Margaritas Deshojadas: “y que solo nos gustan los ‘chick flicks’, ¿escuchaste?” - The Amaranta
No subestimen nuestro amor por el cine

¿No les ha pasado que un chamo las invita a salir al cine y ellos terminan comprando entradas para “El Amor Imposible que Derrumba Barreras...En París”?

Es lo más incómodo del mundo explicarle a un hombre que nos gustan las películas de carreras de autos a lo Rápido y Furioso (las primeras películas), las películas de Mad Max y por supuesto nunca pueden faltar las intensidades de Dan Brown y las malas (buenísimas) de los hermanos Wayans.

Sin embargo, ellos parecen convencidos de que a nosotras solo nos gustan las películas de Katherine Heigl y las de Sex and The City. Así que para desmentir todas esta mala fama que nos siguen construyendo alrededor, consulté con una amiga que sí era mi amiga y no tuve que pedirle a cuatrocientas personas que me contaran su historia, para variar.

Me rogó que no dijera su nombre, así que la llamaremos Tomasa Cruise. Ella estaba en un cine por Las Mercedes cuando se hartó de la mala selección de su novio para las películas. Prácticamente todo el cine la escuchó gritar “tú crees que yo vivo y respiro rosas, chocolates y la risita de Julia Roberts 24/7. No, vale, a ver si algún día nos haces el favor de comprar entradas a una película buena”.

Claro que su novio se molestó y la dejó sola, pero Tomasa no encontró arrepentimiento en sus gritos desquiciados. Una mujer que trabajaba en el cine logró escucharla (igual que otras 200 personas) y le contó uno de los secretos mejores guardados de la industria del cine.

Una mujer llamada Rosalinda Moviola, había creado una empresa que consistía en ubicar una sola sala de cine en todos los cines del mundo con un nombre que aún no me parece prudente publicar. En esas salas de cine, aceptaría gratis a todas las mujeres que necesitaran liberarse de sus novios idiotas que solo creen que a las mujeres nos gustan los típicos chick flicks.

Al parecer la única forma de sustento de ese cine es a través de los impuestos y las caridades que no tienen explicación. Solo “para la caridad”, ahí es de donde reciben tanta plata para haber mantenido la empresa por 30 años. Sí, ese cine lleva tanto tiempo y los hombres todavía no pillan la novedad.

Así que sigan el ejemplo de Tomasa, péguenle un grito a su novio en el cine y verán cómo una nueva puerta (en el cine) se les abrirá casi mágicamente. O bueno, no tienen que gritarle. Una vez que sepan en qué parte de su cine favorito queda la sala, por favor sigan donando para “la caridad” porque lo pobres y las mujeres que no pueden más lo necesitan.