Chapter 1: The journey begins

Era un sábado del mes de mayo, mi amigo Ben y yo estábamos disfrutando de las aguas termales del desierto en el sur de California. Hipsters y hippies alrededor nuestro bañándose desnudos, disfrutando de este lugar secreto y mágico en donde los pozos llegan a más de 30 grados. Había gente caminando sobre slack lines, también sin ropa, cayendo al agua fría que se fusionaba con la hirviendo.

Después de una sobredosis de agua calurosa, le comenté a Ben que quería viajar sola a algún lugar del mundo al culminar las clases, ya que recién había terminado una pasantía y necesitaba un tiempo de respiro, y también habiendo ahorrado unos cuantos dólares. Entre los países en mente tenía Costa Rica, Nueva Zelanda, Noruega, Islandia, Dinamarca y más. Fue en ese momento, cuando Ben me dijo que él había querido hacer lo mismo desde hace ya un tiempo, y que su plan para el año que viene era viajar por el sur de Asia.

Un inmenso interés se despertó en mi, y así empezamos a hablar de Tailandia, Bali, Cambodia, Vietnam, y de otros países en ese lado del mundo que eran baratos y seguros, sobre todo para mujeres viajando solas. Ben, es originalmente de Hong Kong, y tiene bastante experiencia en países asiáticos. Hablamos un largo rato sobre las logísticas en esos lados del mundo, y yo me llene de inspiración y ambición. Tenía experiencia razonable en viaje y aventura, pero nunca había viajado sola, y menos a un lugar en donde no puedo pretender saber hablar el idioma, a diferencia de países como Italia, en dónde puedo decir que soy italiana y muevo las manos mientras digo: “Signore, pasta con pesto, per favore!” de manera que parezca nativa de la nación. No, allá sólo sabría como pedir curry.

Esa misma noche, llegué a mi casa, busqué pasajes para Bangkok, Tailandia y encontré un precio muy bueno para el 6 de julio. Sin pensarlo, compré el pasaje. Sin decirles a mis padres, empecé a organizar las cosas necesarias. Compré mi morral de viajera en REI, con las recomendaciones de nomadicmatt, y decidí que iba a irme de mochilera por el sur de Asia, y que nadie me lo iba a impedir.

Un mes después, me enfrento con mis padres, y les lancé la noticia en momentos estratégicos, a cada uno por separado (debido a que están divorciados). Expresé mis deseos de conocerme espiritualmente, de viajar sola, de descubrir el mundo, de tener una única oportunidad en un momento tan clave de mi vida, mostrando la madurez necesaria para llevar tal viaje a cabo (aunque apenas tengo 19 años). Tenía los ahorros, las ganas, y sobre todo: la curiosidad. Después de días de discusión, se llegó a la conclusión de que tenía “permiso”, de ir al Sur de Asia por mi cuenta. Nervios, emoción, felicidad, miedo: todo lo sentía. Esto significaba que iba a ir, ya era un hecho.

Ahora, a menos de una semana de mi viaje, me preparo leyendo blogs de mujeres viajeras e informándome de logísticas necesarias, mientras culmino diligencias como la compra de un kit de primeros auxilios, etc. 36 días, sola, al otro lado del mundo. 

Stay tuned… 

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta y sus dueños.