Bye bye Velvet

Ahora a la espera de la siguiente novela romántica contextualizada en los años 60.
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cartel1120

Aquí en The Amaranta le hemos dedicado tiempo, espacio y artículos demás a cualquier noticia, película, documental o serie de televisión que involucre a Netflix. Somos parte de la inmensa comunidad latina que podría pasar semanas enteras viendo capítulo tras capítulo, temporadas de series nuevas o viejas en días, y todo por supuesto, con la misma clave y usuario de Fulano que te la dio hace año y medio y no está al tanto de que la sigues usando.

Entre gustos y colores, mis preferidas de Netflix son las españolas. Favoritas porque son extremadamente cursis, cuentan con un reparto de actores bastante repetido en muchas series, todas se desenvuelven a finales del siglo pasado, y sus protagonistas son bellísimos, todos.

A pesar de que la única original de Netflix es la más reciente, Las Chicas del Cable, para nosotros los venezolanos, el portal mágico de Netflix es la vía más fácil para acceder a las series de origen ibérico; ya que eso del “quemadito” pasó de moda y bueno, ni en Directv ni Intercable las pasan.

Por lo tanto, mi seguimiento especial a la serie Velvet ha sido bastante constante desde que entró a Netflix y al momento de estrenar cada temporada. 

Hace un par de semanas, salieron los once capítulos de la 4ta temporada, la última.

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Para los que no están al día, Velvet narra la historia de amor prohibida entre el heredero de una casa de moda española elitesca y una de las costureras del imperio textil. (un clásico novelero, pero bueno, para los románticos funciona) Por supuesto estamos hablando de una relación imposible debido a la diferenciación de clases, y los millones de obstáculos que interponen demás personajes en la historia de amor. Además se vive la creación y transformación de la moda europea y las distintas ocurrencias e historias de los dueños de las galerías y su personal.

Haciendo el cuento corto, Alberto, (el protagonista y dueño de las galerías Velvet) ha estado enamorado toda la vida de Ana (la modista); pero para salvar a Velvet y su personal, debe casarse con una mujer (burda de gafa y medio tocada por cierto) llamada Cristina; entonces las primeras tres temporadas nos narran una historia de amor prohibida entre Ana y Alberto pero por otra parte la organización de una boda que nadie, salvo la novia, veía a futuro.

Pues resulta que al final de la tercera temporada los españoles nos dejaron así: Alberto obviamente dejó a Cristina y ella se volvió loca. El protagonista decidió largarse a Cuba en un avión que luego sufrió un accidente; pero resulta ser que el señor no se montó en ese avión sino que se fue a Estambul. Todos los protagonistas lloraron aquel dramón sin saber que Alberto no había muerto, y Ana además estando embarazada de él. Los demás personajes siguieron con sus vidas de segundo plano y dentro de un espectro de cinco años, nos lanzaron la cuarta temporada.

Siendo la última, y con cinco años de futuro en los personajes, mi reacción frente al maratón de episodios fue bastante extraña. 

Sentimientos positivos y negativos son mi conclusión al majestuoso y tan esperado final de las galerías Velvet, y pienso deben ser divididos de la siguiente manera.

La espera de Alberto

Estoy segura que coincido con muchas cuando afirmo que Miguel Ángel Silvestre es el hombre más espectacular de toda España. Mentira de toda Europa. Por lo tanto fue bastante desesperante esperar hasta el penúltimo episodio, sí penúltimo, para verle la cara. Vale acotar que a diferencia de cualquier serie de habla inglesa, o cualquier serie en el mundo, los capítulos de Velvet duran una hora y diez minutos; así que no fue corta la espera para presenciar la vuelta de Alberto.

Los demás personajes y sus vidas

Todos seguían en lo mismo, pero de manera distinta. El diseñador Raúl se consigue una pareja, Rita y Pedro luchan contra un cáncer, Clara y Mateo separados pero a la vez juntos, Don Emilio más solo que la una aunque acompañado por Doña Blanca, Jonás sastre en Velvet y próximo diseñador. Sin embargo nos enseñan un final donde todos van a resolver o rehacer sus vidas de la mejor manera.

La desquiciada de Cristina

Pobrecita, el amor la dejó mal del coco, con una hija sin padre y además con la cara desfigurada. Pero verdaderamente ella se lo buscó. Y bueno, siempre tiene que haber una enfermita enamorada del protagonista.

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Ana, su éxito y su hijo

Después de haber pasado por tanta tragedia termina siendo una diseñadora famosísima, logra revolucionar la idea principal de las galerías Velvet, consigue el mayor éxito y además tiene un hijo espectacular. ¿Quién no quiere un final así?

El último capítulo

En resumidas, Ana y Alberto al pasar una tragedia con el niño y después del enésimo intento, se logran casar. De la manera más bonita, íntima y romántica.

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Se releen estos aspectos y la única conclusión, para mayor sorpresa, es que son características obvias de una novela romántica. Pues está claro que, todo el elenco iba a encontrar su camino de bien, el protagonista iba a regresar para conocer a su hijo y casarse con el amor de su vida, los malos iban a asumir sus consecuencias, y la protagonista iba a terminar siendo atribuida por aquel calvario que le tocó pasar en los años previos de Velvet.

No puedo decir que me esperaba otra cosa u otro final; las novelas son así, cursis, trágicas y eternas. Pero cómo nos enganchamos queriendo saber qué le va a pasar a Rita, o queriendo ver cuando Ana se entere que Alberto está vivo.

Así sean lo más predecible del universo, siempre haya un inconveniente amoroso, un embarazo imprevisto, o unos protagonistas excesivamente bellos y ajenos a la realidad, nos encantan las novelas y el mundo fantasioso e inocente que imaginan.