desobediencia civil

La desobediencia civil y la rebelión explicadas a través del cine

Soy de estirpe demasiado elevada 
para convertirme en un esclavo, 
en un subalterno sometido a tutela, 
en un servidor dócil, en instrumento 
de cualquier Estado soberano del mundo

H.D. Thoreau en Desobediencia civil y otros escritos (1849)

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no.

Albert Camus en El hombre rebelde (1951)

Cuando una sociedad entra de pronto en un estado de caos, de rebelión, es como si las estructuras que la amalgaman empezaran a resquebrajarse, como si una reacción química en cadena generara un desorden incontrolable y de consecuencias impredecibles. Lo ocurrido hace meses en Puerto Rico, las recientes situaciones en Chile, Bolivia, Hong Kong y el Líbano son las turbulencias sociales más cercanas en el tiempo, pero por supuesto: la historia está plagada de movilizaciones en masa, de luchas, de derrotas y también de estructuras de poder que se han transformado para bien o para mal de los ciudadanos. 

Protesta en el Líbano 
Reuters

La democracia, en principio, parte del reconocimiento mutuo, de dirimir las diferencias sobre la base de unas reglas de juego claras con las que todos hemos pactado bajo la forma de una constitución y de un cuerpo institucional que sustenta y legitima el poder. En teoría, debería funcionar así. Pero el caso es que a veces simplemente los sistemas se quiebran, las sociedades se rebelan y las reglas del juego pierden validez. 

En el cine, la desobediencia civil ha quedado registrada en sus distintas facetas, desde la más pacífica hasta la más violenta. Sean inspiradas en hechos reales o en la literatura distópica, las películas son un buen documento visual con el cual pueden explicarse las causas de estos quiebres en el sistema. Más allá de las particularidades históricas de cada rebelión social, existen denominadores comunes que pueden explicar sus causas a partir de modelos de análisis propuestos desde la teoría política y la sociología. 

Según Juan Linz, sociólogo y científico político español, el momento definitivo en que las democracias liberales se derrumban viene dado cuando las instituciones pierden legitimidad y ya no son capaces de demandar obediencia a la población. En su libro La quiebra de las democracias de 1974, Linz explica que “ciertos tipos de individuos o instituciones cuando se enfrentan a situaciones similares tienen una alta probabilidad de responder en formas que contribuyan al quiebre de los regímenes”, de manera que comprender a través del cine bajo qué circunstancias los sistemas se tambalean y cómo las rebeliones toman lugar puede darnos ciertas claves para entender los procesos políticos que hoy se están dando. 

La haine: cuando la sociedad se derrumba y no nos damos cuenta

La haine desobediencia
La haine (1995)
Canal+

La película francesa de 1995 La haine (El odio), dirigida por Mathieu Kassovitz, narra un día en la vida de tres personajes enfurecidos contra el sistema: un judío, un negro y un árabe. El filme se desarrolla a partir de los sucesos del 6 de abril de 1993, cuando un joven de 17 años proveniente de la zona más empobrecida de París muere de un disparo mientras se encontraba esposado en una comisaría. Inspirado por la serie de protestas en contra del odio racial y la brutalidad policial que desencadenaron estos hechos, Kassovitz construyó la película en torno a ese contexto, uno en el que los protagonistas, descendientes de inmigrantes, dan tumbos por el barrio y la ciudad durante 24 horas, indignados por la decadencia del sistema y la represión de la policía. La fractura entre la autoridad y los individuos se hace evidente a lo largo de la historia: el odio y la indignación son lo que marca el ritmo de las vidas de estos protagonistas en el contexto de una situación de anarquía que parece incontrolable, pero que inevitablemente tendrá un desenlace fatal. 

Aquí la fractura entre la autoridad y el cumplimiento de la ley evidentemente deslegitima el poder del Estado. Se disloca el alcance del poder porque este pretende imponer el orden sobre principios que van en contra de la dignidad de los individuos, pues los excluye y los maltrata, causando un estado de anomia de consecuencias graves para la sociedad. 

Según explica el sociólogo francés Émile Durkheim en el libro La división social del trabajo, la anomia sucede cuando los individuos se disocian del orden social, pues se ha generado una situación de decadencia en cuanto a lo que regulaba la vida y las funciones de los individuos dentro de ese orden, por lo que el malestar y la inconformidad derivan en una situación de caos y anarquía en la que el hombre se convierte en lobo del hombre. De este modo vemos cómo en La haine se trata de una desobediencia civil desarticulada, anárquica y problemática que deriva en crimen y violencia porque la autoridad no goza de suficiente legitimidad como para restablecer el orden. Los individuos pierden la capacidad de actuar conforme a un compás moral y a los valores de la sociedad puesto que han sido de un modo excluidos de ella. 

La película empieza y termina con esta misma frase: “Es la historia de un hombre que cae de un edificio de cincuenta pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío, no para de decirse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien… hasta ahora todo va bien. Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje”

Con esta cita se señala la caída de una sociedad que ha ignorado sus problemas, pero que eventualmente sentirá el duro golpe de la realidad. Aquí una escena que ilustra este estado de descontento con la autoridad: 

Selma: cuando el oprimido dice basta

Selma (2014)
Pathè films

Otro ejemplo claro cinematográfico en el que la rebelión tiene causas definidas y puede entenderse desde la teoría es Selma (2014). Dirigida por Ava DuVernay, la película está basada en las marchas por los derechos del voto realizadas de Selma a Montgomery en el estado de Alabama en 1965, las cuales fueron lideradas por Martin Luther King Jr. en el contexto de las luchas por los derechos civiles. En el caso de esta cinta, puede verse que se trata de una sociedad civil, un grupo de personas que vela por sus intereses, organizadas para ejecutar la demanda de sus derechos ciudadanos. Es una desobediencia civil articulada en una protesta pacífica y colectiva. 

Una de las frases que repite Martin Luther King Jr. durante la película es justamente: “What happens when a man stands up and says: enough is enough?” (¿Qué ocurre cuando un hombre se levanta y dice: ya es suficiente?) y en un sentido semejante, Albert Camus explica en su libro El hombre rebelde que el momento de la rebelión, de plantarse de frente al poder, llega cuando se ha tenido suficiente, cuando el individuo ya no es capaz de tolerar la injusticia en la que vive. La rebelión llega cuando el esclavo dice no y se pone de pie, cuando ya no está arrodillado. 

El esclavo, en el momento en que rechaza la orden humillante superior, rechaza al mismo tiempo el estado de esclavo. El movimiento de rebeldía lo lleva más lejos de lo que estaba en el simple rechazo. Supera hasta el límite que fijaba su adversario, exigiendo ser tratado ahora como su igual. […] Esta parte de sí mismo que quería hacer respetar, la sitúa entonces por encima del resto y la proclama preferible a todo, incluso a la vida.

Albert Camus en El hombre rebelde (1951)
Selma
Selma (2014)
Pathè films

Existe, de este modo, una condición de todo o nada, una conciencia que se apodera de la identidad del individuo y le hace plantar cara al poder y exigir libertad, prefiriendo la muerte a vivir de rodillas. La clave de la desobediencia civil no está únicamente en decir que no o en marcar un límite al abuso, sino en esa conciencia que se contagia a toda una comunidad, convirtiendo la indignación en causa común. “En rebeldía, el hombre se supera en otro y, desde este punto de vista, la solidaridad humana es metafísica”, explica Camus. 

En el caso de Selma puede observarse cómo se aglutina el descontento no solamente entre los afectados directamente por el racismo sino en toda una sociedad que decide solidarizarse y formar parte de la misma causa. En esta escena a continuación vemos cómo hay un sentido de hartazgo colectivo que simplemente trasciende a los individuos y los une por un mismo objetivo: 

La demanda de derechos en el contexto de un sistema político abierto o democrático, como es el caso de esta película, eventualmente tiende a ser atendida, no sin antes haber pasado por un período de turbulencia necesaria, de transición hacia un nuevo orden. Si bien en el filme no ocurrieron hechos que pusieran en peligro el sistema político, el desequilibrio que supuso la demanda de derechos por parte de las minorías raciales perjudicadas por siglos de racismo y segregación evidentemente dio paso a un período de angustia e incertidumbre en la sociedad estadounidense. Muchas veces lo que por años se considera justo de pronto un día deja de serlo y ese es el momento en que el oprimido dice basta y decide salir a demandar su derechos. 

En teoría, el funcionamiento de los sistemas políticos, según el modelo de David Easton, politólogo canadiense, implica una suerte de circuito en el que las demandas de la población son articuladas por quienes operan dentro del sistema —partidos políticos, funcionarios, instituciones—, de manera que filtran estas demandas para luego generar las políticas que respondan a dichas peticiones. Esos resultados producen un efecto en la población —un feedback— y este, a su vez, hace que se generen nuevas demandas. Así, de manera simple, un sistema político abierto —democrático— opera como un circuito de inputs y outputs, algo que se explica de forma más detallada en el libro de Easton titulado The Political System (1969). 

Lo clave de esta breve explicación es que lo verdaderamente importante de un gobierno es la eficacia con la que responde a las demandas de la población. Cuando esto no funciona así, empiezan los desequilibrios y los ciudadanos comienzan a emplear mecanismos de protesta para presionar al gobierno y buscar una solución a sus problemas. De esta manera, la desobediencia civil se emplea como último recurso con el fin de exigir derechos y respuestas a las demandas. 

1984 y V de Vendetta: cuando el enemigo es el Estado

1984 desobediencia civil
1984 (1956)
Columbia Pictures

No obstante, tanto el cine como la vida real nos han mostrado que también —y necesariamente— estos procesos de desobediencia civil ocurren en sistemas cerrados en los que la oposición no es reconocida y mucho menos las exigencias particulares de los ciudadanos. Los autoritarismos desconocen cualquier indicio de disidencia, reprimiéndola y tratando de suprimirla. La película 1984 (1956), basada en la novela homónima de George Orwell, aunque se trata de una distopía, ejemplifica de manera muy gráfica este proceso de supresión de la disidencia y de dominio total del individuo. La famosa línea del “2 + 2 = 5” ilustra de forma clara lo que es un régimen autoritario y el modo en que una ideología política se perpetúa: contraviniendo la razón. En esta escena podemos ver el proceso: 

Si bien los protagonistas de 1984 vieron pulverizados sus intentos de desobediencia, en películas como V de Vendetta (2005), dirigida por James McTeigue, la única posibilidad de despertar a la población de su letargo dictatorial será a través de la violencia. Los actos terroristas ejecutados por V —el hombre con la máscara Guy Fawkes, el anarquista católico inglés que en 1605 fracasó al intentar explotar la Casa del Parlamento británico para matar al rey Jacobo I en lo que se conoce como la “conspiración de la pólvora”— son vistos por el protagonista como el último resquicio de dignidad que puede quedar cuando se está en una situación de opresión extrema. La destrucción de los símbolos, de las estructuras que monopolizan el poder y ejecutan la violencia es significativa en la película, pues ataca directamente la causa del autoritarismo y comprende la efectividad que implica resquebrajar las cúpulas institucionales para fracturar al régimen. Claramente un plan tan perfectamente ejecutado solo tiene lugar en el cine; en la vida real, la destrucción tiende a generar situaciones poco controlables que derivan en un alto coste humano. 

V de Vendetta desobediencia
V de Vendetta (2005)
Warner Bros. Pictures

El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos. No se arma de honradez o de inteligencia sino que recurre a la simple fuerza física. Yo no he nacido para ser violentado. Seguiré mi propio camino.

H.D. Thoreau en Desobediencia civil y otros escritos (1849)

Aunque evidentemente este es un tema sobre el que se puede ahondar mucho más, quizá vale la pena comprender en un primer momento que la desobediencia civil es una demanda de reconocimiento más que un deseo injustificado o irracional por derrocar un gobierno. Lo que hemos visto con las protestas en Chile, Bolivia, Hong Kong o el Líbano, la represión por parte de quienes tienen el monopolio de la violencia no es más que un síntoma de que algo entre el gobierno y los ciudadanos se ha dislocado. Más allá de las ideologías políticas, el descontento de la población refleja la poca disposición que le han tenido los gobiernos para atender las más urgentes demandas económicas y políticas de los ciudadanos. La represión no hace sino desconocer la validez del derecho a ser escuchado, a ser reconocido. 

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