El Reino de lo Absurdo parte III

El Reino de lo Absurdo parte III

Hace un tiempo contamos la historia del desafortunado pueblo de Aleuzenev. Una tierra mágica y hermosa que tenía todos los recursos, paisajes y personajes para ser considerado el mejor reino de toda nación conocida por el hombre.

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Hace un tiempo contamos que la desfortuna del pueblo de Aleuzenev venía como consecuencia de un hombre pestilente y encantador de serpientes llamado El Verrugiano, y que junto a su séquito, distinguidos por el nombre de verrugones, habían liderado esta tierra envidiada y de ensueño, a la desgracia absoluta y la pérdida total.

Hace un tiempo también contamos la parte en que un grupo de valientes llamados La Mesa de la Unión Caballera o MUC, liderados por Manrique, Polo y Lily, desviaron intereses, perdieron la unión de su batallón y dejaron a todo el pueblo de Aleuzenev sintiendo que aquella mala situación no podía empeorar, pero que tampoco se iba a mejorar pronto.

La situación no mejoraba, y es que ¿qué tan peor podía estar?

Las filas para conseguir pan y alimentos eran insufriblemente largas, las pociones para curar las enfermedades eran casi inexistentes y cada vez más personas se iban de Aleuzenev a probar suerte en reinos con lenguas distintas y sus propios monstruos, que al parecer no podían ser peor que las bestias que había en casa.

Pero como solo basta decir la palabra «dragón» para que este escupe fuego, la situación para los auzelevianos empeoró. Un día la paja para los caballos que empujan las carretas desapareció en la región principal del Reino y hubo caos, pero nada comparado a lo que se iba a anunciar pronto.

Los Tiranos Soberbios Jorobados, o “TSJ” conformado por los más viles de los verrugianos y bajo las incompetentes órdenes de Urro (el sucesor del Verrugón), decidieron anular el único poder elegido justamente por el pueblo de Aleuzenev.

Este poder era llamado Parlamento y estaba conformado en su mayoría por apositores, que desde hace tiempo intentaban hacer valer los derechos de la nación, principalmente aquel que les permitía elegir otro reinante y así deshacerse de Urro y su cuerda de vándalos.

Naturalmente, a los contrabandistas, corruptos y viles verrugianos no les convenía salir del Reino, sobretodo tomando en cuenta que los demás reinos los tenían etiquetados como largotraficantes. La pena de ser un largo era vivir el resto de tus días pudriendo en un calabozo, y eso como que no les sentaba bien a aquellos que llevaban años gastándose las riquezas de Aleuzenev en los mejores botiquines.

Mientras tanto, los ciudadanos de Aleuzenev descansaban un tanto tranquilos confiando en que la crisis más grave del Reino ya había sucedido y estaba a punto de culminar. La hambruna, la ineptitud de Urro, la inseguridad, la inactividad de la Mesa de la Unión Caballera (MUC) y el uso y abuso de los verrugianos de los preciados recursos del reino, olían a un pronto fin que sonaba a “ y terminaron felices por siempre”.

Sin embargo, contrario a lo que todos pensaban o mejor aún, esperaban, la última semana del mes de marzo, todo lo imposible se hizo posible. La tiranía de Urro, heredada por El Verrugón, se convirtió en una forma de política temida por todos los reinos, una peste hedionda que infecta todo a su paso y lo convierte en irreversible ruina. Esa peste la llamaron dictadura.

Lo que sucedió fue que el TSJ anunció que el Parlamento no estaba siguiendo lo ordenado por el máximo libro del Reino y que por tanto todos los poderes que esta tenía, iban a ser asumidas por el TSJ y Urro. Así, sin más, lo decidieron y esperaron que se cumpliera su merced.

Mesas redondas conformadas por otros Reinos, protestaron en contra de la temida “nueva política”. Los reinos lati-no-americanos se pronunciaron en contra de las decisiones de Urro y su tiranía dictatorial. Reinos más al norte hicieron saber su descontento y prometieron sanciones, la tierra de la sevillana y las castañuelas abrió un foro de discusión con respecto al tema y salvo uno que otro Reino embriagado por nuestro prestigioso recurso (el estiércol del diablo, un asqueroso óleo negro que hacía funcionar maquinarias) reconocieron como dictadura lo que Aleuzenev estaba viviendo.

No hace falta justificar la rabia de los alezenevianos. Cansados de trabajar para que el oro no les alcance, de pasar hambre e incentivados por algunos caballeros de la MUC, pronto decidieron pronunciarse en las carreteras de la ciudad principal de Aleuzenev.

Un martes colapsaron las carreteras derramadas por los apositores. Las aceitunas verdes poseídas (también conocidas como los defensores de Urro y su séquito) temieron por el motín que había formado el pueblo. Sin miedo a amenazas, hechizos de humo blanco picante o balas asesinas, los apositores hicieron que las filas de aceitunas se retractaran, a la vez que los despojaban de sus varitas mágicas letales.

Y aunque por una parte parecía que vencían en territorios lejanos y en la calle, también salían heridos y más perjudicados. Joan Requesón sufrió un hechizo a la cara, Henry Yamoatú fue golpeado intentando entrar al Parlamento, los reporteros del Heraldo Alezeneviano también fueron agredidos y se sabe de varios que terminaron en el calabozo del Zevín por estar protestando.

En esa guerra de toma y dame, donde los parley entre las dos partes ya no era posible, se decidió volver a las carreteras para presionar y exigir por los derechos del pueblo, más específicamente por el derecho de elegir a alguien que sustituya a Urro.

Y así fue, ese jueves, ya en el mes de abril, en la carretera Frangelico Bastardo se concentraron miles de Aleuzenevianos esperando poder presionar para que suceda un cambio.

“No podemos más” decía el pueblo, y parecía ser que esta hambre figurativa y literal, era la forma de deshacerse de la maldición que había derramado El Verrugón sobre esta tierra mágica.

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