El aborto no es un debate meramente femenino

Es una conversación que nos concierne a todos

“Los hombres no deberían crear leyes sobre los cuerpos de las mujeres” fue la frase que más leí durante la semana en que se aprobó una ley que prohíbe el aborto en Alabama, cuyo senado está conformado por 35 miembros, 27 republicanos y ocho demócratas. 25 senadores aprobaron el veto que penará con hasta 99 años de cárcel a quienes realicen este procedimiento. De esos 25 votos todos son hombres —en su mayoría conservadores— que nunca tendrán que someterse a este proceso. Surge la pregunta: ¿son capaces de entender el aborto?

En los últimos años este debate se ha enfocado en una división de género. Activistas a favor del aborto argumentan que es un problema femenino puesto que son solo las mujeres quienes quedan embarazadas, quienes necesitan ser sometidas a este procedimiento, quienes se ven afectadas por estas legislaciones. Resulta disruptivo que sean hombres quienes crean e imponen normas que privan a las mujeres de tener poder sobre sus cuerpos. De los veinticuatro senadores de Missouri que aprobaron la prohibición del aborto luego de las ocho semanas de embarazo, 21 eran hombres. De los 34 que votaron a favor de la Ley del Latido en Georgia, solamente un voto provino de una mujer. ¿Cómo un hombre podría tomar decisiones sobre un asunto que no vive en carne propia? ¿Por qué son hombres quienes crean estas leyes? ¿Los hombres deben formar parte de la conversación sobre el aborto?

Protesta en el Senado de Alabama por la nueva ley del aborto
Associated Press

Los hombres deciden en estos casos porque, como explica Kenan Malik en Men don’t have abortions. That’s no reason not to fight for women’s rights, aún existe una representación desproporcionada de hombres en la política estadounidense, especialmente en los estados conservadores. En el caso de Alabama, de 35 senadores solamente cuatro son mujeres y en Estados Unidos solo 12 estados tienen representación femenina de un 35% o más. 

Si hablamos de nuestra región, el Guttmacher Institute explica que solo cuatro países —Cuba, Guyana, Puerto Rico y Uruguay—  permiten el aborto sin restricciones. En ellos, la representación femenina en los entes legisladores está entre un 28% y un 53%. Pero en países como Bolivia y Argentina, en donde hay una representación femenina de más de 40%, el aborto se realiza exclusivamente para salvar la vida o preservar la salud de la mujer. Esto demuestra que una representación por género más equilibrada en los parlamentos no garantiza necesariamente un cambio en las votaciones, porque, como menciona Andrew Glover en The Abortion Issue Isn’t About The Patriarchy, el género masculino defiende el aborto en un porcentaje similar al femenino debido a que este debate no es, meramente, biológico; también es político puesto que “las mujeres son más propensas a estar a favor del derecho a abortar, pero, sorprendentemente, también son igual de proclives a oponerse”, explica Glover. Una serie de encuestas realizadas en Estados Unidos demuestran que mientras el 47% de los hombres republicanos decían estar en contra del aborto, el 60% de las mujeres republicanas también se opusieron. 

La BBC entrevistó a una cantidad diversa de gente que explicó su postura con respecto a la participación de los hombres en la conversación. “Nosotras mismas deberíamos escoger lo que ocurre con nuestros cuerpos”, opinó Carol Clark, una de las primeras mujeres que protestó a las afueras del Senado de Alabama sobre la nueva ley, “son nuestra propiedad, no de ellos”. Travis Jackson, uno de los hombres que se encontraba en las protestas, no deseaba dar su opinión puesto que “las mujeres son las únicas expertas sobre su cuerpo”. 

Por otro lado, quienes están en contra del aborto enfocan sus argumentos en otros aspectos. Por ejemplo, Derrick Jones, director de comunicaciones del Comité Nacional del Derecho a la Vida (NRLC por sus siglas en inglés), dice que esta discusión es un problema de derechos humanos y no tiene que ver con el cuerpo femenino puesto que sus argumentos se enfocan en la visión del aborto como un asesinato, como la pérdida de una vida humana. Por esto alega que “estadísticamente, la mitad de los niños abortados cada año son varones”. Jones está de acuerdo con que debe existir una mayor representación femenina en los cuerpos legislativos, pero cree que muchas mujeres son las líderes de los movimientos en contra de la legalidad de este procedimiento.

La BBC también entrevistó a Catherine Coyle, psicóloga y defensora de los derechos de los hombres en esta discusión. Para Coyle, si las mujeres poseen un poder unilateral sobre las decisiones asociadas al aborto, se pierde la noción de igualdad entre los sexos.

Ellos deberían tener derecho a exponer sus opiniones sobre el tema. Como co-creadores de la vida, deben ser reconocidos por tener un interés en la protección de ella.

Catherine Coyle
Protesta en el Senado de Alabama por la nueva ley del aborto
Reuters

Además, estudios demuestran que algunos hombres son perjudicados por el aborto. Edith Alejandra Pantelides expone en Los varones y su relación con el aborto. Revisión de la bibliografía y sugerencias  para la investigación que las investigaciones sobre el tópico son escasas y se enfocan principalmente en las actitudes y las opiniones. La documentación sobre los efectos no es abundante. Resalta que ellos no viven este procedimiento del mismo modo que la mujer puesto que su relación con él se basa en la experiencia de su pareja. La mayoría de los testimonios se recolectan en clínicas y/o consultorios, esto significa que los datos son tomados en países donde es legal el aborto y que la información sobre procesos clandestinos no forma parte de los estudios.

Pantelides menciona que, desde la perspectiva del psicoanálisis, los hombres podrían padecer sentimientos de culpa edípica, envidia a la mujer, miedo a la castración, derrota edípica, depresión y síntomas psicosomáticos como consecuencia de un aborto. Señala que una investigación en Suecia encontró que también son comunes sentimientos ambivalentes entre la aflicción y la satisfacción, pero el porcentaje de hombres que lo experimentan no es alto.

En una entrevista realizada por Adam Voiland a Arthur Shostak, profesor de Sociología en la Universidad de Drexel, se explica que el 90% de los hombres considera el día del aborto como uno de los más estresantes de su vida, sin embargo, solo un 5% de ellos son quienes quedan con alguna herida permanente después del procedimiento. Normalmente “son hombres que tienden a tener una mala conexión con lo femenino o suelen ser más religiosos”. Shostak cree que es importante incluir a los hombres en la discusión puesto que los ayuda a crecer y entender su compromiso respecto al embarazo, porque el modelo de masculinidad predominante usualmente ignora las responsabilidades derivadas de la relación sexual.

Esto tiene como consecuencia que los hombres no tengan un rol claro al decidir sobre este tema y en momentos, como menciona esta autora, el sentimiento de culpa puede surgir ante la percepción de que su pareja lleva toda la carga. Igualmente, en la mayoría de las relaciones estables que escogen abortar, el papel de ellos es crucial en la toma de la decisión, según las mujeres encuestadas en las investigaciones revisadas por Pantelides. Shostak explica que si el papel del hombre se vuelve más activo, “ellos tendrán la oportunidad de ser más honestos con sus parejas sobre sus propios sentimientos”.

Protesta en el Senado de Alabama por la nueva ley del aborto
Associated Press

Al leer estas investigaciones se nota que el hombre también se ve afectado por el aborto, pero claramente ellos nunca van a ser perjudicados por las leyes. Sus cuerpos no son los que sufren, no son los que forman parte de la discusión, pero su participación tampoco la perjudica. “Los hombres también facilitan el ejercicio de los derechos reproductivos de las mujeres. Cuando reconocen a sus compañeras como agentes morales capaces de tomar decisiones, las apoyan, comparten responsabilidades y promueven condiciones que facilitan el ejercicio de los derechos de sus parejas, la salud reproductiva de las mujeres y sus familias tienden a mejorar”, expone Elsa S. Guevara en Los derechos reproductivos y los hombres. El debate pendiente.  

Del mismo modo que los heteroaliados son importantes en las luchas de la comunidad LGBTQ+, los hombres pueden ayudar cuando, a través de su privilegio, buscan mover el foco hacia las mujeres que han experimentado abortos, que son expertas en el tópico, que saben la importancia de que las legislaciones no perjudiquen sus cuerpos. Como menciona Gaby Hinsliff en It shouldn’t be left to women to fight alone for abortion rights, “No mantengamos el argumento de que los hombres deben callarse dejar solamente a las mujeres hablar, a menos que nuestro objetivo sea un mundo donde, virulentamente, los hombres en contra del aborto no sientan vergüenza al opinar, mientras los que están a favor se quedan callados por miedo a decir algo incorrecto.”, explica.

Hinsliff mantiene que en muchos momentos no se toma en cuenta que el aborto también beneficia al hombre. Aunque no hayan testimonios concretos, “deben existir millones de hombres cuyas vidas cambiaron para mejor al no convertirse en padres cuando no estaban listos, que no les tocó criar a un niño en circunstancias con las que genuinamente no podían lidiar, que no tuvieron que ver a su pareja sufrir el horror de un embarazo en situaciones riesgosas”. Esas son historias que a las investigaciones les falta recopilar y al mundo escuchar. Sin embargo, si se minimizan las experiencias de los hombres, estos testimonios se pierden.

Los hombres sí tienen tienen derecho a alimentar las discusiones sobre el aborto. Es importante que las mujeres busquen incluir a los hombres en la discusión, puesto que la exclusión afecta más a quienes desean asistir a las marchas en contra de la ilegalización, quienes quieren donar a organizaciones que trabajan a favor de este procedimiento y quienes votan a favor de políticos que defienden los derechos reproductivos. No perjudica, en cambio, a los conservadores que dan sus opiniones sin importar si fueron invitados ro no a la discusión.

Las mujeres deben ser las protagonistas del debate sobre el aborto, ellas deben ser las líderes que hablan de sus experiencias y expresan sus opiniones al respecto, pero los hombres pueden ayudar en la lucha valorando la igualdad y los derechos de ellas, entendiendo la importancia del tema. Así que, mujeres, no excluyan a los hombres de esta discusión; edúquenlos, expresen sus inquietudes y sus vivencias para que de este modo puedan ayudar a difundir sus historias. Acepten su rol en esta lucha y también comprendan a las y los conservadores que tienen opiniones distintas porque al final es un debate político necesario que ayuda a entender que las experiencias de cada persona son distintas.

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