ahora, con solo 18 años, he vivido las protestas del 2002 por el Paro Petrolero hacia el expresidente Hugo Chávez Frías, las del 2007 por el cierre de RCTV y el rechazo hacia el Referéndum Constitucional, las del 2014 denominadas “La Salida” por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López, y las protestas actuales. Todo esto sin contar los levantamientos más pequeños -como las huelgas de hambre el 2011 y la crisis universitaria en el 2013-.

Un acompañante a lo largo de todos estos procesos históricos ha sido la Iglesia, de manera más desligada, porque a pesar de que Venezuela sea un país mayoritariamente católico, el orden social del país no depende de los líderes religiosos, pero sí aprecia profundamente cuando estos manifiestan su apoyo a la causa.

A lo largo de las intervenciones de los distintos entrevistados me di cuenta que la Iglesia, así se considere un “consuelo metafísico”, una institución, o un ser superior, representa al final una fuente de fuerza en la que además se puede conseguir tranquilidad para visualizar con la cabeza fría el camino que queda por delante, y aceptarlo con convicción y sí, esperanza. Depende de cada quien la forma de aplicación de esto, o si desean implementarlo en general.

De este tema pudiese investigar miles de páginas y escribir millones más. Los seres humanos hemos estado protestando desde hace mucho tiempo y buscando aquella magia metafísica o ser superior que tiene todas las respuestas desde el principio de los tiempos. Así como esta es una investigación sobre un pequeño nicho de estos temas tan vastos, aplicado a un momento reducido de la caótica historia de nuestro país, tiene la intención de arrojar luz en estos momentos de tanta desinformación e incertidumbre.

Haber vivido todas las protestas que mencioné anteriormente me ha atribuido varias cosas: primero, perspectiva. Estamos más convencidos que en el 2002, somos más que el 2007 y estamos más organizados que en el 2014. Esta vez contamos con el apoyo de la Iglesia, lo cual se manifiesta en el rechazo de la Constituyente por la Conferencia Episcopal. La segunda atribución es la esperanza, derivada de lo que describí antes, pero además por este nuevo acercamiento a la fe que, si soy honesta, esta situación me ha forzado a tener. Hablo desde mis vivencias personales, pero sé que varios estarán en la misma página que yo.

El camino es largo, yo decidí recorrerlo acompañada.

¿Y tú?

Este artículo no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta  y sus creadores.

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