El deporte está cambiando y es gracias al fútbol femenino
fútbol femenino

El mundo del deporte finalmente está cambiando y es gracias al fútbol femenino

Los equipos femeninos están creciendo y acaparando cada vez más la atención de los medios

No podemos dejar de hablar del empoderamiento femenino porque nos encanta ver que reconozcan los méritos de otras mujeres en campos a los que hace treinta o cuarenta años ni siquiera pensaríamos poder pertenecer. El deporte ha sido una de las áreas en las que la sociedad se ha resistido al pensamiento de que las mujeres no son en lo absoluto el sexo débil, pero en los últimos años, el fútbol femenino ha dejado una marca tan profunda en el mundo deportivo que está cambiando la forma en la que este negocio ve a las mujeres.

Megan Rapinoe, capitana del equipo de Estados Unidos, junto a sus compañeras
AFP

Entre 2016 y 2017, el interés por las selecciones de fútbol femenino en el mundo creció tanto que estos equipos alcanzaron un nivel mediático nunca antes visto, promoviendo un mensaje de igualdad muy necesario en la industria deportiva desde su creación y que ahora forma parte del discurso de igualdad que promueve el feminismo. 

En 1894, la activista Nettie Honeyball fundó el British Ladies’ Football Club, el primer equipo de fútbol femenino en la historia, con la idea de que el deporte sirviera para demostrar que la contribución de las mujeres de la época a la sociedad podía ser equivalente, e incluso independiente de la de los hombres.

Aunque el grupo solo jugó un partido y se disolvió al año siguiente debido a la prohibición del fútbol femenino por parte de la Federación Inglesa, este adquirió popularidad entre las mujeres y resurgió nuevamente durante la Primera Guerra Mundial, cuando estas pasaron a formar parte de la fuerza de trabajo y se integraron a las prácticas comunes de los obreros: los juegos de fútbol.

Anuncio publicitario del primer partido de fútbol femenino 
Kate Turner/Manchester City Council

Por supuesto, ninguna de las competiciones realizadas por las ligas de las fábricas eran oficiales ni tampoco pasaban a ser más que una distracción para las mujeres mientras que los equipos masculinos ya se disputaban en competencias de alto nivel desde 1871. En este panorama, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) prohibió el fútbol femenino y limitó el uso de sus estadios a los torneos de hombres. No fue sino hasta 1980 que la FIFA lo reconoció y se concretaron algunas bases para el formato de juego actual, casi cincuenta años después del primer Mundial masculino.

¿Cuándo comenzó la fiebre del fútbol femenino?

Si bien ya se jugaban partidos oficiales y se contaba con el patrocinio de una de las organizaciones más grandes en materia de deporte a nivel mundial, el fútbol femenino seguía relegado a un segundo plano frente a las selecciones masculinas. Sin embargo, todo esto cambió en la final de la Copa Mundial de Fútbol Femenino de 1999, cuando una pieza de ropa interior revolucionó la imagen de este deporte.

Brandi Chastain en la final de la Copa Mundial de Fútbol Femenino de 1999
Roberto Schmidt/Getty Images

Durante el partido final de la copa entre Estados Unidos y China, la jugadora Brandi Chastain anotó el penal que llevaría a su equipo a la gloria e hizo algo que quedó inmortalizado en la historia del fútbol femenino para siempre: se quitó la camisa y celebró con puños y ropa interior al aire frente al mayor número de espectadores que había asistido a un juego de fútbol femenino hasta el momento. 

Esta celebración fue reseñada por todos los periódicos internacionales, aunque no siempre con buenas reacciones. A pesar del excelente recibimiento por algunos medios, otras críticas le recriminaron a Chastain el haberse quitado la camisa, pues consideraban que el acto opacaba el juego y el torneo, pero esto no detuvo a una audiencia inspirada por las mujeres que ganaron la primera competencia internacional de fútbol del mundo. En una escena casi poética, podemos decir que, sí, un sostén transformó completamente el curso del fútbol femenino en la historia.

El fútbol femenino podría ser una industria de millones de dólares, pero no lo es

Luego de la victoria de Estados Unidos, el interés por el fútbol femenino comenzó a crecer entre los fanáticos de todo el mundo. Muchos empezaron a apostar por estos equipos, especialmente en países cuyas selecciones masculinas no son tan fuertes en las competencias internacionales, como Estados Unidos, Japón o Venezuela. Y con un aumento en los seguidores, también vino la oportunidad de que más marcas y la propia organización invirtieran en la liga femenina.

Formación del equipo femenino de Venezuela en 2017 
La Vinotinto

El fútbol por sí solo es una de las industrias con más ingresos a nivel mundial. Solo en España, de acuerdo al informe de este año de Deloitte, los clubes más importantes, como el FC Barcelona y el Real Madrid, superan los 700 millones de dólares en ganancias, pero el flujo de dinero no se detiene aquí. El deporte estimula muchas otras industrias millonarias que van desde el sector turismo hasta la moda. Según Brand Finance, la marca de ropa deportiva con mayores ingresos en 2017 fue Nike, la misma que promocionó Brandi Chastain después de ganar en los noventa, con un valor de casi 25 millones de euros. 

Top 10 de las marcas de ropa más valiosas en 2018 y 2019 según Brand Finance
Brand Finance

Y estamos hablando solo de una parte del sector de la moda; si pensamos en el resto de los clubes y las marcas de ropa deportiva alrededor del mundo, estos números aumentan exponencialmente. Además, agreguemos a esto todo el dinero que hacen las industrias turísticas, hoteleras, entre otras, que se benefician de la realización de los eventos deportivos. Solo con el fútbol masculino se hacen miles y millones de dólares anualmente, ¿por qué no podría pasar lo mismo con las selecciones femeninas?

Se sabe que una de las quejas más grandes en el mundo deportivo es la brecha salarial que existe entre los equipos masculinos y femeninos. Durante la final de la Copa Mundial Femenina de 2019 en Francia, con más de sesenta mil espectadores, la selección estadounidense celebró su victoria bajo un coro de voces que cantaban “Equal pay! Equal pay!”, en protesta a la diferencia de salarios entre mujeres y hombres.

Selección estadounidense coronándose campeonas de la Copa Mundial Femenina de 2019
Lucy Nicholson / Reuters

La diferencia entre las ganancias de los equipos femeninos con respecto a sus contrapartes masculinas es abismal. Solo en Estados Unidos, las jugadoras reciben un salario mínimo de casi 17 mil dólares y sus bonificaciones provienen de ganar otros partidos oficiales, mientras que los hombres hacen aproximadamente 70 mil dólares solo con su participación en partidos y torneos. Por otra parte, en el Mundial de Brasil en 2014, el equipo masculino de Estados Unidos recibió un bono de 5.4 millones luego de ser eliminado en cuartos de final, cuando la selección femenina, después de ganar el Mundial de Canadá en 2015, solo recibió 1.72 millones de parte de la federación. 

Todo esto sirvió para respaldar una demanda contra la Federación estadounidense en 2019 por discriminación de género, cosa que la organización niega, afirmando que de los cincuenta atletas mejor pagados, 25 son mujeres. Pero esto, como dijo la abogada demandante, Jeffrey Kessler, a The Wall Street Journal, “es como argumentar que no hay discriminación cuando pagas a los hombres 20 dólares por hora y a las mujeres 15. Como ellas trabajan un 25% más y obtienen un bono por una producción sobresaliente, terminan ganando casi lo mismo”.

Mediapro

“Las mujeres no reciben la misma paga porque el fútbol femenino no tiene tanta demanda”. 

Con esta excusa, la Federación Nacional de Fútbol pretendía defender la brecha salarial en el deporte, pero no podría estar más equivocada. Desde 1999, el fútbol femenino había adquirido cada vez más reconocimiento hasta que su popularidad explotó en 2017, con la celebración de la Eurocopa Femenina. 

De acuerdo a la auditoría realizada por el Wall Street Journal para el caso de Estados Unidos, entre 2016 y 2018, los ingresos de la selección femenina estadounidense rondaron los 50.8 millones, estando casi a la par de la masculina, la cual recaudó 49.9 millones, principalmente en boletería y patrocinios. Y todos estos son solo datos de Estados Unidos; si tomamos en cuenta otros equipos, las sumas aumentan drásticamente, aunque eso no necesariamente reduzca la brecha salarial entre los equipos.

Rafael Alves/AFP/Getty Images

Todo esto nos lleva a reevaluar la posición de la mujer en el deporte y a tomar con aun más seriedad el pensamiento de Nettie Honeyball. Las mujeres tienen mucho que aportar a la sociedad y esto lo demuestran cada vez más los 48 equipos nacionales de fútbol femenino, así como los regionales y aquellos de ligas menores alrededor del mundo. El crecimiento de la figura femenina en el fútbol, además, ha abierto las puertas a otras discusiones que no tienen que ver con el dinero, sino con actitudes fundamentalmente machistas.

Además de la paga igualitaria, lo que verdaderamente exigen las futbolistas es que se les trate de la misma forma que a los jugadores masculinos y que se les reconozca por su mérito como deportistas. En Latinoamérica, particularmente, el problema más grande de algunas selecciones juveniles es que no son profesionales, por lo que no reciben ningún apoyo por parte de la federación para mantener buenas condiciones de entrenamiento. Además, las jugadoras son vulnerables a ser víctimas de abusos sexuales y de poder por parte de las directivas de la organización a la que pertenecen. Este fue el caso de Melissa Ortíz e Isabella Echeverri, quienes denunciaron en sus redes cómo habían sufrido de acoso durante su permanencia en la Federación Colombiana.

La diferencia de trato hacia las mujeres dentro la industria futbolística puede ir desde obligar a los equipos femeninos a jugar en estadios de grama artificial, que es conocida por ocasionar más resbalones y accidentes durante los partidos, hasta sugerir que los uniformes de las deportistas sean más cortos y ceñidos para aumentar el interés masculino y favorecer a los patrocinios, como hizo el director de la FIFA en 2004.

Ada Hegerberg en la entrega del Balón de Oro
AFP

Por otra parte, fuera de la cancha también se ve esta actitud hacia las mujeres. En 2018, Ada Hegerberg ganó el Balón de Oro, el mayor reconocimiento que puede tener un futbolista y que tradicionalmente se le otorga a hombres. Durante la entrega del premio, uno de los presentadores, obviando la exitosa carrera de Hegerberg, le preguntó a la deportista si sabía hacer twerking, lo que resultó en una ola de críticas por parte de la audiencia.

A pesar de estos comentarios, el fútbol femenino sigue cambiando la forma en que las mujeres se ven  a sí mismas y conciben su rol en la sociedad. En culturas tradicionalmente machistas como la iraní, el deporte las ha ayudado a exigir un poco más de su libertad, como cuando en 2019 el gobierno les permitió entrar al estadio nacional de Azadi por presión de la FIFA y la fanaticada femenina, algo que no ocurría desde hacía cuarenta años. 

Mujeres iraníes viendo un partido de su selección por primera vez en vivo
Atta Kenare / AFP

Así como este episodio, el deporte ha inspirado a muchas niñas a jugar fútbol, por lo que la FIFA, junto a otras organizaciones como UNICEF, han creado programas educativos en países en guerra o con altos índices de pobreza. Esta y muchas otras acciones son parte de la agenda de la FIFA para hacer crecer la popularidad del fútbol femenino en el mundo, convirtiéndolo en el factor de cambio social y económico que podría ser. 

Esto nos demuestra que ciertamente el deporte no es algo de hombres y que las repercusiones que este puede tener no solo para las jugadoras que pertenecen a las federaciones, sino para el resto del mundo son enormes y contribuyen aun más a la lucha por la igualdad que tanto queremos. La importancia que ha adquirido el fútbol femenino no se queda solo en Brandi Chastain o Ada Hegerberg, va mucho más allá y debemos celebrarla como una victoria para todas las mujeres. Todavía queda mucho por hacer para que los equipos femeninos sean tan reconocidos como los masculinos, pero esto nos enseña que vamos por buen camino.

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