Leyendas urbanas (actuales) de Venezuela - The Amaranta

Leyendas urbanas (actuales) de Venezuela

Hablar de leyendas urbanas venezolanas invariablemente nos lleva a conversaciones de la sayona y el silbón y alguien diciendo “¡Pero es en serio! ¡Yo los vi”. Y ok, vivimos en una sociedad de padres ausentes, no dudo que haya el fantasma de una mamá soltera llorando porque sus hijos se fueron, tal vez hasta sea un poltergeist. Son nuestras leyendas originales, pero creo que es hora de darle paso a otras más actuales:

El sótano 3 de Parque Central

Hace 10 años uno de mis mejores amigos vivía en Parque Central, cada vez que iba a visitarlo recibía un montón de reglas a seguir. Unas eran súper típicas, del tipo de “no vayas después de las 7 de la noche”, “no saques el celular”, pero la que repitieron una y otra vez con más énfasis que cualquier otra: “Nunca jamás, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA, te estaciones en el sótano 3”.

Cuando vives en Caracas estás acostumbrada a las advertencias contra las zonas rojas, pero el sótano 3 de Parque Central es mucho más que eso. Si hiciéramos una película de exorcismos, sería la cueva del diablo. Todo el mundo tiene una historia de terror que se desarrolla o llega a su clímax en el sótano 3.

La primera que escuché es que el sótano está por completo abandonado. Solo bajaban brujos y paleros a hacer sacrificios y seguir con sus vidas en la superficie. Hasta que un sacrificio se les salió de las manos. El ritual incluía dos tragavenados que debían matar pero entre ánimas, danzas, y encarnaciones, las dos escaparon. Ahora el sótano les pertenece, a lo largo de los años han crecido a dimensiones exorbitantes y se alimentan de animales abandonados y personas como yo a quienes nos da flojera buscar puesto en los primeros sótanos y vamos ilusamente al tercero.

En la segunda versión también se había clausurado el espacio y ahora era solo guarida de vagos, delincuentes comunes, drogadictos e incluso indigentes que llegan del interior sin lugar alguno donde quedarse y prefieren el sótano a quedarse en la calle. La historia es que un día, comenzaron a desaparecer los residentes comunes del área. Nadie sabía con seguridad qué había pasado con ellos… siempre es una posibilidad de que estuviesen flotando en El Guaire pero nadie podía realmente decir qué pasaba. Pronto los indigentes dejaron de ir y los pocos que llegaban, no volvían a aparecer. Algunos dicen que los culpables de las desapariciones fueron un grupo de indeseables que recurrió al canibalismo. Otros se van por el terror de todas las madres que hacen cadenas de WhatsApp, los satanistas.

La tercera es más sencilla y aburrida, el sótano 3 de Parque Central es donde “enfrían” los carros después de robarlos, lanzan huesos de víctimas desconocidas, y se esconden cuerpos antes de lanzarlos al río.

El momoy encarcelado

Los momoyes son la respuesta Andina a los duendes de los irlandeses. Son espíritus del agua y si no fuesen mitológicos serían totalmente considerados eco terroristas.

Miden aproximadamente 40 cms y suelen vestirse con la ropa típica de Trujillo y Mérida, sombrero incluido. A veces llevan un bastón que usan para golpear a la gente que deja basura en los ríos. Cuando me mudé a Mérida una de las primeras advertencias me dijeron es que si veía a uno, no le respondiera. O si estaba de noche y escuchaba mi nombre susurrado en alguna mata, ni se me ocurriera contestarle. Una vez que un Momoy te llama y le respondes, se te queda pegado por siempre y como son duendes, son súper burlistas y te esconden las cosas así que puede ser molesto tener a uno cerca.

En el 2011, de acuerdo al Pico Bolívar, el periódico con más circulación en Mérida, Polimérida capturó a uno. La historia tiene varias versiones, varias de ellas dicen que todo ocurrió en Trujillo y otras dicen que fue en El Valle, Mérida. Además, el Pico Bolívar no es exactamente conocido por su integridad periodística. Mientras viví allá, sacaron una historia de unos niños que jugaron a la Ouija y ahora estaban poseídos. No “niños presuntamente poseídos por jugar a la Ouija” lo cual ya sería raro, ellos lo dijeron con toda la seguridad de que era un caso 100% real.

El caso es que una familia de Momoyes estaban al lado de un río cuando unos constructores empezaron a trabajar en la zona. La familia huyó pero uno de ellos se quedó atrás y fue cazado por los constructores. No es fácil seguir el rastro pero el Momoy pasó de los constructores a unas cuantas familias hasta que finalmente, por alguna razón llegó a una comisaría. Ahí lo encerraron y el Momoy lanzó una amenaza que básicamente les daba dos opciones a los merideños: soltarlo o sufrir de interminables lluvias e inundaciones. Viví allá 4 años y en serio las inundaciones nunca fueron tan graves como ese primer año.

Pico Bolívar sacó la nota acompañada de una fotografía que no he podido encontrar de nuevo, pero que muchos aseguraron que había sido sacada de un screenshot de los Power Rangers. Por esa época era normal escuchar a la gente en la plaza Bolívar hablando de que la policía iba a condenar a Mérida sino soltaban al Momoy, y llegué a ver graffitis de “liberen al Momoy” mucho antes de que “liberen a Leopoldo” fuese un grito de guerra.

Nadie supo qué pasó con ese Momoy, pero Mérida no quedó ahogada así que supongo que la policía recapacitó y lo dejaron ir.

El doctor Knoche

Gottfried Knoche era un médico alemán que llegó a Venezuela con su familia y se instaló en Galipán. Knoche inventó un líquido para momificar cadáveres sin extraer las vísceras -y personas vivas también, según las malas lenguas-, no se sabe cómo ni con qué porque nunca escribió la receta, pero lo usaba para todo. Su casa estaba custodiada por momias.

Knoche retiraba los muertos que nadie reclamaba en las morgues, los subía hasta su hacienda en El Ávila y los momificaba. Se dice que alrededor de la hacienda dejó enterradas miles de momias protegiendo su legado, y que aún hoy siguen aquí. La historia de su muerte cambia dependiendo de a quién le preguntes.

Knoche fue momificado con su fórmula. Antes de morir le dejó un frasco a su enfermera para que se lo inyectara, y uno extra para ella misma. Algunas personas dicen que cuando se mandó a momificar, aún estaba vivo y que ahora su espíritu deambula por Galipán en las noches buscando a quien unir a su ejército de momias.

Otros dicen que Knoche no murió, solo creó una variación de su fórmula que le permitiría conservarse durante décadas en perfecto estado y que cuando despertara podría venderla por millones. El tipo es inquietantemente parecido a un ex novio así que no puedo estar del todo segura de que de verdad haya muerto, y me hace pensar en que he tenido sexo con una momia lo cual me preocupa un poco. 

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
TheA logo
Más artículos
acoso sexual universidades
La UNAM no es la única universidad que no hace nada por el acoso sexual