Intenté ver Santa Clarita Diet

Hablando de sacrificios laborales...
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Una de las ventajas de trabajar en una publicación digital es que tienes el pase libre para escribir sobre lo que te gusta, y ya que las películas y series son mi debilidad, varias veces he tenido que hacer un binge watch estrictamente laboral para escribir sobre las novedades audiovisuales; porque agregar en mi agenda que tengo que ver ocho capítulos en un día es el tipo de sacrificio que estoy dispuesta a hacer solo por cumplir con mi deber como escritora.

Por eso, cuando Netflix me sugirió Santa Clarita Diet por dos semanas seguidas, aproveché que no había leído nada sobre ella, ni sabía de qué trataba, para dedicarle un día o dos al nuevo show de Drew Barrymore. Lo que menos esperaba era una advertencia de mi jefe y un “¿qué tanta resistencia tienes hacia las cosas asquerosas?”. Después de una breve explicación bastante gráfica de la serie, mis ganas de verla se redujeron a “nunca en la vida”. Por supuesto, de mi repentina negación a ver una comedia sangrienta surgió una nueva propuesta para el artículo, ¿qué tal si intento ver la serie y escribo sobre mi reacción?

Y heme aquí, arrepintiéndome de mis decisiones.

A primera vista, el nombre de la serie no parece nada extraño, aunque la palabra “dieta” no es de nuestras favoritas, si eres tan distraída como yo, probablemente el tinte rojo en la cava del póster no te dio una pista del tipo de dieta que Víctor Fresco, el creador del show, tenía entre manos. En caso de que estés buscando una guía para una vida más saludable, lo único que logrará el régimen alimenticio de Santa Clarita Diet será que quieras convertirte en una vegana devota. 

Al principio, nada parece fuera de lo común. Una pareja monótona que trabaja como agentes inmobiliarios, mantiene a su hija adolescente y comparte la calle con vecinos raros. Típica comedia americana. Hasta que Sheila, Drew Barrymore, se convierte en una especie de muerto viviente que tiene que comer personas para poder sobrevivir. Casual.

santa clarita

Para el minuto veintidós ya estaba debatiendo mi ética laboral y las repercusiones de mentir en un artículo para poder librarme de ver vómito y sangre falsa en alta resolución. La cosa es, que para poder hablar de una serie tan peculiar como esta, tienes que verla; porque no hay otra mezcla tan extraña y bizarra que podamos usar como referencia. 

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Empecemos por cómo una mamá cualquiera, de un día para otro, está obsesionada con el sexo oral, los carros lujosos y el delicioso sabor de los dedos, entrañas y testículos de su colega. Y cuando se trata de Joel, la pareja de Sheila, todo es más extraño todavía. Tan solo un día después de que su esposa vomitara su peso en líquido, muriera, resucitara, se comiera a su nuevo y pretencioso compañero de trabajo y tuviera que enterrar sus restos para no ser descubierto, todo lo que Joel puede decir es “claro amor, podemos convertirnos en asesinos para que comas carne fresca”. Sí, lo sé, es tan prometedor como suena.

Entre su reacción, la crisis existencial de su hija y la necesidad de alimentarse de Sheila, los primeros capítulos son un mezcla de gore, desorientación, sangre y actores tratando de alcanzar niveles de rareza que no habían experimentado antes. Sin embargo, después que los protagonistas comienzan a entender que lo normal no tiene cabida en el show y solo les queda familiarizarse con el papel, la trama empieza a cobrar sentido y algunos de los chistes en realidad dan risa.

Por más de que el drama principal debería ser que Sheila murió y resucitó como zombie, el ritmo del show no deja que la realidad se asiente y todo lo que escuchamos es “necesitamos matar para que Sheila coma”, “compremos cadáveres” y “los impulsos de Sheila están fuera de control”.

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Realmente, quitando todas las imágenes explícitas que pudieron haber disminuido para que no tuviese que cerrar los ojos cada cinco minutos, la serie no es pésima, pero tampoco es algo que pondría en mi lista de favoritos. Se siente como esos shows que puedes ver una vez cada dos semanas sin necesidad de seguir la línea de la historia.

Aun así, la moraleja de esta experiencia es que nunca más voy a sugerir reseñar una serie/película sin antes ver el tráiler. Gracias por la lección de vida boss