Diego Arroyo Gil, su trayecto como periodista y sus nuevos proyectos

Diego Arroyo Gil, su trayecto como periodista y sus nuevos proyectos

Fotografía: Ricardo Torres

Sin pelos en la lengua, podría decir que actualmente la profesión más obstaculizada en Venezuela es el periodismo. En un país donde es costumbre presenciar al presidente y sus pasos de baile en todos los medios de comunicación, se encuentra, por otra parte, una población devorada por la crisis, que además protesta y muere todos los días en la calle.

En este país completamente censurado también está un gremio de periodistas que, a pesar de las limitaciones evidentes, ejerce la labor de informar una realidad deplorable siempre bajo el principio ético de la veracidad y del valor del contenido.

Sea a través de sus cuentas personales de Twitter o de algún portal digital o medio convencional, estos periodistas se han ganado progresivamente la credibilidad cuando refieren lo que ocurre tras día en Venezuela; siendo ellos la principal fuente de información dentro de del caos mediático que se impone en estos momentos tan críticos.

Con un largo y nutrido recorrido laboral, dentro de este gremio se encuentra Diego Arroyo Gil. Principalmente reconocido por sus publicaciones La señora Ímber, Genio y figura y Bocaranda, El poder de los secretos, Diego, además de contar con un sinfín de investigaciones periodísticas y entrevistas, destaca por su énfasis en rescatar el periodismo de raíz; aquel que cumple con todas y cada una de las normas para lograr el objetivo: informar siempre al lector de manera ordenada y honesta.

Una vez leídas y disfrutadas sus publicaciones, lo contacté para conversar un rato con él, hablar de sus nuevos proyectos y saber un poco más sobre su interesante trayectoria como periodista.

Diego, háblame de tu primer trabajo.

Mi primer trabajo fue como pasante-redactor de una revista de moda y tendencias llamada Blitz, que editaba Roland Carreño. Yo tenía 19 años. Luego de estar dos años en Blitz, pasé a El Nacional como pasante de cultura. Desde entonces no he parado.

¿Tuviste algún mentor en tu carrera?

Simón Alberto Consalvi, con quien trabajé durante seis años completos. Fue una persona que me terminó de formar a nivel periodístico y ético. Hizo que de alguna forma me viera obligado a estudiar Historia de Venezuela porque fui editor adjunto de la Biblioteca Biográfica Venezolana, una colección de biografías que publicaban El Nacional y la Fundación Bancaribe, de manera que como editor tenía que estar muy empapado de la historia de Venezuela. Fue una gratísima experiencia porque Consalvi además de periodista era historiador. Todos los días aprendía de él.

Tú que pudiste ejercer durante la presidencia de Chávez y también en la actual, ¿sientes alguna diferencia entre el periodismo durante el chavismo y el de ahora?

El gremio ha encontrado la manera de hacer su trabajo a pesar de todas las dificultades que se le han puesto en el camino. Es una situación complicada porque el poder no permite el escrutinio periodístico.

Yo siempre lo digo y ahora lo digo más: estoy muy orgulloso del gremio periodístico. El desenvolvimiento y el desempeño de los medios digitales se pierden de vista de lo bueno que son. Hay, por otro lado, una crisis de papel. ¿Por qué? En primer lugar porque el Gobierno le ha quitado la posibilidad de obtener papeles en períodos muy largos y eso ha supuesto una crisis tremenda. Además los han denunciado muchísimo; la denuncia de Tal Cual, El Nacional y así. Luego también la carestía de la prensa, de los periódicos, por lo que ahora la gente prefiere leerlos en las páginas web.

Sin contar a los protagonistas de tus libros, ¿cuál ha sido una entrevista que recuerdes como única?

Quizás por las circunstancias, una que le hice a Mario Vargas Llosa. Me dieron cita para las 10:00a.m., hora de España, que eran las 4:00a.m., hora de aquí. Ya yo lo había entrevistado una primera vez en Lima, pero en este caso al dármela a esa hora yo no exigí nada, sabía que iba a ser de madrugada aquí. Entonces, el hecho de levantarme a esa hora y hablar con Vargas Llosa, fue gracioso, curioso. Son las cosas que uno hace por la oportunidad, ¡no iba a decirle que no! Me hubiesen citado a cualquier hora y aceptaba.

Otra entrevista que recuerdo mucho fue en Buenos Aires a Jorge Edwards, el escritor chileno que había ganado el premio Planeta Casa de América por una novela llamada La Casa de Dostoievsky. Estaba toda la prensa latinoamericana. Como eran tantos reporteros, no te daban diez minutos ni cinco por periodista sino que pasabas por grupos a hablar con él. Entonces, en El Nacional querían una entrevista exclusiva pero no había mucho chance. La noche de la entrega del premio se ofreció un cóctel donde había 400 personas y todo el mundo estaba en torno a él, por lo tanto, era difícil; pero en un momento la gente se distrajo y él estaba solo y yo le aparecí por detrás de una columna y entonces me dijo “bueno, cinco minutos”. Recuerdo que fueron seis minutos con veintidós segundos y con eso sacamos una página completa en El Nacional.

¿Qué opinas sobre el periodismo informal que tanto circula actualmente en Venezuela?

Por más que el medio o la persona se esfuerce, hay ciertas normas que hay que cumplir y formación que hay que tener para hacer bien las cosas. Eso no quiere decir que eventualmente haya gente que la pegue haciendo bien algo, pero está la idea de que cualquiera puede ser periodista porque todo el mundo tiene acceso a las redes sociales; pero tener una cuenta en redes no significa que vayas a hacer un buen trabajo periodístico. Para ser periodista hace falta estudiar.

¿Qué libro te hubiese gustado escribir?

Hay un libro que leí, y al terminarlo me dije “ojalá yo pudiera escribir algún día una cosa así”; se llama La liebre con ojos de ámbar, de un ceramista llamado Edmund de Waal. Es una historia muy extraña, de unos objetos. Él heredó de un pariente una colección de netsukes, que son unas pequeñas figuras en cerámica japonesas. Entonces de Waal escribe la historia de estos muñequitos, que resulta ser la historia de su familia. Es una historia apasionante de cómo fue pasando por herencia esta colección y a la vez es un cuento del siglo XX. A mí me pareció interesante que a través de un objeto pudieras contar la historia de las personas a quienes ese objeto acompañó durante la vida.

Otro libro que me hubiese gustado escribir es uno llamado La Folie Baudelaire de Roberto Calasso, uno de mis escritores favoritos. Es fantástico porque no es una biografía, sino un estudio del personaje y a la vez de su obra a través de la cultura, por lo tanto se cruzan todos los géneros. De pronto sientes que estás leyendo una novela, luego un ensayo, que a la vez es una crónica o que tiene rasgos poéticos. Es verdaderamente increíble.

Si pudieras entrevistar a algún personaje histórico actualmente, ¿quién sería?

Me hubiera gustado entrevistar a Frida Khalo. A mí me gustan los personajes mitológicos, y ella es un personaje increíble. A Chavela Vargas, Bola de Nieve, me hubiera encantado entrevistarlos.

Sobre Sofía 

Antes de empezar toda la experiencia con Sofía, ¿te imaginabas un resultado tan exitoso como el actual?

No, yo nunca estoy pensando en eso. Al escribir yo pienso en si el texto funciona o no; que sea exitoso o que no lo sea ya no depende de mí, depende un poco del momento en el que salió, las circunstancias, si la gente lo leyó, lo polémico que haya podido ser. Yo lo único que trato es de hacer bien mi trabajo y de que el texto corresponda al compromiso que yo he asumido. Eso es lo principal.

¿Quedaste contento con el resultado?

Sí, pero lo releo y siento que he podido hacer algunas cosas de otra manera en algunas partes, o considero que pude haber incluido otras cosas que no incluí. Uno se relee y se da cuenta de que pudo haber escrito mejor las cosas. Eso es así, interminable. Por eso Borges decía que uno publica para deshacerse de los borradores. Es obvio que a veces uno está más contento con algunos trabajos que con otros; el de Sofía es uno de mis textos con los que he quedado más contento.

¿Has vuelto al Museo de Arte Contemporáneo?

La última vez que fui al MACC fue el 11 de febrero de 2015 con Sofía. La experiencia la cuento en el libro porque fue su última visita. Ella quería que escribiera la crónica de ese día y yo nunca lo hice, pero utilicé datos de esa visita para incluirlos en el libro.

¿Escribirías la crónica?

A lo mejor más adelante, cuando pase un poco el tiempo.

Sobre Bocaranda

¿Imaginaste que Nelson era capaz de tener tantas anécdotas y conocer a tantas personas?

Es sabido que Nelson tiene una historia riquísima, pero es verdad que a pesar de que uno sabe, verlo todo junto y en conjunto es impresionante. Porque tiene muchísimas historias, que hasta quedaron por fuera. Con todas hemos podido haber hecho tres libros.

¿Nunca quisiste saber quién era la famosa fuente de Bocaranda sobre la muerte de Chávez?

Bueno claro, yo creo que a todos nos gustaría saber, pero a fin de cuentas lo más importante, creo, es cuál es la trama; y eso está expuesto en el libro hasta donde conviene que haya sido expuesto, porque obviamente Nelson necesita protegerse a él y a su fuente.

Nuevos Proyectos

¿Estás haciendo el mismo proceso de entrevista con Margot Benacerraf como el que hiciste con Sofía?

Son dos personajes distintos. Margot Benacerraf es un personaje muy diferente al de Sofía por su personalidad, su carácter, etcétera. Estoy ahora entrevistándola, llevamos seis meses y todavía no estoy seguro de cuál va a ser el tono final que va a tener el libro, pero ya estoy eso.

¿Qué te llamó la atención de Margot?

Margot es una figura también un poco mitológica o legendaria que hizo dos películas; Reverón y Araya. Araya ganó dos premios en Cannes en el año 59 y Margot desde ahí no hizo otra película. Dentro de la historia imaginal de Venezuela Araya es un hito y Margot está estrechamente vinculada con Araya, tanto así que es como si fuese su película; entonces a mí me da curiosidad tratar de descubrir a ese personaje ¿quién es Margot? ¿qué hay detrás de esa Araya? ¿cómo de esa mujer tan dulce, afectuosa, simpática, salen sin embargo imágenes tan chocantes para el ánimo? ¿de dónde sale esa fuerza?

Es lo mismo que ocurre en Reverón; en esta película hay imágenes muy fuertes, por lo tanto nos hace pensar que esta señora tan menuda debe tener una fuerza interior impresionante. Descubrir eso es lo que me llama la atención.

¿Crees que existe algún tipo de relación entre los personajes de tus libros?

Lo que ha ocurrido es que cada nuevo personaje ha estado mencionado en alguno de los libros anteriores. En el libro de La Nena Palacios se menciona a Miguel Arroyo, en el de Miguel Arroyo se menciona a Consalvi, en el de Consalvi se menciona a Bocaranda y a Sofía, en el de Bocaranda a Consalvi y a Sofía, y en el de Sofía a Consalvi y a Miguel Arroyo. Es como una familia que se cruza, pero en buena medida porque como dice Inés Quintero, “en Caracas somos 33”. Todos son figuras del panorama político y cultural venezolano y además conocidos entre ellos.

Algún consejo que pueda servirnos a nosotros, periodistas en camino.

Lo que me parece importante en cualquier caso es siempre tratar de ser honesto con su trabajo, porque uno tiene que pensar que se está trabajando para conversar con los demás sobre lo que está pasando; se trata de darle a la audiencia algo que sea verdaderamente de valor, que vaya a ayudarle en la comprensión de la realidad, no inutilidades. Al público hay que respetarlo; por eso hay que esforzarse mucho y profundamente en utilizar bien el lenguaje, que es una cosa que está de capa caída en Venezuela. Estamos llenos de lugares comunes, uno lee la prensa y de pronto no entiende a los periodistas, los signos de puntuación un desastre. Por supuesto que hay editores, pero igual se nota que hay muchos errores. La única manera de aprender a escribir bien es leyendo a gente que uno considere que escribe bien; hay que estar leyendo constantemente, y no solamente noticias sino también literatura, porque eso es lo que nos va a ayudar a pensar. Leer literatura ayuda al periodista a comprender los problemas humanos con mayor profundidad.

Si tuvieras una valla en la autopista Francisco Fajardo, ¿qué diría?

“Esto también pasará”, que es una frase de Rafael Cadenas. Un día le preguntaron qué le diría a un joven y él respondió algo así como: «Que ante cualquier circunstancia, no olvide que ‘esto también pasará”.

Frente a este desorden político y de desinformación, no me queda la menor duda de que profesionales como Diego y los que vienen en camino serán principales responsables de que en este país las palabras cultura, historia y conocimiento no sean más que conceptos olvidados por generaciones censuradas y reprimidas por la ignorancia. 

¡Mil gracias Diego!

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