Los efectos de los psicotrópicos... en mi.

No hard stuff.
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Creo que todos aquí hemos vivido (y sobrevivido) los efectos del alcohol. El efecto de cada uno de los licores cambia dependiendo de la situación, el ambiente y lo que esté pasando en nuestra vida personal.

Como yo lo veo, hay un tipo de alcohol para cada circunstancia porque cada uno nos hace sentir de manera distinta. En búsqueda de comprobar esta teoría, me tomé a mi misma como conejillo de indias a petición de mi editora Mots, y bebí algunos tipos de alcoholes para ver qué me hacían sentir.

Aquí mi experiencia.

Ron

Debo confesar que nunca he sido fanática del ron; me hace sentir como Jack Sparrow in a bad way. Sin embargo, para efectos del artículo, le pedí un amigo que me sirviera un trago light, o “de jevita”, como él lo fraseó.

Había leído en internet algo sobre cuando agregas Coca-Cola al alcohol, cambias la composición del trago y eso es lo que causa resaca. Hice mi mejor esfuerzo para olvidar eso durante los próximos 3 tragos (fue más fácil de lo que pensé).

Unos vasos después, me encontré en una zona de confianza máxima, era como si me hubiesen hecho el makeover de Betty La Fea.

Mientras estaba hablando con un tipo en una reunión, venían a mi mente respuestas tan pícaras que hasta la parte consciente de mi cerebro supo que era demasiado para una primera interacción. En este momento vino a mi mente algo que me dijo mi amiga Sofía hace un tiempo: “Es que cuando tomo ron me pongo como p*ta”. Ditto, Sof.

Después decidimos ir a un local. Pedí mojitos porque 1. Mi papá me dijo que nunca mezclara alcohol y 2. Tenía que seguir con mi reto de ron por lo restante de la noche.

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Ya entiendo por qué a todo el mundo le encanta tanto el ron: te pone feliz, sin estar demasiado acelerado; es refrescante, pero te calienta al mismo tiempo; y como dije antes, es lo más cerca que estuve a una inyección de confianza, o una pintura de labios roja.

Cerveza

Amo la cerveza. ¡Me encanta! No sé si es el gas, o el sabor ligero pero un poco amargo a la vez. Either way, sabía que me esperaba algo bueno en esta parte del reto.

El único problema con la cerveza es que necesita de un buen ambiente para ser disfrutada al máximo, así que me dirigí al lugar donde el espectáculo estaría en sintonía con mi estado eufórico: el estadio.

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Algo que me encanta de la cerveza es que no tiene ciencia. No necesitas saborearla en el paladar o pretender que le estás analizando su “viscosidad”, como al vino. Simplemente te consigues una bien fría y bottoms up.

Si hay algo que es cierto es que uno entra al estadio siendo una persona, y después de 6 cervezas te conviertes en otra: eres chévere (como decimos por acá), el alma de la fiesta. Es aquí cuando uno empieza a entender a Homero Simpson y su amor por Duff Beer.

Como no bebí suficiente en el estadio, me fui al segundo lugar dentro de mis alrededores con más cerveza: La Colonia Tovar.

Aquí no solo disfruté de esta bebida excelente, sino que además probé cuanta variedad se me ofreciera.

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“That’s the life”, pensé hacia mis adentros cuando disfruté de una cachapa y una Dunkel Tovar helada.

Vino

Sé que acabo de decir que la cerveza es fácil y buena, pero debo confesar que el vino está entre mis bebidas favoritas. Aunque sí, es más trabajoso, yo disfruto de él.

El vino tiene tres efectos particulares en mi: Primero, sale la mujer pseudo intelectual y refinada que sabe sobre vino (solo sé diferenciar un Malbec de un Merlot, that’s about it), con cierto parecido a Olivia Pope y con un apetito para conversaciones interesantes; segundo (esto viene unas copas después), me da un calor infernal y me olvido de la chaqueta de traje; tercero, me pongo emocional. Trust me, así no lo vean, por dentro estoy evaluando todas las decisiones que hice y por qué las hice. 

Sí, esto es un mason jar/copa de vino cortesía de mi very trendy friend, Isa.

Sí, esto es un mason jar/copa de vino cortesía de mi very trendy friend, Isa.

Whisky

El ceño fruncido de mi papá no bajó por toda la velada, pero bueno, esto es para el trabajo... ¿no?

El whisky (al cual empecé a decirle “whiskysito” para entrar en el personaje) me pareció una bebida refinada, adulta, ligeramente imponente e inmensamente aburrida. No es que sea fan de las bebidas azules con sabor a remedio para el dolor de barriga, pero el whisky me pareció un sabor tan blando que me aburrí de beberlo después de un rato. Entiendo el placer de tomarlo después de un día largo de trabajo después de cumplir los 35, pero mientras tanto, me quedaré con cualquiera de los otros tragos (excepto el aguardiente).

Eso sí, me fui a dormir como un bebé.

Aguardiente

No había planeado incluir el aguardiente en este experimento, pero nuestros coworkers de Colombia no estuvieron de acuerdo por la idea, y me introdujeron por primera vez al “guaro” como lo llaman ellos.

Ya entiendo por qué cada cuento desastroso que he escuchado empieza con “estábamos tomando aguardiente”. Este el tipo de licor que solo puedes tomar en shots con ganas de emborracharte. Punto.

Para describir el sabor, Juan Pablo (nuestro experto en "all things data" y el manejo de tecnología que ni en mis sueños me veo entendiendo) me explicó que “baja pero quema”, y efectivamente fue así. Tiene un sabor más amargo que el del vodka, pero la consistencia es parecida.

Como tuve el sentimiento de que iba a despertar desnuda en una tumbona en la playa, decidí no tomar más del aguardiente que tan ávidamente tomaban mis compañeros.

Champaña

Obviamente tomé champaña en exceso en Año Nuevo.

Si hay algo cierto, es que es el perfecto acompañante para cualquier festejo por ser burbujosa, refrescante y solo tomarse en situaciones especiales.

(Juro que nunca he visto a nadie de mal humor mientras toma champaña.)

El efecto que tuvo en mí fue bastante similar a años anteriores: me sentí feliz, con suficiente confianza como para bailar el “Shaky Shaky” de Daddy Yankee (la coreografía del video, sí), pensar que soy la mejor bailarina de salsa y quedarme en un estado de rumba contínua hasta las 8:30 de la mañana.

Claro, cuando te despiertas después entiendes por qué dicen que la champaña te quita la alegría del día siguiente.

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Mezclote

Les voy a ser sincera, no necesito volver a mezclar alcohol para este experimento porque ya aprendí mi lección el Año Nuevo pasado y puedo relatar mi experiencia de aquella fecha: Todo va bien cuando le has sido fiel al trago que tienes en la mano, pero cuando viene un amigo con guarapita gratis, es difícil decir que no.

Verán, como muchos deben saber, la guarapita en sí es un mezclote, por lo cual la reacción química en el hígado es mala de cajón. Obviamente con “Noche de Entierro” sonando a todo volúmen y los fuegos artificiales no me dio tiempo de pensar en eso.

Lo cierto es, que media hora más tarde pusieron salsa y el mundo daba más vueltas de las que debería. Bailé reggeatón con un hombre que tenía novia (oops), me sentí mal, me fui al baño y el resto es historia.

Never doing that again.

... Jajajajaja, ¿se recuerdan cuando no tomé por 5 meses?