La historia de Venezuela contada de otra forma - The Amaranta
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Érase una vez en una tierra no muy lejana dependiendo de donde lo mires, el Reino de Aleuzenev. Envidiado por su cálido clima, playas paradisíacas, hermosas vistas, montañas de ensueño y por sobretodo su papelón con limón.

El papelón con limón a muchos les resultaba ácido por los males que había traído al reino y a su gente. El papelón sale debajo de la tierra y emerge a la superficie para luego ser procesado y darle energía a las carretas, proporcionándoles ganancias a los cofres de quienes la extraen. 

Siendo un recurso tan escaso y de alto valor, El Reino de Aleuzenev había hecho del papelón con limón la fuente de las riquezas para su gente. Durante años fue utilizado para construir caminos de piedra, fortalezas para los enemigos, uno que otro botiquín de cerveza, mejorar los techos de las casas del valle y en general optimizar la vida de los aleuzenevianos.

Contaba que el papelón había resultado ácido para muchos aleuzenevianos porque gracias a él, con las riquezas y beneficios que traía, había arrastrado también a una cuerda de reyes tiranos que controlaron el reino a su placer por empapelonarse las manos

Por otra parte, antes del papelón, por allá, cerca del año de pún, los aleuzenevianos trabajaban las tierras, criaban ganado y hacían trabajo de mano, pero ahora con lo rico que era el Reino, todos habían dejado de trabajar, gozado de la vida en los botiquines y emprendiendo embarcaciones a la tierra exótica de Miami. La vida era feliz y fácil para los nobles, pero los campesinos pasaban trabajo y no estaban satisfechos con los reyes del momento.

Hace unos años llegó El Verrugón a Aleuzenev, un hechicero no tan buenmoso y con historias fantásticas que logró encantar a todos los del reino, tanto nobles como campesinos. Con sus discursos maravillosos y su guardia roja de espadas logró envolver con carisma a todo el reino. Con el tiempo reveló su verdadero aspecto, un grueso, putrefacto, grasiento y verrugoso cochino que separó el reino, regaló las riquezas del papelón, mandó al calabozo a inocentes, quitó castillos, se peleó con todos los demás reinos, insultó a todos los que no opinaban como él, asesinó a quien se le oponía, clausuró los recintos donde se redactaban las buenas nuevas e impidió que nadie que no fuese su amigo ayudara a gobernar el reino. 

Durante sus largos 14 años de gobierno, se derramó sangre espesa de inocentes con la que se ensuciaron las calles de todo el territorio. Aleuzenev nunca había visto tanta desgracia, injusticia y pobreza. Lo que antes había sido apreciado y envidiado por los demás reinos, se convirtió en un hueco de magia negra donde todo el que entraba no veía el momento para poder salir de allí.

Con el reino en ruinas y su gente desesperanzada, El Verrugón se enferma por un hechizo de mal de ojo, que además de hacerlo aún menos atractivo, lo debilita, le quita todos sus poderes y por el cual, después de sufrir lo equivalente al daño que le había hecho al reino, muere. Los verrugones (así les decían a los que defendieron a capa y espada al infame hechicero) lloraron mientras que los apuestos (se le llamaba aposición a los que iban contra El Verrugón) celebraban y bebían vino.

Muchos pensaron que la maldición de la verruga había terminado con la muerte del obeso hechicero, sin embargo, antes de morir, él les dejó dicho a los verrugones que quien debía seguir su legado en Aleuzenev iba a ser Urro. Razón por la cual debían apoyar y asegurarse que Urro se mantenga como rey de todas las tierras y así seguir con la Devolución Verruguiana (proyecto de cambio para el reino y misión personal del Verrugón).

Urro era el personaje más inepto y poco apto del séquito verruguiano. Era un burro de poco intelecto, que bajo un hechizo de magia negra aprendió a hablar, así como Shrek. Urro tenía que seguir la fórmula que había ideado su predecesor para mantenerse en el reinado: regalar cosas al pueblo para mantenerlo feliz, mentir a todos, robar riquezas y escudarse detrás de la guardia roja de espadas.

La aposición, cerca del tiempo de muerte del Verrugón, se había organizado para unir fuerzas en una caballería que llamaron la Mesa de la Unión Caballera, o MUC, y al darse cuenta de la amenaza que representaba Urro para el reino de Aleuzenev, idearon una estrategia y lanzaron a Manrique, el caballero más joven y distinguido a batallar con el postulado de los verrugianos y así permitir que los aleuzenevianos decidan quién quieren que sea el próximo rey.

Inició la batalla y el reino eligió, sin embargo la malvada bruja que contaba los votos mintió sobre el resultado y en el famoso balcón de la injusticia, anunció la falsa victoria de Urro.

Manrique, en una mala movida estratégica, exhortó a los apuestos a que no sacaran sus espadas de paz frente a los verrugianos tras el fraude, sino, les pidió que desde los corrales de sus casas tocaran con cucharas de madera los barriles de peltre con que se cocinaba en la casa.

" En un ratico, a las 9 de la noche, vosotros vais a dar allí a su peltre a su olla " - dijo el derrotado.

Sin resultados fructíferos de esta forma de protesta, Urro se postró en el trono e inició la época más desastroza y lamentable que había visto el reino.

Urro desató con su ineptitud una cadena de cataclismos que venían orquestrándose desde los tiempos del Verrugón y que iba a cobrar la felicidad y vida de El Reino de Aleuzenev.

Esta historia continuará...