Momentos de una caraqueña definidos por Caramelos de Cianuro - The Amaranta
Asier es el Keanu Reeves venezolano, nunca envejece.

Debo admitir que no me declaro una fanática de Caramelos de Cianuro, o al menos igual que una persona cualquiera no se declara fan del papelón con limón o de la cachapa con pernil. Son cosas que quieras o no van a estar presentes en tu vida, e incluso llegas a adorar el karma, el destino, el real en tu cartera o lo que sea por haber hecho que pasara.

Eso me pasó (me sigue pasando) con Caramelos de Cianuro.

He visto a Asier en persona un total de dos veces en mi vida. La primera fue en un concierto en el Centro Cultural BOD, no recuerdo cuál, e iba con tres amigas. Mi reacción: un hombre cualquiera saliendo de un concierto. La segunda vez, estaba comiendo pizza cerca de Los Palos Grandes y ahí estaba con otro par de amigos. Mi reacción: un tipo cualquiera comiendo pizza.

Sin embargo, en el instante en el que alguien usa su dedo índice para seleccionar en YoutTube alguna canción de CDC un viernes en la noche, mi reacción es la siguiente:

Mi amor por Caramelos de Cianuro va mucho más allá de la banda, involucra a toda la vibra rumbera de una chama de 15 años durante la década de los 2000 y llega hasta una veinteañera que conoce el amor en forma de una amiga intensa que canta borracha o incluso de un papá gruñón que vio a su hijita decir su primera grosería.

“El Instante Pasó”

“Mientras buscabas un poco de valor, la palabra adecuada, él se bajó del tren y tú mirabas callada. El instante pasó...solo una historia más”.

Los amores fugaces de metro son un requisito para habitar en una ciudad, en especial en Caracas, donde todo el mundo parece tener una proximidad un tanto preocupante con cualquier extraño. Es así, incluso nos llamamos entre nosotros “cariño”, “mi cielo”, “mi vida”.

Ese tipo de proximidad creí sentir cuando de repente veo a un “papi” (criatura excepcionalmente atractiva del género masculino) y no veo otra opción que lanzarle un beso a lo lejos. No iba a dejar que ese instante pasara, pues hay una probabilidad de -30% de que vea a ese papi de nuevo. Mi recompensa fue su cara de sorpresa que se encontró con mi cara de sorpresa y la cara de “¿qué c*ño te pasa?” de las amigas que estaban conmigo en ese vagón con dirección a Zona Rental.

Pues para mí, no fue “una historia” más. Espero que para él tampoco y ciertamente no lo fue para mis amigas, quienes pusieron a todo volumen la canción Caramelos de Cianuro a misma noche de los sucesos relatados.

“Las Estrellas”

“Entonces cuando pienso en el pasado, y en todo lo que me has dado, se esfumó el argumento con el cual me defiendo. Como cartas tus sorpresas en la mesa, son pequeños milagros cotidianos”.

Mi papá siempre fue una persona demasiado seria, del tipo de hombre con que todos los hombres evitan tratar como suegro. Incluso es posible de que sea una de las razones por las que nunca tuve novio de niña. Era eso o mis frenos y mi cabello aplastado.

Cuando me “gradué” de sexto grado y estaba lista para mi adolescencia y todo lo que implicaba, entre ellos: bachillerato, niños, maquillaje y bueno...groserías inevitables. Para celebrar, me llevó a conocer todas las plazas de Altamira y Chacao. En nuestro descanso me llevó al Wendy’s de Altamira, donde al botar la bandeja de comida, exclamé un “¡M*erdaaaaaaaa!” que escucharon probablemente en todas las plazas.

Aunque no se haya escuchado la música de CDC en todo ese momento, creo que la risa que soltó mi papá ahí fue un milagro cotidiano del que no nos hemos olvidado todavía.

“Verónica”

“Viendo hacia el pasado, has esperado demasiado y me sorprendo al darme cuenta que aún estás. Despiértame, Verónica al romper el día y hazme sentir la alegría de volverte a amar”.

No, sería demasiada coincidencia que tuviera una amiga Verónica a la que quiero demasiado y hasta tuviera alguna relación romántica. O al menos, no fui yo. Esta canción sonó en mi vida considerablemente tarde de acuerdo a su publicación en el álbum de Miss Mujerzuela del año 2000 de Caramelos de Cianuro.

Sonó en el 2016, cuando mi mejor amiga tuvo una fiebre con esa canción porque le recordaba a su amiga y primera novia Verónica. Una fiebre que yo más tarde tendría pero no por ninguna Verónica fantasma, sino por esa amiga a quien extrañé el peso de cuatro elefantes cuando peleamos por algo que ni siquiera recuerdo.

Fue raro cuando le dediqué esa canción porque aunque ella no se llamaba Verónica, sí fue la Verónica que todos merecen en su vida.

“Sanitarios”

“Te veo diez minutos en el fondo de los sanitarios, nuestro encuentro es justo y necesario. No soporto tenerte lejos, quiero hacértelo frente al espejo”.

Cualquiera que me conozca en persona sabe que no pasa mucho tiempo para que salga con alguna “romantiquería babosa”, porque soy de esas que llaman “maric*s” y tengo que hablar de amor en algún punto de cualquier conversación. Esta vez les contaré de mi primer amor, que tuvo lugar en mi primer trabajo, y en todo trabajo hay un baño.

En ese trabajo, el baño era el lugar predilecto para todos los encuentro románticos, sean intensos o puramente platónicos. El mío fue una mezcla de ambas porque no me rebajé a las costumbres niches y ordinarias de mis compañero de tener sexo en el baño, pero sí compartí unos cuantos besos apasionados con el chico más bello del trabajo.

La canción de sanitarios no sonó ni en una rumba de viernes en la noche, ni mucho menos en la radio de regreso a mi casa, pero sí gracias a la ocurrencia de ese niño que me la envió pocos minutos después de ese encuentro que aún recuerdo, con un poco de pena y orgullo a la vez.

Caramelos de Cianuro podrá tener una fan enclosetada dentro de mí, pero también tiene toda una generación de jóvenes nostálgicos y alegres por haber vivido una época no tan mala bajo la voz de Asier, y la música de “El Enano”, “El Ruso” y Darío.

Gracias, Caramelos, por el soundtrack de una de las mejores épocas de los venezolanos.