#AsíProtestoYo: Periodistas

#AsíProtestoYo: Periodistas

Los niños se quedan atónitos en las clases de historia cuando la profesora trata de explicar lo más sutilmente posible, las razones por las que en el mundo se han desatado tantas guerras.

Unas por territorio, otras por frivolidad, unas en busca de piedras bonitas y otras defendiendo (o imponiendo) algo que se llama religión.

Después de clase parece casi imposible que estos pequeños no conversen de los cuentos épicos que les acaban de echar, e inevitablemente unos preguntan a otros cómo se sentiría eso de vivir en guerra y si se parecería un poco a los sables de luz y al mundo de Luke Skywalker.

Años más tarde esos mismos niños, ahora más grandes, se van a encontrar con profesores valiéndose de libros, noticias y testimonios para dar más detalle sobre estas infames batallas que lamentablemente forjan entre conflicto y conflicto la historia.

De nuevo, inevitablemente, los estudiantes discuten horrorizados lo vil que puede ser una persona con poder y avaricia, aquellos sueños de cabalgar en un campo de guerra atacando al enemigo, se convierten en fantasías de niños que damos gracias nunca se materializaron.

Sin embargo, para desgracia de aquellos que pensaban haber esquivado lo espantoso de vivir en guerra, el zumbido de odio y desprecio entre un lado y otro de nuestro país que escuchamos desde hace 20 años, cobró forma bélica.

Como cualquier otro conflicto que leímos en el salón, vivimos en una desesperante búsqueda por comida, atemorizados frente las balas, con clínicas desbordadas de heridos, esquivando bombas, llorando, limpiando sangre de las calles que día tras día ven caer injustamente a más inocentes y tratando de salvar la inocencia de aquellos niños que siguen soñando con enfrentamientos de espadas y dragones.

Aquí estamos, frente a una fuerza despreciable, asquerosa, hedionda a ilegalidad y a culpa, que oprime y asesina. Estamos frente una realidad limitada por filtros de censura y autocensura, en la que el labor del periodista no es sólo difícil sino más necesaria que nunca.

Para el periodista es como los niños soñaban que se vivía en guerra, con muchos enemigos, riesgo de ir a calabozos, riesgos de morir en batalla, una lucha constante por hacerse oír y bajo el ojo de una comunidad entera que espera que hagas tu parte bien.

Para construir la historia que va a ser contada a los niños que vienen y vendrán, se necesitan personas valientes que con ojo crítico y objetivo plasmen en noticia lo que estamos viviendo, para escribir libros de historia que revelen lo infame que fue vivir en Venezuela frente a un régimen de sicarios.

La ética de la profesión no permite que un periodista honesto sea de otra forma. Buscando siempre la verdad y combatiendo toda fuerza que se resista a que esta se sepa. Por eso, en tiempos oscuros para los medios, es cuando más necesitamos de ellos, para saber lo que está pasando y para que después se sepa lo que pasó.

Leopoldo Castillo @elcitizen

En la situación particular de Venezuela, donde el acceso a la información es difícil, así como todo el marco comunicativo es complicado. El periodista es clave con su narración y la comparación debida. El receptor puede formarse un marco de referencia y donde se encuentra. En este momento ser periodista se siente adrenalina pura y una gran responsabilidad.

Por otra parte, a los futuros periodistas les digo que en una guerra como esta, algunas veces conseguir la verdad es difícil, pero hay q buscarla aunque no es fácil y si se falla, se corrige y se sigue adelante. Se está hecho para la búsqueda del hecho noticioso, aunque sea espinoso el camino. Siempre seguir en esta carrera de obstáculos.

Maria Alesia Sosa @MariaAlesiaSosa

Creo que los periodistas en la Venezuela de hoy tienen un reto mucho mayor que en otros países debido al excesivo control del Estado sobre los medios tradicionales y la censura. Los periodistas tenemos la tarea obligatoria de intentar burlar esa censura que ha instaurado el gobierno para tapar la realidad del país. Contribuimos inventando iniciativas digitales, informando por medios distintos y haciendo uso responsable de las redes sociales. Nos ha tocado buscar la manera de apostar por tecnologías y plataformas que nos permitan informar sin censura, en un país que celebra el atraso y criminaliza la prensa libre.

Ser periodista en este momento en Venezuela es un oficio peligroso y una responsabilidad muy grande, porque estamos presenciando una etapa delicada de nuestra historia. Ejercer periodismo en un país polarizado, como lo es Venezuela, te plantea la necesidad de ser mucho más exigente con el equilibrio en el periodismo. Es difícil no tomar parte en la situación que vive Venezuela, pero como periodistas debemos estar conscientes de que nuestra labor es informar de la forma más responsable, oportuna y veraz posible.

Además, la censura que busca instaurar el Gobierno, nos obliga a reivindicar más que nunca el carácter de servicio público del periodismo. Frente al ensordecedor silencio de medios oficialistas, nuestra labor es buscar la manera de informar, y cuando lo hacemos, la satisfacción es enorme.

Helena Carpio @Helecarpio

Somos testigos. Ese siempre será el deber imperativo de un periodista: vivir, analizar o poner en contexto, y luego, contar. Quizás en un intento por entender al mundo y de comprender por qué suceden las cosas, o quizás, por dejar registro de los acontecimientos y de sus dolientes, para que exista en la memoria colectiva y forme parte de nuestra historia. Pero ese deber de informar, imparcialmente, va más allá de la profesión: hacer buen periodismo es hacer democracia. Es que una cosa no existe sin la otra.

Hacer buen periodismo, honesto, a veces duro, difícil de digerir y analítico, es construir país. Siempre ha sido así. Para que exista democracia debe existir una sociedad civil informada y organizada, un gobierno transparente y una prensa libre que equipe a esa sociedad con información para exigirle eficiencia y justicia a ese gobierno. Por eso jamás ha sido tan importante hacer buen periodismo en Venezuela, porque nunca nos ha hecho tanta falta la democracia. 

Hoy nuestra labor es alumbrar a pesar de esta oscuridad, porque la información es luz. Y esa luz es la que nos permite reconocernos en el otro, construir puentes, entendernos y ser la mejor versión de nosotros mismos. 

Ser periodista hoy en Venezuela, es todo a la vez. Es sentir indignación, admiración, miedo, alegría, tristeza, ansiedad y curiosidad, todos los días – pero en cantidades abrumadoras. Es una montaña rusa de emociones: eso es lo que se siente. Pero también es un ejercicio de resistencia y reflexión. Nos obliga a tener paciencia para entender tanta complejidad, a practicar la esperanza contra tanto horror, a luchar con optimismo ante la injusticia y a alabar a la verdad a pesar de la mentira. Entonces en realidad, creo que aunque ser periodista en Venezuela es abrumador, todos los días nos presenta la oportunidad de ser mejores humanos.

Por la adrenalina, el miedo y la búsqueda de la verdad, gracias periodistas por ayudar a contar lo que sucede detrás de la cortina de humo que escupen algunos dragones.

Así protestan ellos,

¿cómo protestas tú?