El apocalipsis del aguacate

El apocalipsis del aguacate

A pesar de los peligros que representa estar expuestos a esteroides, animales salvajes e indomables fuerzas naturales, ni siquiera un presidente insolado por bronceados artificiales puede negar que la mayor amenaza para el planeta tierra es el hombre.

En nuestra relativamente corta pero destructiva presencia en la tierra hemos acabado con especies animales, bosques, civilizaciones enteras y más recientemente, con el buen gusto.

Es imposible disfrutar de un disco de vinilo, andar en una bicicleta con una cesta, usar lentes redondos y fumar marihuana de una pipa, sin que una horda de personas que dicen no estar “en tendencia” quieran compartir contigo la banda alternativa más clandestina del momento.

Son como una manada vil y desalmada de personas que se dedican a colgar atrapasueños, contar anécdotas de lo bien que lo pasaron durante su primera probada de LSD en Amsterdam y cómo su futura hija “Piedra del Viento” no va a ser sometida a los paradigmas sociales de un colegio católico.

Estos zombies que huelen a perfumes sustentables y a aceite de coco son culpables de que una fruta, que es gran base y alimento milenario para culturas latinoamericanas desde la antigüedad, esté en el camino de la extinción.

El aguacate, divino alimento apreciado por muchos desde antes de los hipsters, hoy sufre tanta demanda que pagamos un precio absurdo por él, nos asqueamos por recetas que son un insulto para cualquier buen guacamole y además debemos soportar que americanos que no habían probado su primer aguacate hasta el 2017 ahora digan que “avocado is a way of life”.

Los latinoamericanos, nacimos entre ceviches con guarniciones de aguacate, tacos con guacamole, merengadas de aguacate en Brasil y arepas bien resueltas de pabellón y aguacate en lonjas en Venezuela.

Nuestra dieta ha colocado al aguacate entre los mejores acompañamientos de una ensalada y nos ha desarrollado un paladar mal acostumbrado que siente que los aguacates de Estados Unidos “chamo, no saben a nada”.

Sin embargo, una movida de redes sociales bien hecha y la gran influencia de Tasty en las mentes de moldeables millennials, provocaron que nuestra preciada fruta fuese tan venerada como la Britney Spears de los 90’s.

Hoy en día googlear “aguacate” resulta en innumerables páginas de internet, recetas e ilustraciones que impulsan esta obsesión que muchos tratamos de rechazar sanamente.

Una página de infografías que nos cuenta cómo los hipsters salvaron el aguacate.

Un video con 6 millones de visitas.

Un artículo alarmista de The Huffington Post 

Que casi llevó a Estados Unidos al borde del caos porque señalaba cómo después de una dura sequía en el 2015, podía ser posible que no hubiesen más aguacates en el país norteamericano.

Este asqueroso café dentro de una concha de aguacate vacía.

Obviamente tenía que haber una lista de lo “difícil que es vivir amando el aguacate” hecha por Buzzfeed.

Una razón para disfrazarte de estúpido en carnavales.

Muchas personas temen a la desaparición del aguacate de los automercados. Yo personalmente temo que los aguacates cobren vida y una buena noche se decidan vengar de la raza humana por humillarlos tan desalmadamente porque nos parecen trendy.