La mejor serie que he visto este año

De nuevo frente a una serie que aparentemente ha visto todo el mundo menos yo.

The Handmaid’s Tale ha sido tan aclamada por la crítica como Game of Thrones, Breaking Bad, Westworld o Big Little Lies.

(De las nombradas, cabe acotar solo he visto una, tras un largo y esclavizante régimen de binge watching para llegar a tiempo a la sexta temporada).

Parece ser que siempre soy la última en enterarme de las series de moda y por consecuencia me suelo atapusar una temporada entera en tres días para luego escribir un artículo reseñándola, justo antes del estreno de la próxima.

Entonces, henos aquí, con ojeras, queriendo asesinar con un cuchillo de mantequilla a mi editora y con demasiadas cosas que decir sobre la increíble serie que acabo de terminar y poco tiempo antes de que mi madre entre al cuarto en tono “¿Tú no tienes clase mañana? te deberías acostar temprano”. ¡Dios, cómo odio/amo volverme adicta a los productos de Hollywood!

The Handmaid’s Tale es una serie de Hulu (sí, el otro servicio de streaming que suena como Netflix niche), basada en el libro Margaret Atwood quien redactó esta novela tres décadas atrás en Berlín cuando el muro todavía estaba en pie.

Como se podrán imaginar considerando el contexto en el que fue escrito el libro, la serie no trata particularmente de temas ligeros, tramas en color pastel ni risas de niños inocentes. De hecho es todo lo contrario.

Sabía que el tema rondaba las calles del feminismo y tenía varias paradas en las estaciones “Abajo el Machismo” y “Los-Extremos-no-Sirven-Para-Nada Sur.”, sin embargo nunca esperé toparme con el ladrillo estomacal y mental que se te va creando en el cuerpo a medida que te adentras más en la serie y vas descubriendo sus personajes.

Ver relacionados:

‘Seven Seconds’ es la serie más 2018 del 2018

The OA’ nos dejó con más preguntas que respuestas

La historia gira entorno a June o mejor dicho Ofred (nombre asignado a las Handmaids dependiendo de la familia en la que están), quien se encuentra prisionera en una ciudad religiosa y fanática. Resulta que el mundo se quedó sin mujeres fértiles y nuestra protagonista siendo una de las pocas personas que todavía puede tener hijos, termina siendo raptada por el Estado norteamericano, que después de un golpe religioso, queda al mando de una secta con valores demasiado tradicionales y creencias radicales.

Claro está que a Ofred no la raptan particularmente para que baile tap o aprenda portugués, su rol en esta sociedad utópica y distópica al mismo tiempo, es servir de vientre para las mujeres infértiles de la alta sociedad y sus maridos poderosos.

Desde un adiestramiento basado en miedo, hasta brutales escenarios de violación mecánica con excusas bíblicas, cada cuadro y capítulo de The Handmaid’s Tale va descubriendo una historia de personas valientes, tratando de mantenerse a flote en un mundo que contado en un par de párrafos, no parece tener sentido.

Suena como una película de terror, y es que la parte que más da miedo es cuando terminas un capítulo y en ese limbo de ojos cerrados y la espera de caer dormida, empiezas a razonar que por más absurdo que suene el Gillied (el pueblo en el que está cautiva June), todas las atrocidades que acabas de ver, toman lugar en el mundo en el que vives.

Aunt Lydia, una de las arpías que se encarga de adiestrar a las Handmaids que raptan para servir como ganado, dice al principio de la serie lo siguiente:

“Puede que todo esto no les parezca muy ordinario ahora, pero después de un tiempo sí lo será. Esto será lo ordinario”.

Una frase que me atormentó casi por la misma cantidad de tiempo que cuando me dijeron que el celular puede tener más bacterias que un baño público.

Ambos descubrimientos asquerosos y atemorizantes.

Es revelador pensar que después de un tiempo nos vamos acostumbrando a situaciones espantosas, crímenes inéditos y atropellos cuando pasan un proceso de “normalización”. Esto es lo que hace The Handmaid’s Tale, mostrarte de la manera más fotográficamente impactante, lo brutal que puede ser el mundo con la gente.

La actuación de Elisabeth Moss, quien interpreta a June, es impresionante porque su personaje está controlado por la sociedad hasta en lo que dice (especialmente en lo que dice) y por eso actúa con todo su cuerpo hasta darte en la madre y romperte el corazón.

Los temas de la serie sacan a la luz lo más oscuro de la violencia de género, la homofobia, el fanatismo, el tráfico de mujeres, campos de concentración, imigrantes, secuestro, violaciones, guerra, protestas, acoso sexual, agresión física y emocional, homicidio, suicidio, prostitución y racionamiento de alimentos, solo para nombrar unos pocos. Todos tópicos que desde una escala local hasta global, son vigentes.

Aunque suene como una mala indigestión ver un capítulo de la serie, ver evolucionar a June y su lucha por mantener la cabeza firme en todo el caos te deja siempre en expectativa. Uno nunca está demasiado segura si va a acabar con su vida, entregarse al sistema o revelarse por completo a lo Katniss Everdeen (sí, metí a Hunger Games en este rollo, porque me gusta y puedo).

El último episodio de la primera temporada es de los mejores que he visto en mucho tiempo y no puedo esperar para ver el 25 de abril cómo derrumban ese maldito pueblo Walking Dead style.

Les cuento cuando vea Breaking Bad.