Comportamientos irracionales en tiempos de coronavirus
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Comportamientos irracionales en tiempos de coronavirus

Lo que dicen los expertos sobre tu obsesión con el papel higiénico

Si una certeza nos ha dejado hasta ahora este 2020 es que la propagación de la COVID-19 es lo que innegablemente definirá nuestro año. La amenaza global de contagio y las duras medidas preventivas que paulatinamente los países han tomado desde el descubrimiento del virus en China a finales de 2019 hasta su rápida proliferación por el resto del planeta han generado un creciente estado de alerta en los individuos y una saturación de cobertura mediática que si bien es completamente justificada y necesaria, también es un factor que contribuye a la sobreexposición informativa y al incremento generalizado del pánico. Nos enfrentamos a un enemigo invisible, impredecible y que hasta los momentos no podemos eliminar. La incertidumbre es efectivamente una realidad que no podemos evadir y que ha dejado un saldo impresionante de estanterías vacías alrededor del mundo gracias a las compras compulsivas, al acaparamiento de papel higiénico y a la adquisición desmedida de tapabocas y otros materiales médicos, evidencia palpable de las consecuencias que tienen las crisis mundiales sobre los comportamientos irracionales en los individuos. 

comportamientos irracionales durante el coronavirus
Compradores haciendo fila a las afueras de las tiendas Costco en Honolulu, luego de que el Departamento de Salud anunciara el inicio de la cuarentena, 28 de febrero de 2020
Duane Tanouy

El papel higiénico y nuestra necesidad de tener el control

La compra de papel higiénico es, sin duda, el acto más inmediato a ejecutar cuando se activan las alarmas del pánico y nos sentimos desamparados. Sean cuales sean las circunstancias a las que nos enfrentamos, pareciera que el paquete de papel higiénico es el artículo de necesidad más urgente de todos; no es la comida, no son los medicamentos, ni tampoco es el agua lo primero que se nos viene a la mente en momentos de incertidumbre generalizada. Con la expansión acelerada del coronavirus por el mundo, este instinto por acaparar papel higiénico sin ningún tipo de escrúpulos se hizo sentir rápidamente, hecho que ha sido, además, documentado en memes y videos en los que personas de distintos países aparecen metiendo y metiendo paquetes del producto en los carritos del mercado como si en efecto no existiese un mañana. 

Es importante aclarar que dentro de la lista de síntomas del virus publicada por la Organización Mundial de la Salud no figura el de una diarrea fulminante e incontrolable, de modo que objetivamente no hay razón para vaciar las estanterías de los supermercados, ni para acaparar en nuestra alacena lo que equivaldría a años y años de reserva de papel higiénico. Entonces, ¿cuál es el motivo por el que este comportamiento irracional se manifiesta en el marco de la pandemia? Es totalmente comprensible que busquemos con desespero mascarillas y guantes en este contexto, puesto que tememos un contagio y las normas sanitarias en medio de la cuarentena nos lo exigen, pero ¿qué razón puede ocultarse detrás del acaparamiento de papel higiénico específicamente?

En primer lugar, la desinformación y la proliferación de rumores en el  internet acerca de una posible escasez de papel higiénico debido a la cuarentena hicieron que en países como Japón, Estados Unidos y Nueva Zelanda, las compras compulsivas del producto se dispararan en cuestión de días, dejando las estanterías vacías. En cierto modo, el efecto bola de nieve que genera que otros estén adquiriendo paquetes y paquetes de papel hizo que lo que pudo haber resultado en una compulsión de unos pocos se convirtiera en una reacción generalizada, lo cual trajo consigo esta suerte de caos inexplicable. 

 En su ensayo Shit’s getting real: A cultural analysis of toilet paper, el antropólogo japonés Grant Jun Otsuki explica que el lugar del papel higiénico dentro de la jerarquía de los distintos tipos de papel en nuestros hogares se ubica prácticamente en la base de la pirámide. Podemos prescindir de los libros y del papel para escribir, pero la existencia del papel higiénico es esencial para el mantenimiento del equilibrio entre nuestros actos biológicos y nuestra dimensión social. Según Mary Douglas, antropóloga británica y autora del libro Purity and Danger: An Analysis of Concepts of Pollution and Taboo, la suciedad es indicador de la existencia de un sistema, es decir, que donde hay clasificación de la materia y distinción entre aquello que es adecuado y lo que no, hay un orden y una jerarquía. Lo sucio es una materia en desorden, algo que está ubicado fuera de la categoría que le corresponde.

papel higiénico Costco
Compradores abasteciéndose de papel higiénico en las tiendas Costco de Novato, California, marzo del 2020
Josh Edelson/Getty Images

De este modo, como explica Otsuki, el papel higiénico pasa a tener un lugar clave en la preservación de esa estabilidad entre nuestras categorías y, en consecuencia, suele ser un elemento básico que garantiza seguridad y orden social. Esto quiere decir que al remover la suciedad más primaria de nuestro cuerpo, el papel higiénico nos conforta y nos devuelve al mundo exterior limpios. Es como una suerte de talismán que mágicamente desaparece los rastros de los excrementos como recordatorio de nuestra propia biología y bajeza animal, para que de nuevo regresemos al mundo libres de crimen y en orden con nuestros semejantes. 

La importancia simbólica del papel higiénico nos conduce directamente al núcleo de la sociedad moderna y hacia nuestros hábitos más primarios de consumo, aquellos que sostienen nuestra cultura y alrededor de los cuales nos hemos organizado, y que también dirigen nuestra atención hacia un instinto básico de seguridad y control, que es el que justamente hace que nos sintamos en medio de una vorágine de caos cuando se nos asoma la posibilidad de una escasez generalizada de papel higiénico. 

Según Sigmund Freud, la fase anal, una de las etapas del desarrollo psicosexual del individuo, ocurre entre los dos y cuatro años, y es en ella que el niño encuentra placer sobre el control de los intestinos, que comprendemos el valor simbólico de las heces y aprendemos sobre su expulsión y su retención. Este conflicto centrado en el dominio del área anal se proyecta en los adultos en aspectos como nuestra relación con el dinero, y organización y control de nuestro entorno. De esta manera, el valor utilitario del papel higiénico también apunta hacia un instinto primario que nos retorna directamente a nuestra infancia y hacia ese imperativo de seguridad que necesitamos para funcionar en el mundo. El horror de vernos cubiertos en nuestros propios excrementos, de nuestra imposibilidad de manejar la situación y de separar la materia y desaparecerla es lo que justamente toca nuestros botones de angustia y deseo de certeza. De cierto modo, esta ilusión de control que manifestamos con la acumulación de papel higiénico no hace sino reflejar cuán intolerantes podemos ser ante la incertidumbre. 

Otros comportamientos irracionales y cómo evitarlos

La mezcla de emociones desbalanceadas y la desinformación evidentemente contribuyen a que el estado de pánico en los individuos se generalice, manifestándose en comportamientos irracionales que van más allá de la acumulación de papel higiénico. También hemos visto una compra desmesurada de mascarillas y materiales médicos que ha afectado a las personas que sí trabajan en el área de la salud, acaparamiento de alimentos, saturación de los supermercados y compras nerviosas en línea de productos que si bien son necesarios, en ningún momento han manifestado posibilidad de escasez o de desaparición de la faz de la Tierra. Igualmente, el racismo injustificado hacia los asiáticos se sitúa dentro de estos comportamientos irracionales que tratan, en menor o mayor grado, de buscar certezas en medio de una situación de vulnerabilidad e incertidumbre aguda que nos hace susceptibles a cualquier información o acción no necesariamente fundamentada en la razón. 

comportamientos irracionales en Nueva YORK
Portada de la New York Magazine de marzo del 2020
New York Magazine

El estar continuamente expuestos a las noticias y a la ola de rumores vía WhatsApp y redes sociales mientras estamos encerrados en nuestras casas hacen que, por supuesto, sea inevitable sentirnos vulnerables, por lo que nuestro deseo de minimizar las consecuencias negativas de la situación a cualquier costo está completamente justificado. No obstante, el aspecto ético y racional es el que debe prevalecer antes de sucumbir a un estado de pánico que no solamente nos hace perder el tiempo, sino que también nos convierte en seres sumamente primitivos y egoístas. En estos casos, el primer consejo de los psicólogos sociales es justamente escuchar a los expertos por encima de todo, pues son estos los que nos ayudarán a tomar decisiones basadas en la razón y no en el pánico, ya que de no ser así, el precio que pudiéramos pagar por nuestra irracionalidad es potencialmente más elevado que las consecuencias de la propia enfermedad.

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