El año que viene los Grammys serán un homenaje constante de dos horas y media

El año que viene los Grammys serán un homenaje constante de dos horas y media

Fotografía: Getty Images

Lo que el domingo en la noche pareció la octogésima entrega de los premios Grammys, por más que apenas está cumpliendo su último año como quincuagésima, fijó una narrativa clara de la aclamada premiación que nos recordó por qué siempre dejamos de verla a la mitad de la ceremonia: déjà vu.

Llueva, truene o relampaguee, los Grammys siempre son los mismos: Adele expandiendo su estantería de premios, Beyoncé siendo Beyoncé, homenajes a la mitad, uno que otro artista que nunca hemos escuchado y Rihanna regalándonos memes icónicos con cada cameo que protagoniza.

Sin embargo, los premios Grammy de este año fueron más notables precisamente por lo que no sucedió:

  1. No contrataron un mejor equipo de sonido que el del año pasado (o que el de los últimos 7 años).
  2. Los protagonistas de los tributos no eran los homenajeados, sino los que homenajeaban.
  3. Dos de los raperos más importantes de la industria, Drake y Kanye West, no cambiaron sus planes para asistir a los premios, aun cuando estaban nominados.

Comencemos con el protagonista de la noche: el sonido (o la ausencia de él). Uno pensaría que porque los Grammys son los Grammys, unos premios reconocidos y certificados por La Academia de la Grabación, el sonido debe estar a la altura de las presentaciones, después de todo, son premios de música; pero tal como Trump nos enseñó, lo que uno espera no es siempre lo que ocurre.

En vez de redimirse por los problemas técnicos que sufrieron las presentaciones de Adele y Justin Bieber el año pasado (y Frank Ocean y Bieber, una vez más, en las ediciones anteriores) lo más cerca que llegaron fue a la calidad sonora del Miss Venezuela, y ya que ni James Hetfield ni sus fans están muy felices por esto, quizás en esta ocasión los organizadores sí entenderán la punta y mejorarán la producción para el año que viene. Mientras tanto, es mejor que esperemos sentadas.

En cuanto a los tributos, lo veíamos venir. Después de que el mismo hijo de David Bowie, Duncan Jones, criticara la presentación honorífica que cantó Lady Gaga el año pasado en los Grammys; los cuestionamientos por la sección de “In Memoriam” del 2012; el disgusto de la familia de Natalie Cole por “minimizar su legado” y el eterno tributo a Lionel Richie, hemos concluido que las presentaciones de los Grammys están en peligro de extinción.

Sí, es totalmente necesario que reserven un momento de la noche para recordar a todos los artistas que dejaron una huella en la industria, pero si los tributos siguen aumentando como lo han hecho estos años, no se extrañen cuando las únicas presentaciones diferentes que veamos en un par de ediciones sean de Adele con “29” y Beyoncé en la espera de su quinta hija.

Aunque algunas almas caritativas salvaron al espectáculo y priorizaron la celebración de la música (que se supone que es el objetivo de los Grammys) no estamos muy seguras de que el año que viene reservemos nuestra noche de domingo para escuchar lo mismo que venimos escuchando desde el 2010, si es que los problemas técnicos permiten algún sonido en absoluto.  

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