#AsíProtestoYo: Educadores

#AsíProtestoYo: Educadores

Venezuela sigue y seguirá siendo noticia. Cada día son más los heridos, los muertos y los manifestantes quienes intentan globalizar la otra cara del país que por primera vez empieza a ser verdaderamente relevante para el foco internacional.

Esa otra cara tiene más de un mes tragando gas lacrimógeno; ha llorado a treinta y siete muertos por protestas; pasa horas en las redes sociales buscando información veraz; continúa padeciendo la escasez; y seguirá saliendo a las calles sin importar el psicoterror preestablecido por las Fuerzas Armadas.

Mientras la otra cara habla con vacas en televisión nacional; encarcela y roba al que piensa distinto; y por supuesto no incluye la palabra dictadura en su diccionario.

Dos realidades opuestas, donde los beneficiados son pocos, y donde además todos sus integrantes deben sobrevivir entre las mismas cuatro paredes.

Hasta que surge el momento de manifestarse. Bajo este escenario, la cara mayoritaria es la que se pronuncia; mientras a la otra no le entra en su disco duro la idea de que se pueden lograr otras condiciones de vida, o la razón del porqué nos morimos de hambre, más allá de una fulana “Guerra Económica”.

Como ya la protesta es evidente y afortunadamente cada vez son más los que aspiran ver otra cosa, el venezolano busca manifestarse de cualquier manera posible. Además de colaborar en marchas, participar en asambleas, o devolver bombas, en The Amaranta quisimos expandir el descontento de Venezuela estrictamente relacionado con la profesión que identifica a cada manifestante. Porque, dentro de esta terrible historia todos aportamos de una forma distinta, y el esfuerzo valdrá la pena una vez que la realidad venezolana sea otra.

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Los educadores

En este mundo, claro está, que una de las más importantes profesiones -cuidado sino la más importante- es la de los educadores. Sin resaltar la cátedra que se de, o el nivel de estudios, la relevancia que tiene un profesor en nuestro crecimiento como personas es grandísimo.

Realmente a los que les debemos casi todo lo que tenemos en la cabeza.

Entonces ¿qué rol debe cumplir un educador en estos momentos de crisis?

A mi parecer uno de los más difíciles. ¿Cómo inculca un profesor de bachiller a menores de edad las razones por las que Venezuela está pasando la peor situación de su historia, sin entrar en discusiones políticas? O ¿cómo maneja un profesor universitario treinta días de protesta donde sus estudiantes son los principales manifestantes? ¿Realiza evaluaciones? ¿Cancela las clases?

La labor histórica de los educadores venezolanos se ve reflejada en el desarrollo de una generación que, hoy día sale a las calles, está al tanto de la corrupción gubernamental, y que además no ha vivido otra presidencia que la del mismo régimen. Ese es el éxito de su profesión.

Al ser nosotros esa generación, quisimos preguntar a profesores universitarios y de bachiller, cuáles son sus vías de protesta mediante su profesión, hacia un gobierno que cumple con la esencia de censurar la labor de los educadores.

Doctora Thays Adrián, profesora universitaria.

Empecé a protestar desde los 16 años cuando ingresé a la UCV. Aunque hay personas que repiten la frase «éramos felices y no lo sabíamos», no veía las cosas de ese modo. La Universidad y los universitarios debemos mantener una actitud crítica, entendiendo que la crítica es el ejercicio del criterio. No quiero decirte con esto que lo vivido actualmente sea comparable con los motivos por los que protestábamos antes cuando como universitarios salíamos a la calle. ¡Para nada! Esto, al menos para mí, resulta totalmente inédito. Hoy existen millones de motivos para protestar. Demasiados problemas que nos afectan a todos: económicos, sociales, políticos y éticos. 

Luego de graduada trabajé durante veinticinco años en el Instituto Pedagógico de Caracas (la primera institución de formación docente del país), adscrita a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Allí continué protestando como profesora universitaria cada vez que lo consideraba necesario. He perdido la cuenta de la cantidad de paros, marchas, caminatas, trancas, clases magistrales, a las que he asistido, junto con colegas de otras universidades públicas.

Actualmente tengo cuatro años en la UCAB. Y fíjate, pensé que las circunstancias serían diferentes: no habría que pelear por presupuesto, falta de dotación, incumplimiento de incrementos salariales y otros beneficios. Pero sí por el país, por todos nosotros. Estamos viviendo mal. Esto comenzó a gestarse hace dieciocho años. No ha sido los tres o cuatro últimos. Pero hubo divisas y con eso se tapaban muchas carencias. Además, quienes fueron desatendidos durante mucho tiempo creyeron en Hugo Chávez y el llamado «proceso revolucionario». Luego votaron por Nicolás Maduro porque Chávez se los pidió. Sin embargo, no era posible mantener el ritmo de gastos que se tenía. Comenzó el descontento. Ya no había dinero para cumplir las promesas, para mantener las dádivas. Pero tampoco para importar alimentos, adquirir medicinas, sostener hospitales, subsidiar divisas para viajes. El barril de petróleo estaba muy por debajo de los más de cien dólares que llegó a valer. Y todo se vino abajo. En eso estamos desde hace cinco años.  

De modo que, nuevamente, me veo en la necesidad de protestar. Ahora no por los problemas de la universidad pública venezolana que me afectaron como estudiante y como profesora. Ahora protesto por el presente de todos y por el futuro de ustedes. ¿Que cómo lo hago? De la forma convencional: marchas, caminatas, concentraciones. Pero también de otra manera: escribo artículos académicos y publico trabajos de investigación en los que expongo mi análisis de lo que ocurre. Hurgar las causas de lo que vivimos me ha permitido darme cuenta de que la protesta es justa y necesaria en este momento. Y es un derecho irrenunciable.

Historiadora y educadora Luisa Elena Curini, profesora de bachiller. 

Mi forma de protestar está en las aulas de clases porque es allí donde inicia la transformación del individuo que necesita esta sociedad. Desde hace 22 años desarrollo la más noble profesión; la de educar, y más que en contenido, en mi caso como historiadora en el amplio sentido de formar en mis alumnos valores para la vida. Como docente tengo la hermosa responsabilidad de brindar a mis alumnos las herramientas para alcanzar el éxito, es darle todas las capacidades para que lo que un principio pueda ser un sueño se convierta en realidad. 

Cuando amas lo que haces y vives con pasión tus sueños, estarás construyendo un mundo mejor… Yo cada día doy lo mejor de mí como ser humano y mi dedicación por educar en cada salón de clase al hombre del mañana, y que cada uno asuma la responsabilidad de dar lo mejor de sí. No importa qué rol desarrolles en esta sociedad, no importa qué profesión u oficio pero que sean buenas personas, me refiero a que busco educar para inculcar que tengan el don de la vida presente, el don de gente.

¿Para qué educar? Para dejar la ignorancia de agredir entre los hombres… Mi forma de protestar será mantenerme fiel a mis principios y a mi amor por ser docente… Dios me regaló la dicha de transformar espíritu….y la satisfacción es verlos convertidos en hombres y mujeres de bien.

Nuestra mejor arma dentro de esta protesta es nuestras aulas de clases para jamás callar la verdad, el conocimiento nunca podrá ser vencido.

Irónicamente los profesores, responsables de nuestra formación como personas hoy día, son los principales perjudicados dentro de todo este sistema socialista. Reciben el peor de los sueldos y corren riesgos hasta dentro del mismo campus, pero lo hacen con la vocación y la voluntad de protestar contra la crisis dando clases a jóvenes con perspectiva de cambio. Porque claro está, que no hay peor arma para una dictadura que el libre pensamiento.

Así protestan los educadores, contra políticas y censuras exponen su criterio al futuro de un país. Por lo tanto, frente a una Venezuela en ruinas y frente a la represión;

¿de qué manera protestas tú? 

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