Las máquinas nunca podrán sustituirnos, a menos que…

Como buena fanática de la ciencia ficción, siempre me ha interesado lo que motiva a las personas a construir historias de este género. En cuanto a las películas, los avances tecnológicos sientan las bases para su creación, así como lo hicieron los viajes al espacio para 2001: A Space Odyssey. Elementos como las naves espaciales, las sociedades híbridas llenas de cyborgs y en las que la raza humana convive con otras especies alienígenas, las guerras contra robots y la unión de la tecnología con los seres humanos, tema influenciado por el steam punk y que ahora vemos en series como Black Mirror, son muy comunes en la ficción. Sin embargo, no se originaron simplemente en la cabeza de alguien más, sino que se basan en una realidad muy cercana a nosotros.

bmi tecnología
NBC Washington

Elon Musk, el magnate de las tecnologías del futuro, ha desarrollado proyectos dignos de una película de ciencia ficción. Si este hombre no está pensando cuál es el próximo planeta a colonizar, está traspasando las barreras del cuerpo humano con su empresa Neuralink, la cual se especializa en el desarrollo de neurotecnología y BMI o brain machine interfaces, dos herramientas que ayudarán a expandir la mente humana.

Los BMI, también conocidos en español como interfaz cerebro-computadora (ICO), son dispositivos que conectan la actividad cerebral humana con los dispositivos electrónicos del usuario para que este los controle con su pensamiento. De esta manera, Musk intenta hacer que controlar aparatos electrónicos sea tan fácil como pensar en ello.

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Este interfaz funciona de dos formas: si se trata de una aplicación no invasiva, se le colocan sensores al paciente en el cuero cabelludo para percibir los impulsos de su cerebro; por otro lado, la técnica más novedosa y la que más llama la atención por su potencial para convertirse en un recurso digno de un episodio de Black Mirror es la interfaz que utiliza dispositivos invasivos, conectados directamente al cerebro a través de un proceso médico.

 Black Mirror
Black Mirror. Episodio The Entire History of You
Netflix

Estos dispositivos invasivos tienen que ser colocados quirúrgicamente en el cerebro del paciente, conectando fibras neuronales específicas e individuales al aparato para una lectura más acertada de los pulsos electromagnéticos del cerebro. La tecnología de estos modelos ha estado en desarrollo desde 1970, pero su aplicación se ha mantenido en el área de la medicina para ayudar a pacientes con deficiencias auditivas o visuales.

No obstante, Neuralink tiene planes más ambiciosos. Sus implantes no se crean pensando en su uso médico, sino en la evolución de la conciencia humana. Musk ya ha experimentado con animales y la efectividad de la interfaz es bastante alta, por lo que espera probarla próximamente en seres humanos. En definitiva, esto es lo más parecido a un argumento de una película de ciencia ficción que he visto. 

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El desarrollo de esta tecnología hace pensar también en una infinidad de consideraciones morales y filosóficas planteadas en las películas de ciencia ficción. La primera de ellas y tal vez la más explorada en la serie Black Mirror es la de la creciente dependencia de las personas de sus dispositivos electrónicos. 

Jason Silva, filósofo conocido por presentar el programa Juegos mentales en National Geographic, hace referencia en su canal de YouTube, Shots of Awe, a los avances de la tecnología en nuestras vidas. Uno de sus videos explica cómo esta sirve como una extensión del cuerpo humano, expandiendo sus posibilidades y modificando la forma en la que se interactúa con el mundo. 

Silva no habla necesariamente de tecnología muy avanzada. Los teléfonos o computadoras por sí mismos ya son una extensión de nuestro cuerpo, pero al conectarnos directamente a ellos, a través de dispositivos BMI y con el uso de la inteligencia artificial, su incidencia y efecto sobre nuestras vidas aumenta exponencialmente.

Por otra parte, una consideración preocupante es la de traspasar nuestras conciencias a las máquinas, como Johnny Depp lo hizo en Transcendence (2014). Esto, junto al uso de la inteligencia artificial, dotaría a las máquinas de un pensamiento más humano, cosa que tememos desde hace décadas y forma parte central del conflicto de muchas películas, como son los casos de Blade Runner (1982) y la novela que dio origen a la historia, Do Androids Dream of Electric Sheep? Si conectamos nuestros cerebros a una computadora, ¿qué diferencia entonces a un robot de una persona real? Este es un debate que los científicos ya tienen gracias a la presencia de Sophia, la robot humanoide.

Sin embargo, las BMI no son los únicos dispositivos creados que cierran la brecha entre la ficción y la realidad. Carros que se manejan sin pilotos, drones que hacen entregas a domicilio, aparatos de realidad aumentada, hologramas y control de computadoras por comandos de voz fueron todos impensables cuando películas como Star Trek, Star Wars o Volviendo al futuro se estrenaron, pero ahora son parte de nuestras vidas cotidianas.

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Aunque todavía no sepamos si estamos al borde de una guerra tecnológica contra nuestros dobles metálicos o no, es innegable que tecnologías como las BMI representan un avance en la sociedad. Últimamente se hace difícil distinguir entre elementos que pueden existir en la realidad y aquellos que solo existen en la imaginación de un escritor o director, lo que no es del todo negativo, pues al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría vivir un episodio de The X-Files

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