Comienzan los nuevos años veinte y predecimos lo que viene

Comienzan los nuevos años veinte y predecimos lo que viene en la próxima década

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus (1920). En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad.

Walter Benjamin. Tesis sobre la filosofía de la historia (1940). 
Blade Runner años veinte
Blade Runner (1982)
Warner Bros.

En noviembre del 2019 aterrizamos en el futuro distópico de Blade Runner, y estamos seguros de eso porque Elon Musk nos lo ha confirmado con su Cybertruck que, para alegría o desgracia de los estetas automotrices, innegablemente inaugura una era más cruda, angulosa e indestructible de cara a la nueva década del siglo XXI. Estos nuevos años veinte prometen rugir con la misma intensidad de los motores de Mad Max, pero sin abandonar los dejos del pasado que hemos venido arrastrando hasta hoy porque, después de todo, seguimos siendo la generación de la nostalgia

Cybertruck (2019)
Tesla Motors

Es mucho lo que podemos abarcar intentando predecir cómo será la próxima década. Aunque los futuros sean líquidos y se nos diluyan conforme vamos caminando por el tiempo, sí hay tendencias en la cultura y en la política que marcadamente permiten dilucidar con cierta seguridad lo que nos traerán los próximos diez años. Si bien no existe un “espíritu del tiempo”, como pensaba Hegel, o una repetición cíclica de la historia, tal vez sí sería un buen ejercicio jugar con ese devenir y establecer conexiones anacrónicas con la década de los veinte del siglo pasado y toda la exaltación que trajo consigo porque, ¿quién quita que nuestros años veinte sean igual de agitados, cuando no mucho más?

El gran Gatsby (2013)
Warner Bros.

Lo primero que se nos viene a la mente cuando mencionamos los años veinte es evidentemente El gran Gatsby, sea porque leímos la novela de F. Scott Fitzgerald o porque vimos la película de Leonardo DiCaprio, o la de Robert Redford, si somos un poquito más curiosos. Lo que esa historia capta es precisamente una era de consumo desbocado, de desenfreno y derroche, pero también un final abrupto que derivó en una pobreza anunciada, consecuencia de vivir la vida como si el mañana no existiera, porque era cierto: a nadie le importaba permanecer en un mundo en el que la crueldad de la Gran Guerra había destrozado tantos sueños e ideales. La civilización se regeneró desde la barbarie, la cultura se agitó desde sus entrañas, entregándonos a una generación perdida de escritores estadounidenses que se consagraron a la fiestas parisinas, a la bohemia y a un arte que salpicaba la vida con la misma velocidad que lo hacían las máquinas. 

Fue la década del expresionismo alemán, de las noches de cabaret en la República de Weimar, del surrealismo de Dalí, del Romancero Gitano de García Lorca, de los poemas de Brèton y de los experimentos de Freud. Todo ocurría al mismo tiempo. El Ulysses de Joyce, La señora Dalloway y el Orlando de Virginia Woolf engulleron al mundo con sus relatos llenos de asociaciones libres, de saltos a través de los siglos y de viajes hacia la memoria en el contexto de un mundo fracturado por las secuelas que había dejado la guerra más cruda de todas. Un mundo que cicatrizaba sus heridas evadiéndose en el alcohol prohibido, en el lujo de la ropa, en las delicadas ilustraciones de las portadas de Vogue, en los vestidos cortos, en las películas de Chaplin y en las noches que transcurrían al ritmo de la trompeta de Louis Armstrong en los bares de Chicago. 

Portada Vogue años veinte
Portada de la revista Vogue de 1926
Pinterest

Hace un siglo ocurrió todo esto. ¿Es posible, entonces, que existan puntos de encuentro entre esos años veinte y una década que ni siquiera ha ocurrido? Sería como lanzar flechas al viento sin ningún objetivo específico porque, aunque el tiempo sea infinito y eterno, siempre culmina en el presente y la historia solo la podemos comprender en sentido contrario, parados sobre nuestros pies. No obstante, todavía podemos seguir jugando, las flechas veremos luego si aterrizaron en algún lugar, porque de seguro lo harán. 

A ver, partimos de que los años veinte fueron una década de desboque y desilusión, de pérdida de fe en los grandes relatos de la Ilustración que prometían un mundo pacífico y desarrollado, lo que resultó en una guerra y en un mundo completamente desequilibrado en lo económico y tenso en lo político. Bien pudiéramos decir que hoy, en nuestro voraz siglo XXI, los grandes relatos se han desperdigado en una revisión a contrapelo de la historia, en la crítica a los sistemas obsoletos y en el desmontaje de las ideologías que ya no nos sirven como sociedad. Estamos, al igual que hace un siglo, en un momento de transformación, de barbarie en el sentido más benjaminiano del término. Porque para Walter Benjamin, el filósofo alemán citado al comienzo del texto, la barbarie puede también tener una definición positiva si se le mira desde el punto de vista de una creación pura, eximida de experiencias pasadas que la contaminen, que nos inviten a construir con muy poco. 

 Metropolis
Metropolis (1927)
Parufamet

Tal vez las vanguardias que vendrán no serán en la pintura o en la poesía, pero seguramente estarán ancladas en la tecnología; los artefactos serán, aún más, extensiones de nuestro cuerpo para mantenernos conectados, serán nuestras prótesis, pero al mismo tiempo su uso, como ya hemos visto ahora que Instagram dejará de mostrar el número de likes en las publicaciones, intentará ser más humanizador. De pronto será una década más inclinada a pensar las redes y la tecnología de manera más consciente, más enaltecedora del espíritu humano, para que los artefactos nos conecten y sean medios para el cuidado de nosotros mismos y de nuestra familia, como ya ocurre con aplicaciones de control parental para WhatsApp como mSpy.

Ghost Runner
Demo del videojuego Ghost Runner (2019)
Cyberpunk 2077 mods

La probabilidad de que nos acerquemos a un mundo distópico conforme avance la década que viene pudiera ser alta. El calentamiento global, nuestra desilusión con las generaciones pasadas, la debacle ambiental y la inconsciencia más cruenta que el desencanto de hace un siglo nos pueden llevar a reestructurar nuestros hábitos de consumo, los cuales ya no podrán ser desbocados, pues la inminente destrucción de nuestro ecosistema nos va a obligar a tomar medidas drásticas y a reformular nuestra idea de confort y bienestar material en función a una vida más responsable del impacto que dejamos en la tierra, pues no somos el centro del universo. Tal vez esta nueva década nos obligará a tomar consciencia de las huellas destructivas e imborrables que hemos dejado en la Tierra.

Mad Max
Mad Max: Fury Road (2015)
Warner Bros.

Las artes, atomizadas, como lo han estado desde finales de los sesenta, seguirán fundiéndose con la tecnología, rescatando referentes del pasado y tensando los códigos culturales que nos rigen desde hace tantos siglos; seguirán interpelándonos y poniendo en tela de juicio nuestras viejas estructuras. Temas como la identidad sexual, las ideologías tradicionales sobre el género y las libertades civiles continuarán siendo aspectos revisados por el arte, que innegablemente seguirá cuestionando nuestro entendimiento del mundo, creando nuevas formas de sentido. Con esta caja de Pandora abierta, es casi imposible que exista un retroceso en esta área. 

De pronto un paralelismo que puede establecerse entre los agitados años veinte del siglo pasado y los que vendrán pronto es ese despojo de los grandes relatos porque, aunque no sabemos si este también será un período de entreguerras, la progresiva destrucción del ambiente y las terribles decisiones de los políticos no nos dejan margen para idealizar el futuro, ya que no sabemos si tendremos uno, honestamente. Quizá será liberador tener pocas esperanzas, pues eso nos permitirá reconstruirnos desde la barbarie, desde nuestros propios restos. 

Años dos mil veinte Mad Max
Mad Max: Fury Road (2015)
Warner Bros.

Las luchas sociales por la igualdad de género, por el derecho al aborto y por el respeto a la diferencia tendrán un lugar prioritario en la próxima década porque, como hemos visto, queda todavía camino por recorrer y esta época de agitación política no ha sido sino el momento en que la mariposa aún es crisálida; el mundo se está transformando y lo seguirá haciendo inevitablemente. Aunque amenacen los radicalismos conservadores, será cada vez más cuesta arriba frenar las exigencias de una sociedad que parece no ser escuchada por sus líderes. 

Tocará, entonces, en los años veinte agitarnos con mucha más fuerza que hace un siglo para convertirnos en mariposas, para construir(nos) un futuro en el que en efecto podamos proyectarnos, a nosotros y a las generaciones que vienen, sin necesidad de pretender que somos Dr. Strange. Mirar hacia la década que está por comenzar lo que pide de cada uno no son poderes de clarividencia, sino compromiso y responsabilidad para crear todos los días desde la barbarie.

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