Sin ninguna intención de justificar sus elecciones artísticas

En las propias palabras del director del nuevo lanzamiento de Netflix, Duncan Jones, Mute originalmente no fue pensada como una obra de ciencia ficción.

Y de eso nos dimos cuenta.

Ver relacionados:

¿Qué nos espera en Netflix próximamente?

To the Bone superó a los críticos que buscaban repercusiones negativas

Okja, la película de Netflix que te va a volver vegetariano

WTF a What The Health

Este drama misterioso bañado de negro que sigue la aventura de un camarero mudo que trata de hilar la desaparición de su novia pero termina sumergido en un submundo criminal en el que nada se entiende, de hecho, se desarrolla el futuro hollywoodense.

Hay robots, tantas luces de neón como para hacernos dudar de si Blade Runner vomitó sobre la ciudad y una vaga sensación de distopía en el aire. Pero entre todo esto, lo más difícil de entender es el propósito de la ambientación de Mute.

Más allá de servir como telón de fondo muy bonito y como una forma de guiñarle el ojo a las obras previas de Duncan; películas inteligentes y atractivas como Moon del 2009 y Source Code del 2011.

Películas mucho mejor aclamadas que su última entrega.

Desafortunadamente, Mute no está en el nivel de esos proyectos, los que ayudaron a Jones hacerse un título como el nuevo director cool por ver. Mute ni siquiera puede levantarnos más que Warcraft, del 2016. Y eso es mucho decir.

Mute comete un pecado mucho peor que simplemente ser aburrido y basarse en una trama amateur y geek; es solo un trabajo de un escritor que decidió juntar cinco de sus obras en una de sus borracheras con destellos de grandeza.

Ni siquiera todo el vestuario futurista en el mundo puede salvar a la película; y eso que se esforzaron. Pero lo que vemos en la pantalla es solo una excusa para que los productores geeks futuristas pudiesen poner naves voladoras por todos lados sin ninguna razón aparente.

Nos hemos encontrado con detectives aficionados de todas las razas, religiones y géneros, y con todo tipo de aflicciones y talentos ocultos, pero Leo (Alexander Skarsgård) es casi con certeza el primer ilustrador/camarero mudo en recorrer las calles bañadas en colores fluorescentes en busca del amor de su vida.

El héroe de la historia es el mismo que sufrió un accidente automovilístico que cortó sus cuerdas vocales; y nos muestran, en retrospectiva, que su familia Amish se negó a la cirugía que podría haberlo curado por su religión. Y aquí estamos dando todos los detalles que la película informa, porque no sabemos más nada que eso. Aún cuando vimos las dos horas de película.

Y ¿ya mencionamos que Mute es el sueño comercial de Amazon? Con todos los drones rodando por todas partes y entregando comida desde donde sea que esté. No es como si el escenario le agregara mucho a la historia de Leo, pero sí es un emprendimiento del que estaríamos a favor.

Pero si hay una razón para darle una oportunidad a la película, y eso que nos costó encontrarla, es para mirar a Paul Rudd por primera vez como personaje siniestro de una trama. Sí, el actor más pana del mundo está interpretando a un personaje de moral ambigua; un cirujano borracho huyendo de un período traumático en Afganistán y decidido a regresar a los Estados Unidos de alguna manera.

No la mejor excusa para exponer a tus ojos dos horas a luces, espías y cámaras por todos lados, pero es la mejor que podemos encontrar para sentir que no perdimos nuestro tiempo con Mute.

Definitivamente la peor excusa que existe.