El ecoturismo no es la mejor herramienta para salvar el planeta

Nadie desea morir en el 2050 debido al cambio climático. Por eso, muchos buscamos integrar actitudes ecológicas a nuestro día a día. Evitamos usar pitillos desechables, intentamos utilizar el transporte público para traslados cortos y procuramos ser más conscientes de cómo gastamos agua en nuestros hogares, entre otras cosas. A causa de esta transformación en nuestro comportamiento, tratamos de modificar todas las áreas de nuestra vida, tanto así que también llevamos esta mentalidad a nuestro modo de viajar y dejamos de buscar las opciones comunes de turismo para optar por el ecoturismo.

Sin embargo, tal vez escoger esta alternativa para nuestras vacaciones no sea lo mejor. Al fin y al cabo, el turismo es responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según un grupo de investigadores que cuantificó el impacto ambiental de esta actividad económica, considerando todos los servicios y productos que forman parte de ella: desde los vuelos transatlánticos hasta la producción de souvenirs baratos. No obstante, esta industria recibe una gran inversión por parte de los gobiernos en la actualidad, puesto que se cree que es una alternativa para producir ingresos mientras se evitan los daños que causan la ganadería y la producción petrolera o de plástico, entre otras actividades.

ecoturismo en Sudáfrica
Turistas en Sudáfrica alimentando una especie de damanes, incluso cuando existen reglas en los parques que prohíben esta acción
Greg Balfour Evans / Alamy Stock Photo

El término ecoturismo nació en la década de los ochenta y tuvo un gran auge en los noventa. Se define, según la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza, como la modalidad turística que busca ser responsable con el ambiente. Se basa, principalmente, en visitar áreas naturales con el fin de disfrutar y apreciar los ecosistemas mientras se procura, además, beneficiar a las comunidades de la población local. Visto así, suena muy bonito y positivo, pero en los últimos años se ha debatido si realmente esta propuesta sigue teniendo esa esencia que la caracterizaba en sus orígenes o si ha pasado a convertirse en otro modo de hacer marketing a través del greenwashing.

No hay manera de obviar que muchas empresas han enfocado sus estrategias de marketing en hacer que sus productos o servicios sean más “verdes”. Aunque un buen número lo haga con el objetivo de reducir su impacto ambiental, otra parte se dedica a explotar el concepto ecológico para aumentar sus ventas sin realizar un cambio sustancial en cómo manejan la elaboración de su mercancía. Pamela Wight, en Ecotourism: Ethics or Eco-Sell?, explica que la palabra ecoturismo es usada por muchas agencias de viaje para promocionar viajes a lugares “exóticos” o con ecosistemas en peligro de extinción sin cultivar una consciencia sobre lo que significa hacer este tipo de paseos.

Un caso destacable es el de Stride, un sitio web de turismo en el que ofertan viajes con campañas tituladas “lugares que debes visitar antes de que desaparezcan debido al cambio climático”, por ejemplo. Gavin Delay, director general de esta empresa, asegura que su intención es aumentar la visibilidad de los problemas ambientales y hacer que se sientan más reales para sus clientes. Sin embargo, según la revista Vice, Alex Speers-Roesch —jefe de las campañas de cambio climático y energía de Greenpeace Canadá— explica que este tipo de marketing se puede calificar como “capitalismo del desastre”, ya que utilizan la crisis ambiental como un medio para obtener ganancias y esto afecta a zonas vulnerables que deberían ser protegidas.

Turistas en Malasia
Turistas en Malasia tomando fotos de un orangután
Stanislav Halcin / Alamy Stock Photo

El antropólogo Michael Muehlenbein le expuso a la revista Knowable que el ecoturismo es una actividad que usualmente invita a la gente a vivir nuevas aventuras y experiencias, permitiéndoles incluso tocar animales a quienes busquen explorar más, lo cual es perjudicial para ciertas especies. Muehlenbein afirma que el contacto con la fauna de algunos lugares puede resultar en primates contagiados de una gripe, por ejemplo, y esto puede ser mortal para ellos, según la investigación Pandemic Human Viruses Cause Decline of Endangered Great Apes. A pesar de que no se tienen pruebas claras de que los turistas sean el principal medio de contagio para estos animales, Muehlenbein plantea que en “un área donde tienes a cientos de miles de personas nuevas visitando todo el tiempo, en comparación con una población local pequeña que convive en la zona, es más probable que los visitantes sean quienes transmiten estas enfermedades”.

Por otro lado, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina publicó un estudio en el 2018 que habla sobre los problemas de salud de la colonia más grande de pingüinos de Magallanes, la cual se encuentra en la reserva natural argentina de Punta Tombo, donde el número de turistas aumentó un 16% entre septiembre de 2017 y septiembre de 2018. Según CONICET, los ejemplares de esta especie que están más expuestos a visitantes presentan cuadros de estrés crónico en comparación con otros pingüinos del área que no están cerca de los senderos de turistas.

Adicionalmente, Luis Medrano González, investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, señalo al medio López-Dóriga Digital que el ecoturismo está perjudicando a las ballenas de los mares mexicanos. La observación de cetáceos es una práctica usualmente realizada de forma errada, por lo que estos animales se infectan con hongos o son atropellados por botes que se acercan demasiado. Por otra parte, Medrano González explicó que la causa de estos problemas ambientales no radica en el concepto de turismo ecológico, sino en la desvirtuación de este, la cual ha llevado a que los ecosistemas se vean afectados.

Ecoturismo en Brasil
Turistas nadando con peces en Brasil
Benjamin Geffroy

Debido a todas estas prácticas erradas es que el ecoturismo necesita límites y reglas para funcionar. Si realmente se desea, como turista o como negocio, impactar positivamente en un ecosistema, lo primordial es educarse y conocer hasta dónde llega la habilidad de cada individuo para ser útil para la fauna y flora de un área. Aunque muchos expertos no saben cuál sería la mejor alternativa, Arturo Crosby —doctor en desarrollo de turismo rural— afirmó en EFE Verde que, tal vez, el modo más seguro para mejorar las actividades turísticas en zonas vulnerables es regresar a los orígenes de esta práctica, cuando solamente eran pequeños flujos de gente conocedora, respetuosa y consciente de su huella ecológica quienes visitaban estos lugares.

Actualmente, el ecoturismo no es la mejor herramienta para cuidar nuestros ecosistemas, que ya están siendo afectados por la deforestación o por la contaminación del aire, pero si deseamos lograr darles visibilidad a las zonas afectadas por el cambio climático, lo más sincero es cuestionar nuestro impacto en estos lugares. Debemos comprender que más allá de nuestro deseo de explorar nuevos espacios, somos ajenos a ellos y nuestro efecto en un ecosistema puede ser negativo. Entonces, si por casualidad terminas viajando a algún destino paradisíaco, sé consciente, cuida del sitio y no toques animales en peligro de extinción.

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