El verdadero costo de ser mujer

El verdadero costo de ser mujer

Como mujeres, siempre se nos ha tratado diferente; desde nuestra elección de vestuario y preferencias hasta los comportamientos y actitudes que son “aceptables” según nuestro género. Somos muy conscientes desde temprana edad de que “somos niñas” y que eso acarrea una “deber ser” guiado por tabúes, tradiciones y costumbres. Por lo que es común que a primera vista no nos cuestionemos la diferencia de precios que existe entre los productos para hombres y los productos para mujeres, porque al final del día, “existen cosas para los hombres y existen cosas para las mujeres”.

Si bien es ilógico defender que las mujeres y los hombres son iguales, porque ciertamente somos diferentes, hay algunas diferencias (impuestas) que no tienen sentido: sueldos menores, mayor responsabilidad en el hogar e incremento en los precios de los productos de higiene personal.

¿Por qué si los productos de las mujeres tienen los mismos ingredientes que los de los hombres, cuestan más?

Entre tampones, toallas sanitarias, y cosméticos, nosotras gastamos muchísimo más en higiene que ellos. Y no, no nos referimos a maquillaje y cremas reafirmadoras y antiarrugas, estamos hablando de productos que necesitamos por salud; que fácilmente entran en la lista de compra de los hombres, solo que el monto total de su factura es diferente que el de nosotras.

Al fenómeno de “las mujeres tienen que pagar más por los mismos productos solo porque son mujeres” se le conoce como “gendered pricing”, una estrategia que las empresas aplican para elevar el rango de precios de los productos según el sexo del cliente. Por más de que el impacto del “gendered pricing” no parece muy evidente si solo hacemos un viaje a la farmacia, una vez que juntas todos esos “extras” de uno o dos dólares, o en nuestro caso alrededor de mil bolívares, el monto total que gastamos en higiene es mucho más elevado que el de los hombres. Incluso, cuando el estado de California descubrió en 1996 que las mujeres gastan regularmente 1.351 dólares más al año, se convirtió en el primer estado en prohibir esta técnica comercial.

Si sacamos la cuenta, nuestros cortes de cabello, champús, acondicionadores, cremas, afeitadoras, perfumes, desodorantes y accesorios varían sus precios en comparación con los productos que la marca ofrece para el otro género, aunque contengan la misma cantidad, los mismos ingredientes y solo cambien el color del empaque.

Las mujeres gastan:

57% más por cortes de cabello

5% más en cremas para afeitar

108% más en afeitadoras

8% más en desodorantes

10% más en geles de baño

48% más en productos para el cabello

Se reconoce que hay una selección de artículos que solo las mujeres compran por necesidades fisiológicas (toallas sanitarias, tampones, fomenteras, etc.) Todos estos artículos, en cualquier parte del mundo, son extremadamente costosos a largo plazo. Se estima que a lo largo de sus vidas, las mujeres gastarán $11.400 en pastillas anticonceptivas y $1.700 en tampones. Aunado con los otros gastos de cuidado personal que son más caros para las mujeres (cortes de pelo, idas al ginecólogo, etc.).

Esta decisión de aumentar los precios de los artículos femeninos no salió de la nada. En un estudio llamado “Men Buy, Women Shop” se descubrió que las mujeres están más dispuestas a tener una experiencia completa de compras, interactuando con el vendedor, estando abiertas a recomendaciones y queriendo pasear por otros sectores de las tiendas que no están relacionados con lo que venían a comprar. Los hombres por su parte son muchos más centrados y actúan de manera más utilitaria. Otro estudio demostró que gracias a estos comportamientos de compras, una de cada diez mujeres es considerada una “super shopper”, quienes se encargan de buscar los nuevos productos, detectar innovaciones, y crear tendencias.

A raíz de esto, varias marcas han aumentado los precios de sus productos sutilmente. Uno de los más incidentes son el champú y el acondicionador, por el que las mujeres pagan 48% más, muchas veces por un producto con menos ingredientes y funciones. Estas discrepancias también se pueden manifestar no en el precio, sino en la cantidad de producto: la cantidad de dinero invertida en desodorante es más o menos la misma, pero los masculinos tienen más potencia y peso neto.

Por otro lado, el precio de la afeitadoras difiere a gran escala. Un ejemplo es la marca Schick, quienes cobran $9.97 por la afeitadora femenina y $8.56 por la masculina. En el ámbito de cremas anti arrugas, Neutrogena cobra $1.07 más por crema. Aunque Schick no quiso comentar para la investigación de Business Insider, Neutrogena le atribuyó el incremento de precio a “un número de factores, incluyendo diferencias de paquete, modificaciones de fórmula que alteran el proceso de manufactura y la discreción de cada vendedor”.

En líneas generales, los vendedores de estos productos atribuyen el aumento en el precio a distintas razones. Una marca de desodorantes dijo a Consumer Reports que era porque tenían fórmulas completamente distintas, aunque tuvieran los mismo ingredientes.

Para el desodorante y las afeitadoras sucede algo que en esta industria llaman “shrink it and pink it”. Detrás de todos esos productos “para ella”, existe una estrategia de mercadeo que hace los productos femeninos más pequeños, delgados y de color rosa para asemejarse a la feminidad de una mujer. Aunque varios estudios demuestran que esta estrategia no es más producente para conseguir ventas (a menos de que el producto sea para una fundación contra el cáncer de mama), esto se sigue aplicando hoy en día.

¿Qué se ha hecho al respecto?

Se han realizado diversas investigaciones sobre el tema para probar este argumento, aludiendo a protestas y movimientos para tratar de cambiar y dirigir a un nuevo camino el mercado donde sean precios razonables y accesibles.

Para lograrlo, mujeres a través de protestas y campañas en todo el mundo exigieron a sus gobiernos acciones para conseguir una conciliación que beneficiara a ambas partes.

En Canadá, en el 2015 tres mujeres británicas salieron a las calles el viernes 6 de noviembre en pantalones blancos para hacer una declaración contra el impuesto de la UE sobre los productos de higiene femenina. Se percataron de dejar sus tampones en casa.

En su post en Facebook, las mujeres decidieron renunciar públicamente a los tampones y toallas sanitarias, durante su menstruación «para mostrar cómo los tampones costosos son realmente”.

En el Reino Unido los productos de higiene femenina están sujetos a un impuesto adicional, significa que a las mujeres se les cobra una tarifa adicional cuando compran tampones y toallas, además de los costos incurridos por los minoristas y aumentados por los márgenes de beneficio.

Debido a que los productos sanitarios siguen siendo considerados un «artículo de lujo» por el gobierno, a pesar de que otros artículos como afeitadoras y almohadillas de incontinencia no están sujetos al mismo impuesto.

En diciembre de 2015 Francia ganó la batalla contra el gobierno luego de organizar meses de protestas. Los legisladores franceses rechazaron una enmienda en octubre que redujo un impuesto sobre los tampones y otros artículos de higiene femenina, donde activistas salieron a las calles de París para protestar por lo que consideraban una carga injusta para los productos que son esenciales para la mitad de la población del país.

Tras meses de lucha, la Asamblea Nacional de Francia se pronunció a favor de reducir el impuesto del país sobre los tampones y las toallas sanitarias del 20 por ciento al 5,5 por ciento, informó Agence France-Presse.

La decisión se toma a menos de un año después de que el grupo de derechos de la mujer Georgette Sand lanzó una campaña destinada a revocar el impuesto que calificó de injusticia y una petición en línea que reunió más de 27.000 firmas.

Fueron inteligentes, hicieron un video pegadizo para una canción disco llamada «Laissez-moi saigner», que se traduce como «Déjame Sangrar», el grupo manifestó que las mujeres están perdiendo dinero debido al impuesto innecesario del gobierno sobre los productos relacionados con la menstruación. «Tú creas impuestos que no te conciernen», canta el grupo.

Siguiendo en Europa, en octubre del 2016 en Zurich manifestantes convirtieron 13 fuentes rojas en protesta por el llamado “impuesto sobre los tampones” que señalamos antes y tabúes alrededor de la menstruación.

Las mujeres que luchaban por la abolición de la tasa sobre los productos sanitarios vertieron tintas de color rojo en fuentes alrededor de la ciudad, incluyendo varias estaciones de ferrocarril.

Aktivistin.ch, es el grupo feminista detrás de la campaña llamada #happytobleed, aclaró que fue diseñado para impulsar la discusión sobre las actitudes hacia el cuerpo femenino.

La portavoz del grupo, Carmen Schoder, destacó a The Independent: 

«Es importante subrayar que el objetivo de la acción de hoy no era sólo señalar los productos gravados de manera diferente en las tiendas, sino a un nivel mucho más general para hacer de la menstruación una parte natural de la biología femenina más visible «.

Aseguró que querían «luchar por el derecho de la sexualidad autodeterminada para todos los géneros».

Canadá también se sumó al movimiento y lograron resultados. Según el grupo Canadian Menstruators, los canadienses gastaron colectivamente $ 519,976,963 en productos menstruales en 2014 (antes de impuestos). Con un impuesto federal del 5 por ciento sobre todos estos productos, eso significa que el gobierno recaudó más de $ 36 millones en impuestos sobre bienes que son esenciales para cualquier persona que menstrue.

Con la campaña #NoTaxOnTampons lanzaron un video y una petición para acabar con los impuestos.

Los activistas involucrados se prepararon por dos meses: hablar con políticos y asesores; Reunión con abogados fiscales; Ponerse en contacto con los simpatizantes; La investigación de las estrategias de medios sociales y llegar a un nombre y una plataforma sólida. Cuando su petición instando a la Cámara de los Comunes a aprobar el proyecto de ley de Mathyssen se puso en marcha en Change.org en enero de 2015, no tomó mucho tiempo para esparcirse la noticia por el país.

El 1 de julio de 2015, el impuesto federal sobre los productos menstruales había sido levantado, haciendo que las toallas, los tampones, las copas menstruales y otros productos menstruales fueran más accesibles (aunque algunas provincias continúan gravando estos artículos).

Jill Piebiak, portavoz de No Tax to Tampons, confirmó que la cobertura mediática desempeñó un papel importante en el éxito de la campaña de su organización.

«La cobertura de los medios acerca de lo que estábamos haciendo era mucho más para nosotros que cualquiera de nuestras propias redes sociales», señala.

Por otra parte, en Australia una petición con el mismo fin esta cerca de llegar a su meta.

La manutención femenina en Venezuela

Sí es verdad que en muchísimas ciudades del mundo se hacen constantes protestas para bajar los impuestos de los productos femeninos de higiene personal.

Sí es verdad que en cualquier farmacia todo producto que sea para mujer es más caro.

Ahora imagínense que en vez de pagar más por un champú o por paquete de toallas sanitarias, no las puedas comprar porque no se consiguen.

No, no es un chiste, es la situación en Venezuela.

Como bien se sabe, desde hace unos cuantos años, es costumbre en el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, la escasez de alimentos básicos y productos de higiene personal. Si la mayoría de los venezolanos no pasa su día en una cola para comprar comida a un precio preestablecido, lo pasa buscando quién revende esos mismos alimentos y productos diez veces el precio.

Mercado negro, baby.

Inflación al máximo exponente, baby.

Enchufados ladrones, baby.

El punto es que, en estos últimos años para la mujer venezolana, además de padecer el reto diario de sobrevivir en su país, tiene que resolver cómo conseguir esos productos personales de higiene.

Como no los vas a ver en un estante de una farmacia, si algún bachaquero te los vende, empiezas a desear ser hombre y no tener que gastar esa cantidad absurda de bolívares en toallas sanitarias, tampones y pastillas anticonceptivas.

Pero como Dios efectivamente no te hizo hombre, toca pagarlo al precio en que se consigue y seguir buscando los productos para la visita del mes que viene.

Farmacias y negocios del país afirman que la escasez de productos tanto femeninos como masculinos ha llegado a un punto que, los locales han resuelto con proveedores artesanales de artículos de aseo personal como champú, jabones y desodorantes.

La mujer venezolana sí podría sustituir la escasez en su baño con productos artesanales como cremas hidratantes y champú, pero evidentemente no existe la solución artesanal de los productos femeninos para la menstruación que se pueda comprar en una farmacia.

Aunque, el panorama ha cambiado de unos meses para acá. En algunas farmacias del país sí se consiguen regularmente los productos como toallas sanitarias y tampones pero a un precio absurdo, (aún más caro que el revendido) ya que las marcas son importadas de países como Colombia y Brasil; burlándose en la cara de las fábricas venezolanas por la falta de materia prima.

Entonces ya a la mujer venezolana no le toca hacer cola ni buscar contactos, le toca básicamente ahorrar una vez al mes para cubrir el requisito de higiene que no puede evitar.

Y si no le alcanza el dinero, resuelve de maneras antihigiénicas y deplorables el hecho de sangrar una vez al mes.

Sabemos que en una sociedad donde las mujeres ganan un porcentaje significativo menos que los hombres en el área laboral, aumentar los precios de los productos necesarios para la higiene personal es ilógico e incoherente. Además, el mundo se va acercando cada vez más a una sociedad que rompe con los estereotipos de género, y busca mercadear productos que resuelvan las necesidades humanas, independientemente del sexo. Pero ¿qué pasa si vives en una situación anormal, y además de pagar más por un producto ni lo puedes conseguir? 

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