#MusaDelMes: Sofía Ímber

"Estoy horrorizada, estas páginas se parecen demasiado a mí. ¡Soy yo! Y estoy harta de mí"
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Federica Chacón

Federica Chacón

Una semana después de haberme tragado la última biografía de Sofía Ímber mi cabeza sigue rondando con todas las anécdotas y comentarios del libro. Me cuesta entender cómo tanta emoción, tristeza, victorias y sufrimientos caben dentro de un marco tan pequeño de tiempo.

Antes de empezar con Sofía, me pareció increíble la manera en la que Diego Arroyo Gil fue capaz de transpolar los pensamientos e historias de la señora Ímber a las páginas de un libro, dictado en la voz de ella misma, porque es evidente que tiene un tono y carácter único para compartir información sobre su vida.

El libro se divide en varias etapas, pero haciendo dos cortes más marcados que separan su vida en dos: Guillermo y Carlos, los dos ex esposos de Sofía, cada uno de ellos más interesante que el otro. Me encantó la manera en la que fue capaz de dividir su vida en dos hombres sin nunca perder su autenticidad como esposa y mujer.

Sofía cuenta con las tres cosas que me encanta ver en cualquier tipo de mujer: inteligencia, carácter y cultura de trabajo. Todo esto con el no-sé-qué que sólo es capaz de poner una mujer latina -lo que es curioso porque en realidad Sofía es rusa, aunque vivió toda su vida en Venezuela-.

La primera parte comienza después de haber sido perseguida por miles de pretendientes, uno de ellos fue Andrés Eloy Blanco, quien le caía bien pero le aburría. Sofía se casa de manera muy repentina con Guillermo Meneses, uno de los mejores escritores y periodistas de Venezuela.

Federica Chacón

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Siento que con Guillermo, Sofía aprendió a amar bien y a ser amada. Repetidas veces hace referencia al amor que él sentía por ella y hasta cita una carta que le escribió a su primera hija, Sara, antes de nacer:

“Algún día leerás esto. Rusa y judía es mi mujer, tu madre, la que ha sido para mi la única mujer. Por eso te quiero a ti, Sara, antes de conocerte. Por eso te quise antes de que existieras: porque eres mi amor por ella en trance maravilloso de segura esperanza”.

Digamos que a Sofía nunca le hicieron falta los comentarios y palabras bonitas.

Se ve perfectamente el nacer de una mujer profundamente vanguardista, pero no por tendencia o amor a lo contrario, sino porque lo llevaba en la sangre. Por esto fue alabada e insultada, pero lo que la hace única e increíble fue su poder de ser tolerante con ello y poder subir el mentón al decir opiniones controversiales o fuertes, sabiendo que al terminar le esperarían una horda de críticas e insultos sobre su carácter. 

Federica Chacón

Federica Chacón

Una de las citas que más me recuerda a Sofía es: “La mujeres bien portadas casi nunca hacen historia”. Por portarse “mal” dentro de una sociedad extremadamente conservadora como lo era Venezuela antes, nos deja a nosotros un museo, obras, una Ciudad Universitaria, libros y la propia historia de Venezuela que construyó con sus dos manos (seis si cuentas las de sus dos esposos).

Otra razón por la que esa cita me recuerda a ella es su separación con Guillermo, para posteriormente casarse con Carlos Rangel. Poniéndolo en sus palabras:

“¿Qué pasó? Que me enamoré de otro hombre. ¿Cómo? Como se enamora uno, sin saber muy bien por qué, como un pendejo. ¿Y fue un escándalo? Sí, y se me dijo de todo. Lo primero, faltaba más, que era una puta.”

Sofía describe cómo en esta época era evidente la luminosidad en su cara. Que mientras sí fue muy feliz con Guillermo, ya no tenía el mismo sentimiento su relación, lo cual es válido y real.

Es una lección de que sí es válido y posible enamorarse de nuevo y hacerlo con coraje. Por eso y mucho más, la admiro profundamente.

Durante estos años, Sofía fue presentadora del programa Aló, aló, luego creó Buenos Días junto a Carlos- el primer programa transmitido en la mañana-, Sólo para adultos, y muchos más. Todo esto mientras escribía para varios periódicos. Sin embargo, además del programa Buenos Días, el logro más trascendental fue sin duda el Museo de Arte Contemporáneo.

El Nacional

El Nacional

En el libro, Sofía reconoce la importancia y el trabajo invertido de la manera más humilde, matter of fact posible, y en algunos momentos con cierto desdén.

“Yo simplemente fundé el museo, trabajé por él, junto a mi equipo lo convertí en una joya para la corona, un día me echaron de su dirección sin darme siquiera las gracias, hice mi maletica, me despedí y me vine para mi casa. Punto. Ya está. Que hablen del caso la historia y la posteridad”.

Aunque Sofía no quiso exponer demasiado sobre su tiempo en el museo, se da a entender que de hecho sí es una joya para la corona, a pesar de que ahora esté descuidado. Gracias a la descripción de la vieja Venezuela, en varias ocasiones solté una o dos lágrimas por causa de ansias y nostalgia de lo que fue mi país.

Otro de los clímax del libro para mi fue de suicidio de Carlos. El momento fue descrito de manera tan sobria y desapegada que tuve que leerlo cinco veces para intentar salir de mi shock. Aunque Sofía esté contando un momento seguramente traumático y definitivamente decisivo en su vida, sus palabras exudan seriedad y el mínimo de romanticismo necesario con el que solo una buena periodista relataría el suceso; al pasar la página, mi confusión se agrandó y más sentimientos se encontraron con la carta que dejó Carlos a Sofía antes de suicidarse. No supe qué pensar. ¿Sería egoísta de su parte? ¿Está mal pensar eso? ¿Sofía sufrió de las famosas cinco etapas de luto?

Federica Chacón

Federica Chacón

En las páginas finales del libro se nota el aire de conclusión no solo en las palabras sino en la manera en la que Sofía parece estar cerrando su vida, a pesar de su miedo a morir. Habla sobre el deterioro de su cuerpo y de sus habilidades. En este momento, no quería terminar el libro sino volverlo a empezar, donde sus historias reflejan la esperanza y ganas indómitas de vivir a toda cuesta. Pero decidí seguir y terminar, porque si algo me dejó Sofía es que a pesar de todo, siempre hay que seguir, trabajar duro y terminar dignamente.

Como concluye Diego Arroyo Gil en el libro:

“Sofía no es una persona que pueda ser dibujada sin matices”. 

Después de haber leído el libro estoy de acuerdo con esta oración y opino que su trabajo de reflejar todos los entretonos de la psique de una mujer como Sofía Ímber es algo digno de admirar. Luego de 231 páginas y una montaña rusa de emociones, agrego un excelente libro a mi biblioteca y un modelo a seguir al tope de la lista de personas de las cuales algún día quisiera hacer algo remotamente parecido.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de The Amaranta y sus creadores.