Reseña de la segunda temporada de 13 Reasons Why - The Amaranta
Este artículo está lleno de spoilers, pero no importa porque espero que no la veas

La primera temporada de 13 Reasons Why fue más o menos interesante, digo más o menos porque aunque en ocasiones provocaba cerrar la computadora, el interés se mantenía por conocer cómo iba a terminar la historia de esta niña muerta y medio hipster que dejó unos cassettes explicando las razones por las que se suicidó.

Se hablaba de suicidio, bullying, asaltos sexuales y violencia, además trajo a la mesa una conversación necesaria sobre los temas que afectan a los adolescentes, problemas a veces mortales. O eso es lo que decían los productores del programa.

En mi opinión glorificaba los temas, haciendo ver cómo el suicidio era una manera coherente de vengarse de las personas que le hicieron daño. El Internet pensaba más o menos lo mismo e incluso hubo un caso de un niño en Perú que se suicidó y dejó 13 notas en las que explicaba por qué lo hacía, evidenciando que el efecto de la serie más allá de traer consciencia a los temas, se aprovechaba de un público impresionable tratando tópicos fuertes para ganarse una plática.

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Y sinceramente creo que es así.

La segunda temporada por tanto, comienza con un mensaje de parte de los actores en los que advierten sobre el contenido explícito de la serie y sugieren que si estás deprimido o teniendo pensamientos suicidas es mejor que no la veas o que lo hagas acompañado. También sugieren que contactes a alguien para decirle cómo te sientes y que busques ayuda, incluso fundaron una página con el nombre de la serie donde brindan apoyo.

Esa fue la única parte positiva.

13 capítulos malos en los que se supone tratan el efecto que el suicido de Hanna Baker y sus cintas tuvieron en amigos, allegados y familiares. En teoría todo gira entorno al juicio en el que los padres de Baker acusan al colegio de su hija por no tomar acción por el mal trato que terminó en consecuencias fatales, pero realmente el juicio no aporta mucho a la trama y se dejan más cabos sueltos que una historia contada por un niño. Un niño sin imaginación y con ADD.

De nuevo explotan temas como la violación para capturar la atención de las personas, tienen un hilo conductor narrativo mal logrado, un fantasma que no pinta coherencia en la serie, embellecen el hecho de que cada vez que intentes arreglar las cosas vas a meter más la pata, que las víctimas de violencia sexual nunca se superan y que el colegio es un lugar espantoso.

Para remate, introducen una escena innecesariamente gráfica (supongo que como equivalente a la escena de suicidio explícito de Hanna en la primera temporada) en la que violan a uno de los personajes con una escoba y lo dejan sangrando en el piso de un baño con la cabeza rota y llorando.

Esta serie no solo es mala por la trama aburrida, sino porque trata temas importantes de la peor forma posible, no educa sobre el suicidio ni aporta soluciones a lo común que es el bullying, si es que en teoría eso era lo que querían lograr. Son trece agonizantes horas de sufrimiento, tanto para los personajes como para uno.

Aparentemente Netflix no está muy seguro si sacar la tercera temporada de la serie por la percepción negativa que ha tenido el público. Ojalá no lo hagan para no tener que escribir un artículo así de nuevo.

Chao, me puse de mal humor.