Momentos de una caraqueña que fueron definidos por Los Amigos Invisibles

Todas fuimos La Vecina de alguien.
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El Nacional

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Desde 1991, Venezuela se convirtió en el anfiteatro del funk y de la gozadera hecha música. Sin embargo, el boom que causaron seis panas le pegó más a la generación de los treintañeros que al escuchar a Los Amigos Invisibles, piensan en sus rumbas milenarias y de cuando estuvieron de fiesta con alguno de ellos a principio de los 00.

Por otro lado estaba yo, una chica nacida en el 96. Debo admitir que no estuve ahí para verlos volverse en los crush de todas las caraqueñas. A pesar de eso, ellos sí estuvieron en mi vida, y bastante, lo suficiente para crecer y convertirme en una de esas caraqueñas enamoradas. Pues formaron parte de mi cotidianidad en los 21 años que llevo con el Ávila como norte.

Pero como pasa a menudo, lo que ya forma parte de tu día a día difícilmente lo notas hasta que alguien te lo nombra. Y es entonces cuando prestas atención y lo ves en todas partes.

Después de caer en cuenta, los empecé a escuchar en todos los lugares, y casi siempre. Enciendo la radio en la mañana y ahí están ellos, voy a la panadería y me encuentro con ellos, voy al teatro y ahí están mis Amigos Invisibles sonando de fondo antes de comenzar la obra. Es inevitable.

Eso fue hace casi seis meses, cuando un amigo mío me mencionó la nueva canción que habían sacado Los Amigos Invisibles llamada “Dame el Mambo”, y entonces me di cuenta.

Un fun fact es que este “amigo” en realidad me estaba “echando lo perros” (cortejándome) al momento de recomendarme esta canción. Sería la vez más reciente que “los amigos” fueran los protagonistas de algún episodio de mi vida.

Las demás partes están regadas por mi vida de la forma más desordenada capaz. Sin embargo, los pondré en orden para ustedes. Cabe destacar que ignoraba los mensajes ocultos de sus canciones hasta los quince años, así que disculpen mi inocencia.

Parte I: La nueva vecina

“Anda mi linda vecina/ Yo se que estas divina/ Todo por ti yo lo hiciera/ Si tu me lo pidieras (ooh, si)”

Tenía seis años. Las comiquitas y jugar demasiado con Barbies me convenció de que era toda una mujer. Claro, eran las vacaciones antes de empezar primer grado, tenía que estar a la altura de cualquier desafío que se me presentara. Entre ellos, me encontré mi nuevo vecino del piso de arriba.

Era alto, de ojos verdes y sin una pizca del drogadicto que parece hoy en día. Entre estos momentos rogaba ser su vecina. Así que bajaba al patio (donde todos los niños de los vecinos se reunían a jugar en momentos de ocio) con las faldas con más flores que encontrara, usando el perfume de mi mamá. Claro que el niño no me miró ni dos segundos cuando me hizo su nueva víctima de bullying. Siempre que bajaba, me quitaba mi pelota para sacarle el aire. Fue entonces que renuncié a jugar con los demás niños y de convertirme en su vecina, pues él ya había dejado de ser el mío.

Parte II: Cuchi Cuchi

“Mira nena linda ven que yo te cuento un cuento/ Cuchi-Cuchi baby! Cuchi-Cuchi baby!”

Todas las chicas recuerdan esa extraña época en la que de repente notaron un cambio en las miradas de los chicos que les pasaban por al lado. Yo tenía trece años cuando en todas partes a las que iba siempre había un baboso diciéndome algún piropo barato al oído.

Sin querer, la madre naturaleza me había convertido en una cuchi cuchi. Y, pobrecita, no tenía idea de lo que me esperaba a los 20.

Parte III: Stay

“Just stay, stay, stay a little longer (just stay)/ There's a world out there that never made it through your eyes”

Durante mi adolescencia, esa coquetería que tanto me caracterizaba se había ido de viaje, pero llegó a los 19 años y reafirmó su autoridad durante mi primer noviazgo. Uno dramático pero con un final feliz. Fue mi primer beso, mi primera agarrada de manos... pero no funcionó. Creímos que por ser “panas” podíamos funcionar como pareja, sin embargo ese no fue el caso porque éramos demasiado distintos.

Así que, ¿por qué no seguir como amigos?

Cualquiera que lo haya intentado sabe lo difícil y en ocasiones imposible resulta este plan. Pero lo intentamos, por tener un buen cuento y porque el afán a la normalidad. Después de lo que fue una guerra civil entre nuestro grupo de amigos, logramos quedarnos el uno para el otro.

Excepto cuando el p*ndejo nos deja plantados para tirar con su novia. Entonces ese no es amigo de nadie.

Parte IV: Óyeme Nena

“Óyeme nena, sigo pensando que sí vale la pena/ Y esto que siento sigue vivo en mis venas/ Y he decidido no sufrir la condena no no no no de no tenerte cerca”

Una vez fracasada esa y otra relación, no creí mucho en todos los cuentos de los abuelos ni de los estafadores de Disney. Así que me convertí en una emperdernida de ser un “espíritu libre” a lo “independiente y sin necesidad de un tipo en mi vida”.

Cosa que de alguna forma, me obligó a hacerle una mala jugada a quien sería hoy mi novio. Pero después de un óyeme nena, varias cosas resultaron bien...por fin. Lo que nos lleva a la última parte.

Parte V: Caliente

“Ve como lo mueve esa chiquita, ella está caliente/ Suelta la cadera y la cintura, ella está caliente”

Aunque ya era hora que la parte morbosa de “los amigos” tuviera algo que ver en este punto de mi vida, no creo que tenga que explicarla mucho… Sin embargo, esa gozadera que tanto cantan en sus canciones no hace falta narrarla, pues ya es algo que corre por nuestras venas.

Gracias, Amigos Invisibles por el soundtrack de una vida. Vamos por más.

Y por cierto, nunca “le di el mambo” a ese “amigo”.