Reseña de la segunda temporada de Queer Eye - The Amaranta
Ese es el título de la canción de la intro y funciona buenísimo para este artículo

Ves un aguacate y te recuerdas de Antoni, antes de salir del clóset (digo, literalmente) temes que si te encuentras a Tan en la calle te vaya a sugerir un french tuck y si no has dicho por lo menos 15 veces SLAY QUEEN como Jonathan, no lo has dicho ninguna vez.

Víctimas somos todas de Queer Eye desde su lanzamiento febrero de este año. El reboot de Queer Eye for The Straight Guy es una serie de Netflix que, para sorpresa de todos, en seis meses ha estremecido al mundo con remodelaciones de revista y afeitadas de barba que traen lágrimas a los ojos.

Por supuesto, la súper casa de streaming no mascó chicle para grabar la segunda temporada del quintento gay menos gay, pero orgullosamente gay del mundo para aprovechar la estúpidamente asombrosa popularidad del programa.

Y bueno, porque la mejor manera de evitar ser una persona adulta y reconocer que tienes responsabilidades es binge watch-ear una serie, nos la comimos en una semana.

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Desde el principio, la serie se mostró como un escenario en el que se desea tocar más temas que solo hacer que un tipo que parece un indigente te dé queso. La lucha social que todavía existe por la aceptación de los homosexuales y las experiencias personales de Antoni, Karamo, Jonathan, Bobby y Tan son gran parte del foco de la narrativa de Queer Eye y la segunda temporada no quiso cambiar eso. De hecho en mi opinión, más bien explotaron (de forma positiva) el aspecto personal de los Fab 5.

En la segunda temporada, no se limitan a hacerle make-overs a hombres sino que incluyen a una mujer y a un hombre transexual, le abren paso a la historia de un tipo obsesionado insanamente con un festival de música, a un latino que juega a ser adolescente en vez de papá y a un pobre chamo que el hecho de haber raspado una materia en la universidad le estaba arruinando la vida.

Algunas de las críticas hechas a esta entrega es justamente eso, que en teoría el show era dedicado a la rehabilitación física y fashionista de un hombre y que esta vez perdieron el foco un poco, digamos forzando el tema de la aceptación.

Yo opino distinto, el hecho de traer la lucha de la comunidad LGBT mientras le cortan la barba a diferentes hombres e incluso a una mujer (bueno, a ella no le cortan la barba), funciona como una manera de darle distintos matices y escenarios a la aceptación gay.

Hablar de la homofobia en la iglesia, de la adopción de niños por parejas gay, al compromiso cursi y afeminado de una pareja hétero o profundizar en lo que realmente significa para las personas que se cambian de sexo que le den un documento de identificación con su nuevo género, no son luchas que ya se hayan ganado, ni mucho menos temas que debamos dejar de tocar porque “ya los tratamos suficiente”.

Si hay algo que te muestra Queer Eye, de la manera más fabulosa y llena de escarcha, es que si bien hace treinta años no era bien visto que un niño del coro de la iglesia fuese gay, hoy en día tampoco es bienvenido.

No creo que la lucha de las personas deba dejar de contarse porque “ay que fastidio los gays ya se pueden casar”.

Además cada capítulo es un seguro laxante de lágrimas y me encanta. Porque si hay algo que saben hacer estos tipos es hacer que un tráiler parezca el interior de un hotel boutique y hacerte llorar de felicidad y sentimiento.

La segunda temporada alimenta las historias de aquellas personas que ayudan con la parte humana de los Fab 5 en contraste a las personalidades acartonadas y falsas de otros realities.

Creo que es la primera vez en la vida que he deseado ser hombre gay solo porque quiero estar en el programa y ser mejor amiga de Jonathan Van Ness.

Véanla que está de locos.