La utopía de descriminalizar la prostitución

“Esa es una buena interrogante pero no tengo respuesta para ella”, fue lo que contestó Bernie Sanders cuando en The Breakfast Club le preguntaron si el trabajo sexual debería ser descriminalizado, un tópico del que tanto él como los otros 23 candidatos a las primarias del partido demócrata para las elecciones del 2020 en Estados Unidos no han podido escapar. 

Desde que en abril del 2018 el presidente Donald Trump aprobó dos proyectos de ley —el Acta para Detener a los Traficantes Sexuales (SESTA) y el Acta para Luchar contra el Tráfico Sexual en Línea (FOSTA)— que facilitan la reducción del tráfico sexual en el internet, la descriminalización de la prostitución ha sido un tema importante en la política estadounidense. Una gran cantidad de trabajadores sexuales han protestado en contra de estas legislaciones porque la eliminación de páginas web que permiten ofertar servicios de este tipo las obliga a volver a las calles donde no es seguro trabajar.

Por esto, candidatos como Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Pete Buttigieg y Kamala Harris han tenido que declarar al respecto y aunque ninguno tiene planes de legalizar el trabajo sexual, es evidente que el tema ha cobrado importancia, haciendo que se cuestione el estado legal de la prostitución en Estados Unidos. No obstante, no es tan sencillo lograr llegar a una conclusión sobre este tópico puesto que es un debate que lleva años y no parece tener un desenlace claro. En Legalizing Prostitution: An Introduction, Kristie Trifiolis menciona que a partir de la legalización de los burdeles en el estado de Nevada en 1971 y la descriminalización de la prostitución en países como Alemania y Holanda, la discusión se ha centrado en comparar las ventajas y las desventajas de esta decisión legislativa.

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Protesta en contra del tráfico humano en Londres en el 2010
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Usualmente, las discusiones sobre este asunto se enfocan en los efectos que puede tener la legalización en la salud pública, la violencia sexual y el tráfico de personas, siendo este último tema el enfoque de la mayoría de los estudios. Cuando los investigadores hablan al respecto, usualmente enfrentan dos teorías sobre la legitimación del trabajo sexual y el tráfico humano: el efecto de sustitución, el cual reduce la demanda de mujeres traficadas puesto que las prostitutas legales serían favorecidas sobre las ilegales y el efecto de escala, el cual lleva a un crecimiento del mercado sexual y, por ende, del tráfico sexual, según Seo-young Cho, Axel Dreher y Eric Neumayer en Does Legalized Prostitution Increase Human Trafficking? 

En esta investigación, los autores exponen que el efecto de escala es más común que el de sustitución en los países en los que la prostitución es legal. En Alemania, por ejemplo, mencionan que el estimado de víctimas de tráfico sexual ha cambiado con las distintas legislaciones referentes al trabajo sexual. Entre 1996 y 1997, cuando solo estaba permitido trabajar de manera individual, el número descendió gradualmente. Para el 2001, un año antes de la legalización de la prostitución como un “trabajo común” que paga impuestos y posee planes de jubilación, el mínimo estimado de víctimas de tráfico sexual era de 9.870 y el máximo, de 19.740. Después de esta modificación en el 2002, los números aumentaron a 11.080 (mínimo) y 22.160 (máximo), y en el 2003 a 12.350 y 24.700. 

Sin embargo, en el 2013, la Oficina de la Policía Federal Criminal de Alemania (BKA) le declaró a Spiegel que en el 2011 se reportaron 636 casos de tráfico humano para explotación sexual, un tercio menos que en el 2001. Además, la Asociación Profesional de Servicios Sexuales y Eróticos de Alemania afirmó que los procesamientos y las condenas por tráfico sexual bajaron de 159 en 2002 a 110 en 2012. Aunque estos números podrían entenderse como que este tipo de casos han sido investigados con menos frecuencia por la descriminalización de la prostitución, Ron Weitzer —un sociólogo de la Universidad George Washington especialista en el tema— le mencionó a Vox que los estados se toman muy en serio detener a los responsables de este tipo de crímenes y si el tráfico sexual aumenta en una región, la cantidad de enjuiciamientos debería hacerlo también. Por eso, Weitzer expresa que, seguramente, no hubo un crecimiento significativo de este delito.

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Protesta a favor de la descriminalización de la prostitución en Nueva York en el 2019
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Por otro lado, cuando el debate se enfoca en la violencia, Barbara G. Brents y Kathryn Hausbeck —autoras de Violence and Legalized Brothel Prostitution in Nevada Examining Safety, Risk, and Prostitution Policy— alegan que la legalización del trabajo sexual se conecta con un sentido de riesgo y peligro de esta práctica, puesto que tanto los que se encuentran a favor como los que están en contra mencionan la seguridad de los trabajadores sexuales y los clientes como una de las razones principales para legitimar o no esta práctica. Los que la rechazan expresan que el único modo de proteger a la población de los riesgos de la comercialización del sexo —abusos sexuales y violencia física, entre otros— es la criminalización y persecución de los responsables de estos negocios. 

En Ten Reasons for Not Legalizing Prostitution And a Legal Response to the Demand for Prostitution, Janice G. Raymond cita un par de estudios en los que más de cien víctimas de tráfico sexual fueron entrevistadas y afirmaron que los establecimientos en los que trabajaban no velaban por su seguridad, sino por la de los clientes. Una de las investigaciones mostró que de 146 mujeres afectadas en cinco países, un 80% aseguró haber recibido maltrato físico por parte de algún proxeneta o comprador de sus servicios. No obstante, Raymond no nombra ninguna estadística que incluya a trabajadoras sexuales que realicen esta labor voluntariamente.

En cambio, en Street Prostitution Zones and Crime, Paul Bisschop, Stephen Kastoryano y Bas Van der Klaauw expresan que dos años después de la descriminalización de la prostitución en Países Bajos y la designación de zonas específicas para este tipo de negocios, se registró una caída de entre un 30% y un 40% en el número de violaciones. Sin embargo, los investigadores mencionan que sus datos les impiden distinguir entre los casos de abuso sexual conectados al trabajo sexual y los que no.

protesta tráfico sexual
Protesta en contra del tráfico sexual infantil en Olympia en el 2014
Associated Press

También, esta discusión sobre la legalización se enfoca mucho en cómo la descriminalización de la prostitución podría hacer que la cantidad de personas con enfermedades de transmisión sexual aumente o cómo realmente no generaría un cambio en la salud pública. Kristie Trifiolis cita un estudio de la Coalición contra el tráfico de mujeres (CATW por sus siglas en inglés) que reporta que un 47% de las trabajadoras sexuales afirman que los clientes esperan tener sexo sin condón, un 73% dijo que estos ofrecían pagar más para no utilizarlo y un 45% de ellas expresó que habían sido abusadas después de insistir en el uso del preservativo. CATW menciona, además, que incluso cuando los burdeles eran legales y tenían una política al respecto, los dueños de los establecimientos no tenían control sobre este asunto. 

En otro caso, Brents y Hausbeck manifestaron que, por ejemplo, las mujeres que entrevistaron en este tipo de locales en el estado de Nevada —donde es obligatorio usar condón en los burdeles— declararon que siempre usan preservativo puesto que, si se contagian de alguna ETS, no tendrán permitido trabajar por un tiempo o para siempre, dependiendo de la enfermedad. También en Associations between sex work laws and sex workers’ health: A systematic review and meta-analysis of quantitative and qualitative studies, los investigadores encontraron que los trabajadores sexuales que han sido víctimas de brutalidad policial o que han sido encarcelados en lugares donde es ilegal la prostitución son 30% más propensos a tener sexo sin condón porque deben que buscar lugares menos seguros para buscar clientes. 

protesta prostitución Amsterdam
Protesta en contra de la clausura de burdeles en Amsterdam
European Pressphoto Agency

Sin embargo, más allá de estos datos, el debate sobre la descriminalización de la prostitución no se detendrá pronto y tal como ocurre en What’s the Right Way to Legalize Prostitution?: An Exchange, los investigadores seguirán discutiendo para que se imponga su punto de vista al respecto y no para encontrar una solución que proteja tanto a las trabajadoras sexuales como a la población en general. Además, hacen falta más estudios que analicen los pros y contras sin que predomine una opinión específica y mientras la legalización del trabajo sexual esté en el ojo público gracias a las protestas en contra de FOSTA y SESTA o por las declaraciones de los candidatos presidenciales en Estados Unidos, más sencillo será que una mayor cantidad de personas se interesen por el tópico y logren mejores investigaciones que puedan ayudar a una legitimación de la prostitución que no sea utópica y que batalle contra el tráfico sexual y otros crímenes ligados a esta práctica.

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