El término "apropiación cultural" ni siquiera debería existir

El término «apropiación cultural» ni siquiera debería existir

Foto: Getty Images. 

Nos hemos cruzado millones de veces con titulares sobre la apropiación de cultura y movimientos sociales reclamándole a una marca, artista o revista por imitar inadecuadamente un símbolo de una cultura que no es la suya, pero aun en el 2017 nos cuesta entender en sí lo que representa la “apropiación de cultura”.

En papel, el término comenzó a usarse para describir a algo o alguien que adopta aspectos de otra cultura; pero en una busca extremista de maximizar la importancia de lo “políticamente correcto”, la apropiación de cultura se convirtió en una dinámica de poder. Ahora el concepto no solo es una representación multicultural, sino que juzga a los miembros de una “cultura dominante” que toman elementos de la cultura de otras personas que han sido sistemáticamente oprimidos por ese mismo “grupo dominante”.

En otras palabras, el concepto de apropiación cultural pasó de ser un acto a un crimen por el hecho de que la jerarquización en la sociedad aún sigue presente en el siglo XXI. Por lo que, obviamente, es mal visto que una persona blanca quiera usar dreadlocks en el 2017, ya que probablemente su tatara-tatara abuelo tenía prejuicios absurdos sobre el peinado clásico de la cultura afroamericana. 

Si nos planteamos el mismo significado para analizar todos los aspectos culturales, ¿por qué la apropiación de cultura no aplica para la comida? El té, el sushi, la pasta, la pizza, los tacos; todas son comidas de diversos países que han emigrado e incluso se han enfrentado a modificaciones por “culturas dominantes”; pero aun así, no vemos a nadie quejarse sobre la apropiación mientras se come una pizza hawaiana con extra de piña (un toque impuesto al plato italiano por los alemanes en los 50’s).

El extremismo y fanatismo por adaptar todo a lo “políticamente correcto” ha logrado que practicar actividades que se originaron en países ajenos a los nuestros se debatan a tal punto que las universidades prohíban el yoga porque se tilda de “apropiación cultural”. O tal como ocurrió con la última edición de Vogue, en la que quisieron dedicarle un mes a la diversidad colocando a una modelo asiática en la portada junto a otras de color, de diferentes tallas y culturas, y aun así la revista terminó siendo criticada porque Karlie Kloss modeló como geisha en una de las sesiones de fotos. Por más de que la intención siempre fue exaltar los aspectos más importantes de otra cultura, Vogue se enfrentó a reclamos por querer “apropiarse” de la cultura.

El problema principal con el concepto de apropiación cultural es que de por sí no es un problema. Es un término alimentado por la noción racista de que mezclar culturas es malo, cuando en realidad las viejas tradiciones están siendo reemplazadas por nuevas costumbres y las fronteras de las culturas no están limitadas por la religión, geografía o creencia de sus miembros.

Mientras que la cultura siempre ha sido dinámica, adaptable y adoptiva, el mito de la “apropiación cultural” abraza la idea de que la cultura es estática y distinta; por lo que sus aspectos no pueden ser compartidos más allá de sus miembros. Aun cuando hay una fina línea entre apreciar algunas costumbres y robarlas.

Eso sí, cuando el proceso de “apreciar” una cultura no es estudiado, ocurren hechos que sí pueden entrar en el temido concepto de “apropiación cultural”; como la presentación geisha de Katy Perry en los American Music Awards del 2013. La controversia alrededor del show “inspirado en la cultura japonesa” no surgió porque Katy Perry no fuese asiática, sino porque en su intento de honorar uno de los rasgos más prominentes y simbólicos de la cultura, solo jugó con el estereotipo clásico y se equivocó con el vestuario, que en realidad era una fusión del patrón Chino y Japonés. Un ejemplo de lo importante que es conocer el contexto antes de querer imitar una cultura.

En pocas palabras, es un término complejo de entender porque sí hay un trasfondo histórico y migrado de conflictos sociales pasados, pero aun así, estamos en el 2017; ya es necesario que crezcamos con un sentido profundo de lo que nos rodea y la capacidad de elegir a qué deseamos pertenecer. 

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