La homofobia en Rusia no es una novedad

El sábado 20 de julio del 2019, el cuerpo de Yelena Grigorieva —una activista por los derechos LGBTQ+ en Rusia— fue encontrado por la policía cerca de su casa en San Petersburgo con signos de haber sido atacada luego de que su nombre apareciera en una página rusa llamada Saw. Este sitio web, inspirado en la franquicia de El juego del miedo, promovía la identificación de personas queer para colocar sus fotos e información en una base de datos y proceder a cazarlas. 

Saw homofobia
Imagen promocional de la página Saw
Saw

La página Saw fue bloqueada por las autoridades una semana antes de este suceso, pero Grigorieva ya había denunciado que su nombre se encontraba en el sitio web y según Dinar Idrisov, una amiga de la activista rusa, había recibido amenazas de muerte y lo había reportado a la policía. La creación de Saw y la muerte de Grigorieva son acontecimientos que reflejan que la homofobia en Rusia sigue latente y, al parecer, se ha intensificado. Según una encuesta realizada por el Centro Analítico Levada, entre el 2013 y el 2015 el porcentaje de personas que se sienten incómodas al interactuar con gente perteneciente a la comunidad LGBTQ+ en Rusia aumentó de un 16% a un 22% y la creencia de que la homosexualidad es una enfermedad pasó de un 34% a un 37%.

Desde el artículo 121 del código penal soviético aprobado en 1933 que criminalizaba los actos homosexuales consensuados y la sodomía hasta la Ley federal contra la propaganda homosexualista —una enmienda a la Ley sobre la protección de niños frente a información dañina para su salud y desarrollo— aprobada en el 2013, el estado ruso ha hecho que vivir como un miembro de la comunidad LGBTQ+ sea complicado y peligroso. Los argumentos de estas legislaciones varían pero, por ejemplo, la ley más reciente explica que la promoción de las orientaciones sexuales no tradicionales es una amenaza contra la integridad territorial de la federación rusa, una idea que ha estado presente en el país desde los tiempos de Josef Stalin. Según Dan Healey en Russian Homophobia from Stalin to Sochi, Genrikh Yagoda, el vicejefe del Directorio Político Unificado del Estado u OGPU —la policía secreta de la Unión Soviética hasta 1934— fue quien propuso la prohibición de la homosexualidad en la Unión Soviética, aunque entonces se referían a ella como sodomía.

Debido a que en 1933, Yagoda reportó a Stalin que los hombres que realizaban actos homosexuales eran “espías” y buscaban desmoralizar a los jóvenes mientras intentaban penetrar en el ejército y la armada, la homofobia en Rusia siempre ha tenido un tinte político muy marcado, como explica Emil Edenborg en Homophobia as Geopolitics: “Traditional Values” and the Negotiation of Russia’s Place in the World. La autora menciona que en contextos como el ruso “el discurso homofóbico nace con una retórica antioccidental y se despliega en proyectos de nacionalismo y legitimación del estado” y esto funciona como una estrategia para convertir a los homosexuales en la representación de una cultura occidental degenerada que atenta contra los valores tradicionales que caracterizan a Rusia. Stalin veía la prohibición de la sodomía como un modo de combatir al enemigo externo y afirmaba que “destruyendo a los homosexuales, el fascismo desaparecería”. Adicionalmente, en 1936, Nikolái Krylenko —Comisario del Pueblo de Justicia de la URSS— manifestó en un discurso que la necesidad de la ley recaía en que los individuos LGBTQ+ no eran trabajadores sanos sino que representaban “una escoria de la sociedad o los restos de las clases explotadas”. 

LGBTQ Unión Soviética
Afiche de la Unión Soviética rediseñado por activistas LGBTQ+ después de la aprobación de la Ley federal contra la propaganda homosexual
Pride Propaganda

Healey expone que, aunque la homofobia era una realidad en la Unión Soviética, para los historiadores ha sido complicado recopilar información sobre las persecuciones o los arrestos que ocurrieron entre 1933 y 1993, año en que se dejó de criminalizar la sodomía. Según Matthew Schaaf en Advocating for Equality: A Brief History of LGBT Rights in Russia, al menos 700 hombres fueron encarcelados anualmente por esta ley entre los años sesenta y noventa. Sin embargo, en 1993, 75 hombres permanecieron en prisión después de la descriminalización de la homosexualidad, por lo que los primeros esfuerzos por parte de los activistas LGBTQ+ a finales del siglo XX se dirigieron a trabajar por liberar a estas personas.

Por otro lado, la invisibilización de la comunidad queer en la URSS fue tan grande que, del mismo modo que ha sido complicada la búsqueda de datos penales sobre este tópico, el arte hecho por homosexuales en la Unión Soviética y la propaganda en su contra por parte del gobierno no ha sido fácil de documentar puesto que, como expone Healey, el estado realizaba la mayoría de las reformas a la criminalización de la sodomía a puertas cerradas. El historiador explica que hasta que académicos con sensibilidad por los asuntos de las personas LGBTQ+ y con conocimiento sobre la homofobia actual en el este de Europa tengan la oportunidad de observar e indagar en los documentos oficiales de Rusia, no será posible escribir la historia de la persecución a los homosexuales en la Unión Soviética.

Como le mencionó el activista por los derechos humanos Peter Tatchell a Wired, la comunidad LGBTQ+ en Rusia vive en una atmósfera de terror y autocensura desde la aprobación de la Ley federal contra la propaganda homosexualista. A pesar de esto, los activistas siguen denunciando casos como el de Saw o situaciones como las de Chechenia —donde desde el 2017 hombres homosexuales han sido perseguidos intermitentemente por la policía y llevados a cárceles secretas para ser torturados, según Emil Edenborg— con el objetivo de visibilizar el problema de la homofobia en Rusia. No obstante, Vladimir Putin ha desmentido que exista algún rechazo por las personas queer y durante los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 comentó: “Aquí no se han prohibido las relaciones sexuales no tradicionales, se han vetado la propaganda homosexual y la pedofilia”.

No está restringido nada, nadie está siendo arrestado en la calle y no existe ningún castigo por formar parte de una relación de ese tipo. Todos nos podemos sentir tranquilos y relajados [en Rusia], solamente dejen a los niños en paz, por favor.

Vladimir Putin en el 2014
Homofobia Rusia
Afiche de la Unión Soviética rediseñado por activistas LGBTQ+ después de la aprobación de la Ley federal contra la propaganda homosexualista
Pride Propaganda

Un reportaje del Observatorio de Derechos Humanos (HRW por sus siglas en inglés) menciona que, según los testimonios de jóvenes rusos, grupos homofóbicos han usado la Ley federal en contra de la propaganda homosexualista como excusa para atacar a la comunidad LGBTQ+ sin recibir ningún tipo de castigo. “Estoy seguro de que la policía no consideraría la denuncia de un adolescente queer”, expusó Georgy L, un varón transgénero de 14 años, a HRW. “Los adultos pueden burlarse de nosotros, violarnos o destruirnos sin ningún problema”. 

Sin embargo, a pesar de la realidad tan dura que existe debido a la homofobia en Rusia, los activistas LGBTQ+ han encontrado, a través de la tecnología y la investigación, maneras de celebrar el orgullo de ser queer o de reimaginar algunas propagandas de la Unión Soviética y darles un nuevo significado. Por ejemplo, el blog Pride Propaganda tomó distintos posters de la URSS y los rediseñó para que incluyeran la bandera LGBTQ+, convirtiendo las imágenes de la utopía comunista en visiones de un mundo libre de homofobia. Otra iniciativa se llevó a cabo durante la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018, cuando la organización The Hidden Flag optó por aprovechar los colores de las camisetas de fútbol de distintos países para formar un arcoíris a plena luz del día. Este proyecto sirvió para denunciar la prohibición del uso de la bandera LGBTQ+.

 The Hidden Flag Rusia
La organización The Hidden Flag en las calles de Rusia durante la Copa Mundial de la FIFA 2018
The Hidden Flag

También los afiches de colaboración entre China y la Unión Soviética, descubiertos por Melissa Sartore —una profesora asociada de Historia en el Instituto de Tecnología de la Universidad de Virginia Occidental— están inspirando a los activistas queer, quienes los usan en protestas y campañas, debido a que muestran a hombres que a simple vista parecen parejas homosexuales. “Los diseñadores de carteles no se dieron cuenta de lo homoeróticos que eran, lo cual es alucinante”, comenta Sartore. “Con la intención de convencer a la gente dentro de Rusia y China de que la cooperación y la cercanía eran esenciales para la supervivencia, estos posters incluyen conexiones físicas entre varones con el objetivo de representar la relación política más amplia”.

Afiches homosexuales de Rusia
Afiche Antiguo para incentivar la colaboración entre la Unión Soviética y China
Jackviolet vía Tumblr

Más allá de la dificultad para mostrar los símbolos de la comunidad LGBTQ+, la prohibición de las marchas del orgullo o de las protestas a favor de los derechos queer, la homofobia sigue siendo una herramienta política en Rusia que busca poner a los homosexuales como los enemigos de los valores tradicionales de esta nación. Aunque nos gustaría decir que es un hecho que se puede solucionar fácilmente con presión internacional o con ayuda del activismo por los derechos humanos, Nikita Sleptcov expone en Political Homophobia as a State Strategy in Russia que cualquier discurso que abogue a favor de esta comunidad será tergiversado por el estado para mostrar los derechos queer como una herramienta del occidente para atentar contra la soberanía y la democracia de la nación rusa. 

Aunque el respeto a los derechos de las personas LGBTQ+ no parezca algo que esté cerca de obtenerse en Rusia, los activistas siguen trabajando por llamar la atención de la comunidad internacional para que la juventud queer no tenga que preocuparse por su seguridad como lo hizo Yelena Grigorieva antes de morir. A todos se nos debería garantizar un buen futuro, uno en el que podamos sentirnos orgullosos de quienes somos a plena luz del día y en el que la homofobia no sea más que un mal recuerdo de un pasado al que, con suerte, no volveremos jamás.

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